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La imaginación y la libertad de mente es algo que Ámbar aprecia mucho de sí.

Una mirada hacia el mundo real quizá la atraiga tanto como sus libros.

La duda, la perspicacia y la paciencia se harán presentes a la hora de tomar una decisión.

De paraíso ese lugar no tenía nada; ha de ser por eso la necesidad de salir de allí y acabar con su locura.

La duda, la perspicacia, la paciencia y la valentía se harán presentes a la hora de tomar una decisión.

¿Los mundos paralelos existen, o solo son una ilusión de lo que queremos ver?

Capítulo I - Llegando a DestinoEditar

Las miradas de algunos transeúntes del lugar, rodeado de tiendas típicas de un puerto, se dirigieron hacia una muchacha que acababa de adentrarse al pueblo. Ella no pareció darse cuenta, ya que estaba emocionada por su reciente viaje.

La cola de caballo que sostenía su largo cabello castaño se paseaba de un lado al otro al compás de una tranquila caminata. Observaba las tiendas y sus carteles, esperando que algo llamase su atención. Sus ojos de color miel se posaron en un puesto con poca gente, pero muy llamativo. Tenía diversos objetos de distinto tamaño y color colgando de finas cuerdas blancas y otros apoyados en el algún lugar libre.

Cuando los demás clientes desaparecieron en las calles con las manos vacías, el vendedor posó su vista en la mujer, que según sus rasgos era bastante joven. El hombre tenía el cabello castaño, un poco más oscuro que el de ella, pero con toques claros.

-Buenos días muchacha, ¿Buscando algún arma?

-¿Arma? Disculpe, buenos días señor

-Así es. La gente de por aquí no se cree que algún día estos artilugios podrán salvarlos de cosas espantosas.

La chica meditó un poco, con sus finos dedos en su barbilla.

-¿Así que si me llevo una de estas armas podré combatir contra cosas espantosas? El vendedor meditó un poco acerca de esa mujer. No lo estaba diciendo en broma, al parecer se tomaba en serio cada una de las pocas palabras que él le decía.

-De las bestias.

-¿Bestias?

El hombre, que llevaba un capa negra algo sucia, interrogó las facciones de la persona que tenía delante. Valdría la pena gastar saliva.

-¿Nunca ha escuchado hablar de ellas, verdad?- Ella negó con la cabeza, haciendo la ver algo infantil pero interesada- Las bestias son aquellos seres que se encuentran aquí- Tocó con su dedo índice la frente de la muchacha, quien miró hacia allí.- Y aquí- Su dedo bajó hasta el pecho de la mujer, señalando el corazón- Solo algunas personas pueden verlos; pero no por eso pueden considerarse necesariamente afortunadas. Las bestias tienen presas definidas; Algunas les atraen más que otras. Ellos tienden a atacar a las personas de alma pura, pero se pueden conformar con cualquier persona. Es cuestión de gustos. La chica de cabellos castaños se quedó observando al señor, quien tenía unos bonitos ojos azules.

-Pero... ¿Cómo se donde están? ¿Cómo puedo distinguirlos? Es decir, ¿Cómo son?

-Eso no te lo puedo decir, pequeña. Déjalo como una sorpresa.- El hombre le sonrió mientras cerraba los ojos.- Entonces, como me has agradado, elige un arma, para ti es gratis.

La joven le miró estupefacta, pero luego le dirigió una gran y radiante sonrisa, que él devolvió del mismo modo. Comenzó a mirar hacia su alrededor. Habían muchas, muchas armas. Un arco captó su mirada. Éste era de un color plateado, pero no podía distinguir el material. Tenía unos toques de verde agua en algunos costados, pero no resaltaban mucho. El hombre se dio cuenta de la mirada de la muchacha, y aclarándose la garganta le preguntó si quería ese. Titubeó un poco al responder, pero la sensación se desvaneció al instante.

Instantes después recibió el arco con un conjunto de flechas marrones.

-Que disfrute de su arco, señorita.

-Muchas gracias, señor. ¿Podría saber su nombre?

-Mi nombre es Hassan, Fesmir Hassan. Un gusto.- Dijo mientras extendía su mano, que recibió con gusto.

-El placer es mío. Limbet Ámbar.

-Bueno, Ámbar, espero verla algún día pasarse por aquí de nuevo.

-Igualmente, Hassan. Estos días permaneceré por aquí, así que seguramente pase de nuevo.

-¿Estos días?- Ámbar asintió- Así que se irá de aquí, ¿Verdad?

-Así es, pienso ir a visitar muchos lugares. Muchos.

-De ser así, cuídese. Que su travesía no sea muy dura.

Rió un poco ante ese comentario y tomó el arco con las flechas. Como su espalda estaba ocupada por su pesada mochila, mantuvo el arco enganchado a su cinturón y al arco en sus manos. Se despidió de Hassan extendiendo su mano y agitándola, haciéndola ver de nuevo un poco infantil.

La verdad era esa, hasta el lo había mencionado tácitamente. No iba a ser fácil.

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