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Ciudad en Llamas
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Saga Ciudad en Llamas
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Abrir los ojos y encontrar que has dormido durante la tarde y esta anocheciendo es, para algunos, pesado. Para Robert Darrel lo era verdaderamente. Se despertó y reviso que la siesta casual se le pasó del tiempo y sentía como si horas y horas hubieran pasado desde que se acostó.

-“Mierda, se me ha ido el día” – pensó.

Se levanto de la cama matrimonial sin desarreglar y aplano unas arrugas que hizo por los movimientos. Dio vuelta a la almohada después de comprobar un pequeño charco de saliva y cogió las llaves del buro junto a su teléfono celular. No sabía a dónde iba, quizás ir al bar del edificio y tomar una cerveza mientras veía a quién hablar.

De repente una voz potente, tanto que hizo temblar la tierra, se escucho.

-¡¡ESTOY TRAS LAS REJAS!!

El retumbe, como de temblor, hizo tambalear a Robert, el cual se precipito a la ventana a ver que era lo que sucedía en la calle. Afuera, la extraña luz anaranjada del sol bañaba las calles en las que no había ni una sola alma.

-“¿Qué carajos?” – pensó, cada momento más asustado.

Las paredes se resquebrajaron y se movió automáticamente, sin pensarlo, a otro sitio para evitar unos escombros que fácilmente pudieron matarlo. La misma voz potente se escucho y la reconoció. Era de su amigo Kevin Hernández, un prisionero de Ciudad en Llamas.

Las paredes y el tejado terminaron de caer y de repente solamente su piso, lleno de escombros, era lo que lo protegía de una llanura con humaredas del tamaño de chimeneas industriales y algunas llamaradas. A lo lejos, en un círculo, se veían cerros que circundaban todo en un diámetro de al menos 80 kilómetros.

-¡Hola! ¡¿Hay alguien aquí?! – pregunto al viento Robert.

Una ráfaga de aire le respondió, y después el crepitar de las llamas era lo único que se escuchaba.

Camino en ninguna dirección, simplemente tratar de encontrar algo más pero no había ni un triste indicador del escape de ese terrible y caliente lugar, un lugar de pesadilla. De repente lo vio. Un pedazo de suelo diferente, a no era suelo con pasto seco y quemado sino un cuadrado de metro y medio de ancho por dos y medio de largo. Camino inconscientemente a ese lugar mientras una nube tenebrosa de humo se formaba para apagar el sol y la única luz eran las llamas.

El piso era una losa gris sin ningún otro detalle. De repente en las orillas aparecieron barras metálicas que alcanzaron una altura de 4 metros. Robert no cabía entre ellas y no podía escalarlas debido a ser totalmente cilíndricas y lisas. Miro arriba y vio que desde la nube de humo caía un objeto a gran velocidad, una losa del mismo tamaño que donde estaba parado. Si caía lo aplastaría, sin importar los barrotes.

Hizo un esfuerzo sobrehumano por salirse, por escapar, por meter su cabeza entre los barrotes, pero no hubo ninguna oportunidad. Miro de nuevo arriba y la losa se estrello con los barrotes. El suelo retumbo como si el martillo de un dios lo golpeara. Los barrotes no se dañaron, siguieron igual, no cambiaron para nada. La losa que cayó se acomodó perfectamente como un tejado.

-¿Qué diablos?

Robert estaba cada vez más nervioso sobre esos extraños sucesos. Al parecer estaba encarcelado.

Intento mover los barrotes pero estaban rellenos de cemento, eran imposibles doblar, estaba en una celda parecida a las de Ciudad en Llamas. Grito pero nadie le respondió.

El suelo se empezó a caer, dejando boquetes a una caída sin fondo visible. Se agarró fuerte a los barrotes cuando su tramo se derrumbo pero ni así pudo salvarse de la caída. Los hombros y brazos en general se le cansaron, se le tensaron, y se soltó…

Robert brinco en la cama.

La pesadilla la sintió tan vivida.

Siguió acostado, temblando dé la impresión. A los minutos se levanto, observando que eran las 8 de la mañana en su reloj digital junto a la televisión de la recámara. El despertador de su celular y su costumbre lo ayudaban a levantarse. Apenas se sentó en el borde de la cama tomo entero el vaso de agua del buro. Lo siguiente era meterse a la ducha.

Sin ropa fue abrir la regadera y dejo que el agua se calentara mientras recogía sus prendas: Camiseta interior, calcetines de algodón blancos, bóxer, camisa de manga larga blanca, pantalones de pinza cafés y zapatos marca in moda color negro. Prendió el estéreo Sony a volumen adecuado y escuchaba canciones de los Red Hot Chilli Peppers mientras se duchaba. Unos minutos después, seco, comenzó a vestirse. Fue a por las llaves en el guardarropa de cajón y al observarlas observo una foto enmarcada de 1999 en la cual Robert posaba sentado en una piedra en la playa junto a su amigo Miguel Franco. Miguel iba rapado a cero mientras que Robert lucía una cabellera larga y oscura. El Robert actual se tocó la cabeza. Era un peinado normal, peinado hacia arriba-adelante estilo juvenil pero con entradas moderadas a los lados de la cabeza. Eso sí, el Robert actual no tenía que envidiarle el cuerpo a su yo de 18 años. El actual era fornido, bastante fuerte.

-Hace tanto tiempo. – dijo en voz alta Robert y agarro la fotografía.

La imagen los mostraba abrazándose como amigos, ambos de playera blanca y lentes de sol, shorts de mezclilla para Miguel y shorts beige para Robert. El primero con chancletas y Robert con converse. Odiaba enseñar los pies, inclusive en la arena de la playa. El fondo era un mar cristalino con una ola reventando. Después la sonrisa se le desapareció por un momento triste. Quién tomo esa fotografía fue su ex novia Fernanda, la cual le duro desde ese año hasta 2006. Con ese recuerdo bajo la fotografía enmarcada y se fue de la recámara.

Al llegar a la cocina observo por la ventana su pequeño patio, con una modesta alberca de unos pocos metros y el garaje donde guardaba su Chevy Pop blanco. Lo usaba pocas veces para ir al trabajo, para eso prefería usar el sistema de metro urbano de la Autoridad de Transporte de Castillo Francés. Siempre era pagar $2.50 asduros por un viaje de algunos minutos, pero estaba justificado, era al menos la ruta más segura de la ciudad en metro.

Fue al refrigerador y lo abrió repasando mentalmente que era lo que suponía encontrar ¿Pizza? ¿Comida cantonesa del restaurante de la plaza comercial? ¿Jugo? No había nada de eso, solamente bistec en chile de tomate que cocino ayer. No se le apetecía, mejor esperaba para comprar en Donas Rossek un almuerzo.

Todavía mirando por la ventana Robert se pregunto que le deparaba el día.

Lo que no sabía era que ese día cambiaría su vida, y antes de terminar, se encontraría en una situación totalmente difícil de predecir.

El puzle del cadáver Editar

El rocío del mar que rodeaba toda la isla donde se asentaba la Penitenciaria de Máxima Seguridad Kiedis, mejor conocido por su infame nombre “Ciudad en Llamas”, entraba por los recovecos que se lo permitían.

Algunos presos, sobretodo el ex nadador olímpico cuyo código era HS928565, les molestaba no poder salir a nadar al mar abierto y conformarse con la fosa con agua calentada por el sol y el clima que tenían en el patio y permitían en muy pocas ocasiones. Los guardias se burlaban de ellos ¿Acaso no habían hecho suficiente daño como para entrar a nadar un momento? Nadie lo hacía en mar abierto.

Cristian Romo, un sargento de guardia y encargada de la sección K corría junto a uno de sus hombres por el pasillo superior y luego doblaba de forma brusca para bajar por una escalera de metal hasta el nivel del suelo. A dónde iba era custodiado por 5 guardias, que se alejaban de unos metros del cadáver que custodiaban. Al llegar señalo al guardia Gouyer con su dedo índice y lo atrajo a él.

-¿Cuánto lleva, Gouyer?

El guardia Gouyer, un poco más alto que su superior Romo y moreno, se puso la mano en la barbilla en actitud pensativa y luego respondió.

-Diría que unos 20 minutos, mientras los presos de la zona K siguen fuera. Al parecer el fiambre iba a las regaderas, ya sabes, una forma de refrescarse con este calor, y fue asesinado.

Cristian se quedo pensativo.

-¿Usar las regaderas para el calor? Sabes que los presos no pueden bañarse sin la autorización. Y aun así ya no sigues en una prisión de mediana seguridad, ésta es la de mayor seguridad en el país. El fiambre se tuvo que colar.

Gouyer asintió y continúo la nueva teoría.

-Perfecto. Se cuela no sé cómo, llega aquí y encuentra a un guardia que le dispara y por la conmoción que tiene cae desde 16 metros hasta aquí.

-Podría ser, la verdad: Escapa, viene acá y le disparan… - Cristian se queda callado y después pregunta: - ¿Le dispararon?

-Sí, sargento. Un tiro en la frente, fue allá arriba ya que muchas gotas de sangre y pedazos de cerebro quedaron esparcidos de forma anormal, cosa de la caída.

Cristian Romo se adelanta y se planta junto al cadáver. Mientras lo observa uno de los guardias menciona que los prisioneros están prontos a volver a sus celdas y podría ser algo malo que observaran a uno de ellos muerto de forma brutal. Cogió su radio y comunico que necesitaba limpiar la escena de un crimen, que los de la zona K los llevaran por otra parte a las celdas y los que pudieran ver esto los dejaran más tiempo en el patio.

En dos minutos llego el enfermero en jefe Germán Olevia junto a un ayudante enfermero y reviso el cadáver, una prueba mientras llegaban los de la Oficina Forense para el examen exhaustivo. El doctor Olevia hizo algunas anotaciones en su cuadernillo y después se levanto para decirle los datos preliminares a Cristian Romo.

-Sargento, me alegra verlo. – Se saludaron estrechando la mano.

-Igualmente doctor Olevia. Dígame ¿Qué es lo que tenemos aquí?

-Varón de 32 años, de nombre Kevin Hernández, cabello negro en melena y barba de candado, sin canas, altura de 1.79 metros; disparo en el cráneo que fracturo el hueso frontal, destrozo el cerebro y provoca hemorragia interna y salió por detrás con apenas unos milímetros abajo. La caída le fracturo la espalda, 3 costillas y el coxis quedo destrozado, además de romperle aún más el cráneo occipital. Estaba muerto antes de la caída. Por cierto sargento, fue tiroteado justo en la orilla del pasillo, en la barandilla, lo que lo llevo. Fue bala de una pistola de mano, probablemente MK23.

Cristian asintió y susurró un “gracias” mientras pensaba en el estado de la MK23 responsable del asesinato. Muy pocos portaban MK23, menos de un cuarto de los guardias, y eran en las zonas menos pobladas (Q, X, W y Y) y todos estaban lejos de la zona K, ni siquiera era probable que uno de ellos viniera a parar acá. Y lo peor: Si un guardia se veía en la necesidad de disparar debía avisar en caso de causar una baja. Nadie lo reporto, nadie escucho.

Cristian miro a sus hombres que custodiaban y les dio nuevas órdenes:

-Oficiales, cuiden la zona, asistan al doctor Olevia, túrnense entre parejas para patrullar la zona. Gouyer, tú y alguno de tus compañeros acompañen al enfermero asistente al pasillo donde se cometió el asesinato para recabar información. Tengo que ir hablar con el gobernador de la prisión.

El sargento Romo camino derecho a la oficina del gobernador, estresado y preocupado por la situación ¿Un asesinato en Ciudad en Llamas, la prisión más segura de Asteria? Fue hasta el final del pasillo y cogió el ascensor. Los nervios lo hacían peinarse el cabello hacia atrás repetidamente, inclusive llamo la atención de otros guardias que patrullaban el pasillo superior, donde se encontraba la oficina del gobernador.

Por fin llego. Tocó, más como una forma de prevenirse si el gobernador estaba enojado que como una cortesía. Cuando escucho la voz que le decía en forma sorprendentemente calmada “Entra” fue que dio vuelta al pomo de la puerta y se planto frente al escritorio del gobernador.

-Gobernador Essex, he ido a mirar yo mismo la situación que han mencionado. Afirmativo, hay un cadáver, víctima de una muerte violenta. El doctor Olevia ya ha hecho la revisión preliminar, ahora solo necesitamos a los de la Oficina Forense.

El gobernador Michael Essex miro conmocionado a Cristian y se levanto de su silla, para asomarse por la ventana trasera al océano pacífico. Un agua azul oscuro reflejaba la luz resplandeciente de la mañana soleada. Era la actitud que tomaba cuando estaba pensativo.

-¿Un interno? – fue lo único que pregunto.

-¿Mande? Ah, sí, exacto, un interno fue asesinado. Probablemente por un guardia.

El gobernador Essex se giro y miro directamente en los ojos a Cristian. Una expresión combinada de haber sido defraudado y nerviosismo se notaba en la penetrante mirada del corpulento y calvo gobernador. Levanto el auricular del teléfono conectado a las radios de la prisión y marco un número de 4 cifras. Cuando le contestaron simplemente dijo “Soy el gobernador. Ven a mi oficina rápido.”

-¿Señor sus órdenes? – pregunto Cristian.

-He llamado a tu hermana, sargento, juntos van a revisar toda la celda de Hernández. Busquen todo lo que puedan, no quiero ninguna sorpresa más. Espere a su hermana.

Cristian aguanto en la puerta y justo cuando entro su hermana Adriana, una mujer de 26 años de estatura mediana, cabello negro largo y cuerpo delicado debajo de la rudimentaria de guardia, fueron juntos a revisar la celda de Kevin Hernández. En el camino Cristian le iba actualizando sobre el asunto del asesinato del interno KH662312, el código de Kevin.

-Aquí es, la penúltima del final. – le advirtió Cristian a su hermana.

-Muy bien. Entremos. ¿Pero qué de…?

Ambos se quedaron asombrados. La celda, en el día anterior normal aunque con los pocos arreglos personales permitidos, ahora era un cubículo con miles de números en las cuatro paredes. No eran todos iguales, inclusive una de las paredes no tenía números sino que únicamente con marcador negro grabado perfectamente era una frase escrita. Eso sí, seguía pareciendo un puzle.

Una pared tenía un asterisco gigante que abarcaba la mayor parte de ella, pero era un asterisco doble, 12 puntas en lugar de 6, con un 0 en el centro y de allí desprendiéndose en números ascendentes hacia sus lados. Otra pared era una numeración aleatoria que abarcaba la pared entera. La siguiente pared llevaba la frase puzle que rezaba “El falso que conoció al otro falso en El Conde de Montecristo” y al final otra pared con números aleatorios solo que encima y debajo de la pared tenía unas enormes rayas rojas.

-¿Qué es esto? – pregunto Cristian.

-Al parecer un puzle. – le respondió Adriana como si eso fuera evidente.

Cristian toco la pared y noto que estaba seco, fue hecho horas antes.

-¿Hernández sabía que moriría? – inquirió Cristian

-Sí, e hizo todo esto. – contesto Adriana, pero era una respuesta en tono de burla.

Cristian la miro y después dijo:

-Lo digo en serio Adriana, mira todo esto: Un par de numeraciones aleatorias, un asterisco de números y el tal “falso del Conde de Montecristo”

-Pero es algo bastante extraño. Si Kevin siguiera vivo y encontráramos esto ¿Nos lo explicaría a la fuerza, no? No le servía de nada.

-Es una teoría… - Cristian miro el piso, algo que no miraron a la poca importancia normal, y después vio que existía un último mensaje, era un mensaje, no un puzle.

Robert Darrel es el único que lo entenderá.”

Investigación en Ciudad en Llamas Editar

Robert subió al tren de la línea BS a las 9:30 de la mañana en la Estación Milenio, a 2 manzanas de su casa, en la calle Ellroy. Ese día empezó raro ya que el boleto que compro no se lo vendió la señorita Missey, la pelirroja de lentes, la normal, sino un remplazo que era una mujer más joven pero obesa y con mala cara ¿Estaría cubriendo doble turno? Eso no lo sabía. La Estación Milenio era sobre la calle, así que desde la ventana del asiento elegido observaba las calles circundantes del distrito Monteverde. Casas de tamaño parecido después de la construcción de Monteverde por el Fondo de Asistencia Ciudadana de Vivienda, el FACIV, para trabajadores de la Seguridad Nacional De Asteria destacados del estado de Aecom. Diferentes calles con filas de casas pintadas similarmente. Claro, con los permisos necesarios del Ministerio de Calidad de Vida, cada propietario podía modificar su vivienda. Una de esas era la de él, la número 17 de la calle Apolo.

El vagón del tren blanco estaba casi lleno, unos 5 espacios de los 50 disponibles estaban libres. Robert sabía la que línea BS era de las menos necesitadas ya que su viaje era por Monteverde, Pollux, Miramar y Hacienda, distritos de los cuales la población era clase media o alta. El contrario al pintarrajeado tren de la línea LA que era usada por gente de menores recursos y apenas cuidaban de él. El tren se puso a andar con un brusco cierre de puertas. La joven de 14 años que se sentó detrás de Robert se estremeció.

“Primera vez que viajas en su tren ¿eh muchacha?” Pensó Robert.

El tren BS agarro fuerza en un declive y aceleró a su velocidad normal. La ciudad de Castillo Francés discurría ante la mirada de los pasajeros. La ciudad, su ciudad desde los 18 años, era tranquila. Junto al mar la mayoría del tiempo era calurosa, aunque en el norte, en el distrito Monteverde, tenía una parte de bosque tropical que prestaba una imagen presentable a la ciudad. El calor y humedad por la cercanía al mar daba su sello de impresión a la sociedad y la vida nocturna era fuerte pero no tanto como sus ciudades vecinas como la Ciudad de Aecom o Meseffeil ya que los turistas preferían irse aquellos lugares más impresionantes, con más hoteles, a esté. Castillo Francés era, en palabras rápidas, un Miami de Asteria. Más para los lugareños que los turistas. Y claro, como todas las ciudades, tenía sus lugares bonitos y sus lugares feos.

Por la ventanilla observo que en un callejón había 4 CS-01 Toro estacionadas junto a una furgoneta blanca con franjas negras de la Oficina Forense de Asteria. Unas 40 personas se presentaban en la escena, y por el hecho de ver a un par de detectives supo que era un homicidio. Si era una muerte natural iban como máximo 10 policías y un detective aprendiz, no esos rústicos que vio de forma rápida. Robert se paso la mano por el cabello y recodo que la tasa de homicidios en Castillo Francés era de 6 por semana.

Pensó “Ese par de detectives con esmero y suerte encontraran al responsable del homicidio. Y después de eso hablaran con uno de los Fiscales de la Fuerza Investigadora Nacional para cerrar el caso en una corte. Bien, tienen una obligación”. A veces sentía envidia de que ellos pudieran hacer su trabajo sin tanta traba. En cambio un investigador de homicidios de la FIN trabajaba investigando las causas de las muertes y la información del occiso, era una investigación especial a la que lo asignaban porque casi siempre resultaba en la culpabilidad de una banda enemiga y un tiroteo o arresto de integrantes. Al final era rellenar un formulario electrónico para las estadísticas.

El tren entro a un camino subterráneo y los sensores de la luz se prendieron. Apenas hubo penumbra durante un segundo. La adolescente detrás de Robert se sorprendió también. Él hecho una mirada rápida y vio que se veía algo inocente, quizás el viaje en tren era su última oportunidad para ir a un destino que seguramente ella deseaba. Tecleaba rápido en su BlackBerry mientras escuchaba de su iPod nano música. Robert se preocupo. Bajarse en Pollux era seguro, pero tanto Miramar y Hacienda algo más peligroso. Se giro completo y le hablo.

-Oye, chica. – dijo Robert mientras movía su mano para llamarle la atención.

La muchacha se dio cuenta y después se quito los audífonos, dejándolos caer.

-¿Sí?

-Discúlpame pero no pude evitar notar que vas escuchando música en un iPod novedoso y utilizando una BlackBerry. Puedo preguntar ¿dónde vas a bajar?

La muchacha hizo cara de ofendida y respondió:

-No, no puede, no es su incumbencia.

Robert sonrió y saco su billetera con la placa de la Fuerza Investigadora Nacional, mostrándosela. La muchacha palideció enseguida.

-No te preocupes, no me has ofendido. Lo digo porque me preocupa que vayas por allí mostrando esos artefactos caros. Si te bajas en Pollux no hay problema, pero Miramar y Hacienda tienen un índice de robos de objetos caros que podría sorprenderte.

La muchacha trago saliva y después le sonrió.

-Gracias, policía, esconderé esto cuando baje en Miramar. – la joven seguía sonriendo. Robert soltó una carcajada rápida y después dijo:

-No soy policía, soy un investigador ¿Te gusta CSI? Soy algo así como un fiscal, no entro en combate directo. Pero claro, la seguridad ciudadana es nuestra prioridad. Y últimamente en Castillo Francés tenemos esta meta de inculcarle eso a los jóvenes y protegerlos a la vez; si por acaso sufres un robo llámame – Robert le entrego una tarjeta que saco de su billetera. – y ayudaré en la investigación.

La muchacha le dedico otro “gracias” mientras observaba la tarjeta de contacto. Era una tarjeta de presentación como cualquier otra, blanca, escrito con tipografía Agency FB “Robert Darrel, detective de homicidios de la Fuerza Investigadora Nacional” y el número de contacto de su oficina y su celular. En la esquina superior derecha llevaba el símbolo de la FIN y en el fondo con letras más pequeñas “Ayuntamiento de Castillo Francés – Zona de la Fuerza Investigadora – Oficina de Investigadores de Homicidios”. La muchacha se guardo la tarjeta en el bolsillo.

Salió en la subterránea Estación Cuarto en el distrito Hacienda a las 9:42 de la mañana. Aún quedaban 18 minutos para su entrada al trabajo en el Ayuntamiento de Castillo Francés, el edificio que estaba justo enfrente de la estación. Fue a la sucursal de Donas Rossek para pedir su merienda.

-Hola buenos días ¿qué se le ofrece? – le pregunto el muchacho de 18 años que atendía.

Robert observo el menú en lo alto al estilo de las tiendas de comida rápida. Lo mejor era escoger alguno de los combos, en esencia salían más baratos. Aunque a decir verdad todas esas donas y panqueques se veían apetitosos para su estómago vacío y rugidor

-Sí, buenos días ¿Podría darme el combo “desayuno Rossek”, por favor? – respondió Robert.

El trabajador tecleo en la computadora del negocio la orden mientras decía “Claro que sí señor ¿Cuáles son las donas que se le ofrecen?” A lo que Robert contesto “De mermelada de fresa, mermelada de frambuesa y chocolate”. Después, cuando tenía las 3 donas en una bolsa de papel con el logo de la tienda el joven de nuevo pregunto algo:

-¿El café normal o descafeinado?

-Normal, por favor.

Cuando el dependiente le entrego la bolsa con las donas y el café en vaso térmico con logo también pero ahora de Trucizna Café fue que Robert pago el costo del combo: $5 asduros. Robert se sentó en una de las 3 mesas y comió 2 donas y se tomo el café en varios sorbos. Al quedar 5 minutos para su entrada al trabajo fue que guardo la última dona en la bolsa de papel y se encamino al Ayuntamiento.

Atravesó por el paso de cebra la avenida de 6 carriles, 3 por cada lado, e ingreso al edificio modernista. Solamente pasar las puertas de cristal la pared del fondo marcaba en letras metálicas “Ayuntamiento de Castillo Francés” y debajo el slogan del gobierno del momento en letras mucho más chicas “Es Tu Gobierno”. Robert cruzó el vestíbulo repleto de burócratas y civiles para al fondo utilizar las escaleras que mercaban con un letrero Fuerza Investigadora Nacional. Subió el tramo al segundo piso y siguió las indicaciones hasta una puerta doble que era el único acceso a una parte del edificio dividida, donde era el cuartel general.

Esa parte era exactamente como la anterior, solo que sin civiles de por medio a menos que estuvieran pidiendo su ingreso en la FIN. El piso inferior era donde todos los de menor rango, los policías de investigación judicial, trabajaban. Un piso repleto por lo general de los uniformados de azul royal. El segundo piso era donde los investigadores se asentaban. Su cubículo se encontraba dentro de la oficina de Investigadores de Homicidios. Al entrar se encontró con su compañero Peter Duvall casi metiendo la cabeza en su ejemplar de El Observador de Aecom.

-Buenos días Peter ¿Interesante la lectura? – pregunto Robert mientras se sentaba y prendía su PC.

Peter, de la misma estatura que Robert pero más delgado y con el cabello castaño y rizado, se quito los lentes de lectura y se talló los ojos antes de responder.

-Hola, Robert. La lectura pues en algo esta interesante: La prensa dice que fueron Los Hombres Invisibles quienes mataron a ese yonqui que investigábamos ¿Cómo se llamaba? ¿José? Ese hombre.

-José Wilfred, el yonqui. Así que la prensa menciona a los Hombres Invisibles ¿tú les crees?

-No les creo del todo, y no fueron ellos en realidad. Sobornaron algún policía para que les diera esa información, algo ilegal para la Seguridad Nacional. Creo que lo puedes deducir. – Peter acostó la cabeza en su escritorio después de mover un vaso térmico.

Robert sonrió mientras acomodaba la cajetilla de Echelon Noir que llevaba 4 días fumándose encima del escritorio. Deducir era un ejercicio que todos los investigadores de las diferentes agencias de la Seguridad Nacional de Asteria realizaban. Intentar encontrar culpables de ciertos actos menores en las investigaciones, como el soborno por conseguir información.

-Cuando dejamos la escena del crimen había elementos de nosotros pero eran los PIJ – Policía de Investigación Judicial – los que se quedaron junto a la Policía Capital de Asteria y la Policía de Reserva. Los judiciales no fueron, ganan suficiente para evitar un soborno de ¿Cuánto daría un reportero por un simple asesinato: 10, 20 asduros? Ni los capitales, también ganan bien. Entonces fue alguno de los de Reserva. Teniendo en cuenta que había cerca de una docena tenemos a 12 sospechosos principales.

Peter lo miro con la cara somnolienta y se levanto.

-Muy bien Robert. Disculpa mi sueño, no podía dormir así que llegue antes aquí para comenzar las investigaciones pero supe que la Oficina Forense de Asteria todavía no ha movido el cadáver de José Wilfred. Así que desde hace una hora me he tomado un café y he leído los periódicos que he comprado en busca de información que ya tengan los medios.

Robert jugueteaba con uno de los cigarros entre sus dedos mientras tecleaba la contraseña que su PC le exigía para dejarlo acceder. El nombre de usuario DarrelRobert19801 ya estaba y solamente tecleo su contraseña de 8 dígitos, que en la pantalla apareció con 8 misteriosos e indescriptibles asteriscos.

El escritorio de computadora tenía de fondo el logotipo de la FIN y varias carpetas organizadas entre Casos Resueltos, Casos Sin Resolver, Fotografías de la Escena, Fotografías de Víctimas, Respaldos de Interrogatorios, y demás. Un icono de la base de datos se encontraba solo, en la parte inferior derecha.

Cliqueo dos veces seguidas en la base de datos y espero medio minuto a actualizarse por el hecho de tener a los 50 millones de adultos de país. Para agilizar tal cantidad de datos eran guardados en una macro computadora en la sede central de Investigación Interna. Los demás solo tenían acceso a ella, aunque era conocido por los trabajadores de la SENDA que la Agencia de Inteligencia Nacional guardaba otra macro computadora como respaldo. Al terminar de cargarse tecleo Número de Registro Único que llevaba en la Credencial de Identidad Asteriana: WIJO780331CFAE908.

Después de la búsqueda de unos cinco segundos apareció una foto y los datos de José Wilfred:

Fecha de nacimiento: 31 de Marzo de 1978. Edad: 34 años.

Estado: Aecom. Municipio: Castillo Francés. Distrito: Brechas. Domicilio: Callejón Huasamente 24ª.

Tipo de sangre: A+. Donador de órganos: No.

Antecedentes penales: Dos veces arrestado por pelea callejera en la Prisión del Distrito Brechas-Castillo Francés. Una vez arrestado por posesión de marihuana ilegal en Penitenciaría de Drogas Ilegales de Aecom.

La foto era de frente, era de cabello rapado, nariz prominente de águila, ojos verdes y de piel morena además marcas de expresión. La fotografía era de la última ocasión que renovó su CIA, en 2011. Robert apunto en su libreta de anotaciones los datos de José Wilfred y cerró la base de datos, aunque sintió la necesidad de teclear el nombre de un antiguo amigo suyo que fue trasladado a la Penitenciaria de Máxima Seguridad Kiedis y sentía la curiosidad de saber si no había vuelto a provocarse un problema. A la última no lo hizo, cerro la base de datos.

Mientras se quitaba el cigarro de la oreja imagino que las 10:12 era muy pronto para su primera fumada del día, así que lo dejo en el cenicero de vidrio que había traído desde su segunda semana de trabajo en la FIN. Al parecer Peter Duvall no pensaba lo mismo y ya aspiraba la nicotina de un cigarrillo Echelon Vert. Robert seguía atando los cabos del asesinato de Wilfred:

Al parecer corrió al reconocer a su asesino y fue alcanzado por 3 balas (Cuello, nuca y espalda) para caer hacia adelante y golpearse la cabeza, quebrándose la nariz. El asesino iba a pie ya que era en un callejón donde habitan los pobres en las Brechas. Era poco probable de un asesinato por su dinero ya que la cartera vieja de cierre contenía sus $10 asduros y su tarjeta del Banco Occidental de Noirtier. Ni siquiera los civiles de los alrededores necesitados lo robaron ya que un Policía de Reserva escucho los disparos y acudió enseguida, pero no se encontró con el asesino.

En ese momento alguien toco con sus nudillos a la puerta. No era ninguno de los otros 2 investigadores de homicidios ya que no tocaban, solo entraban y se sentaban. Peter se irguió en la silla que el anterior detective había dejado en su jubilación, hace 7 años y Peter ni siquiera había cambiado, y le indico que entrara.

La persona entro. Era un hombre alto, de unos 40 años, con bigote impecablemente cortado y vestido con la rudimentaria grisácea reglamentaria de la Policía Estatal de Aecom, aunque por sus símbolos en sus hombros demostraba ser un teniente, y llevaba una carpeta común con el escudo de dicha institución. El hombre los miro a los dos mientras saludaba con un “Buen día señores” y la respectiva respuesta de los detectives. Después Peter de nuevo siguió con la plática:

-¿Qué se le ofrece, teniente?

-Soy el teniente Istriod. Buscó al detective Robert Darrel ¿se encuentra?

Robert levanto la mirada de su libreta de anotaciones y miro al teniente a los ojos. Para ambos hombres esa era una respuesta afirmativa a la pregunta.

-Yo soy el detective Darrel, teniente Istriod ¿En qué puedo ayudarlo?

El teniente Istriod le dio la carpeta, y Robert la abrió. Era una carta del gobernador de la prisión Michael Essex. Antes de leerla Robert le pregunto que venía eso.

-¿Qué significa esto, teniente?

-El gobernador de la Prisión de Máxima Seguridad Kiedis – Al escuchar esto, Robert se estremeció por lo que segundos antes pensó. – necesita su presencia en la misma prisión. Un suceso bastante extraño y clasificado ha sucedido y uno de los implicados ha pedido que vaya allá. Debido a la imposibilidad de hablar de ese individuo, estamos en un callejón sin salida a menos que usted vaya. Puede leer la carta.

Robert volvió abrir la carpeta y ahora sí leyó el contenido:

Aecom, 12 de Julio de 2012

Asunto: Solicitud de presencia en Penitenciaria de Máxima Seguridad Kiedis

Detective Robert Darrel, Investigador de Homicidios de Fuerza Investigadora Nacional sede Castillo Francés.

Por este medio le informo y le solicito su presencia en los terrenos de la Penitenciaria de Máxima Seguridad Kiedis para la investigación de un asunto que nunca en los 32 años de esta prisión había sucedido. Por el momento no puedo informarle que es lo que ha sucedido, se ha declarado como clasificado por el mismo Ministerio de Armas y Drogas, pero uno de los implicados lo ha nombrado como el único que nos puede ayudar a encontrarle un sentido a esto. Es de nuestro entender que como trabajador de la FIN no es de su naturaleza investigar asuntos que no competen con lo civil pero realmente estamos paralizados en cuanto a investigación sin su presencia. Junto a esta carta adjunto una para su superior informándole la situación y la gran necesidad de su presencia en la investigación. Sin más por el momento me despido y espero su presencia.

Michael Essex, Gobernador de la Prisión de Máxima Seguridad Kiedis.

Robert al terminar de leer vio que una línea necesitaba su firma en la carta dirigida a él. Levanto la vista al teniente.

-¿Esto no es un asunto de la Policía Estatal? Al parecer el secretismo y cualidad del suceso ni siquiera permitiría que un investigador de índole civil, como yo, entre a la prisión.

-Detective Darrel es algo importante, y ya quisiera yo tener ese privilegio suyo. Ni siquiera yo sé que es lo que sucede tras los muros de esa prisión, solo el comisionado de la policía estatal lo conoce.

Robert saco de su escritorio una pluma negra de gel y estando a punto de firmar pregunto:

-¿Y cómo me dejaran ir? Tengo un caso reciente, y el capitán Losset es muy renuente a dejar de utilizarme, prácticamente me quiere en cada homicidio.

-Entiendo que el capitán lo quiera en los homicidios ¿No es usted un “investigador de homicidios”? Además la Delegación de Seguridad Estatal ya ha hablado con la de Investigación Civil para la cooperación únicamente suya en este asunto. De hecho el capitán ya ha firmado.

El teniente Istriod saco la carta dirigida al capitán, debajo de la dirigida a Robert, y mostro una firma impecable. Robert estaba a punto de firmar cuando levanto la pluma y con la misma señalo a Peter, quien hablaba por teléfono con la Oficina Forense.

-Firmo si puedo llevar a mi compañero. Lo necesito, es un buen investigador también.

El teniente negó con la cabeza. Robert cerró la carpeta sin firmar la carta y se la estiro al teniente Istriod.

-Entonces buena suerte en este asunto, teniente, no puedo trabajar sin mi compañero.

Istriod miro unos segundos a Darrel y después a Peter Duvall, quien estaba acomodándose la blazer café para salir directo al edificio de la Oficina Forense. Él se percato de la mirada de ambos.

-¿Qué? ¿Hice algo? – pregunto, paralizando el acto de ponerse la blazer.

-No, Peter, no has hecho nada. Estoy pidiendo que me acompañes a la investigación ¿de acuerdo?

Peter puso los ojos como platos.

-De acuerdo Robert, si te parece lo mejor.

-Sí, me parece lo mejor ¿Qué tal a usted teniente Istriod?

El teniente le devolvió la carpeta y después resopló, asintiendo con la cabeza.

Robert firmo la carta y enseguida le dijo a Peter:

-Alístate, compañero, vamos a Ciudad en Llamas.

Cathrach i Lasracha Editar

El helicóptero AW109 de la Policía Estatal de Aecom cruzaba el océano para dirigirse a la Penitenciaria de Máxima Seguridad Kiedis. El teniente Istriod, Robert Darrel y Peter Duvall eran los únicos tripulantes de los 7 que podía llevar. El sueño que torturaba a Peter se vio desaparecido por la siesta que tomaba mientras el helicóptero de la agencia estatal cruzaba los 74 kilómetros entre la costa y el islote de la prisión.

Cuando el helicóptero comenzó a descender Robert se asomo y observo la isla Cathrach i Lasracha y a la vez a la increíble construcción:

Un edificio cuadrado y color piedra de 80 metros de altura sobre un islote árido, con grandes rocas en el mar. Tenía líneas de ventanas para dejar entrar la luz del día a los recovecos. Jamás había entrado en la superestructura de $100,000,000 de asduros y tampoco imaginaba que un día fuera tan necesaria su presencia allí. El helicóptero se instalo en el helipuerto con capacidad para 5 pero que solo contaba con ese. El teniente Istriod se dio cuenta y le contesto como si con esa mirada a la pista fuera una pregunta:

-El helipuerto solamente tiene esté en todo momento, los otros fueron repartidos en la Policía Estatal debido a que era más fácil transportar a los internos y trabajadores en los barcos. De todos modos por lo general toda la semana están aquí y es hasta el fin de semana que vuelven con sus familiares.

El estremecimiento del aterrizaje despertó a Peter de su sueño. La pequeña sacudida hizo que se golpeara con el acolchado respaldo de su asiento. También observo por las ventanas y se admiro de la construcción, buscando enseguida la altura. Se quedo admirado.

Un guardia fue abrir la puerta y enseguida bajo Istriod, seguido por Robert y al final por Peter Duvall, quien se sobaba la cabeza por la agitación que lo despertó. Al menos se veía más relajado. Robert observo la hora y se dio cuenta que eran cerca del mediodía. El guardia saludo de mano al teniente Istriod y él le señalo a Robert Darrel.

-Detective Darrel hola mucho gusto – el guardia le estiro una mano. Cuando Robert se la estrecho notó como apretaba de forma poco común, bastante fuerte. – Soy el capitán César Coutreau. – el capitán Coutreau llevaba gafas de sol y un bigote castaño cortado más de un lado que del otro. Cuando soltó la mano le hizo señal de que caminara.

-Capitán, estoy consciente de que algo extraño está sucediendo, pero no me han explicado nada. Sólo sé que ha llegado inclusive a los altos mandos del país ¿Quién va decirme que sucede aquí?

El capitán Coutreau lo miro y le dio una palmada en un hombro ya que era más alto que Robert. Después le dedico una sonrisa y le dijo:

-Yo no soy quién puede darte esa información. Será el gobernador.

Robert y Peter fueron llevados a la oficina del gobernador por Coutreau, mientras que Istriod se dirigía a un lugar diferente. Ambos investigadores de la Fuerza Investigadora Nacional aseguraban, cada uno en su mente, que Istriod se ocupó únicamente de ir a por Robert (y después por Peter) a Castillo Francés y esa era su participación completa.

Entraron al edificio. Apenas pasar la puerta secundaria, de helicópteros, sintieron como el sol dejaba de abrazar su piel para dar paso a una sombra húmeda que se atenuaba por la extrema cercanía con el océano. Coutrau levanto una mano en señal de dirigirse a un sitio en concreto. Lo siguieron a un ascensor, era un poco más ancho que los normales.

-¿Demasiado espacio, no creen? – pregunto Coutreau mientras presionaba el botón con el número 20 escrito. Era el último piso.

-Así es, lo utilizan para subir a los prisioneros ¿no es así? – respondió Peter.

El capitán asintió con la cabeza y después añadió:

-Y también para bajarlos. Una vez a la semana se le permite ir al patio de recreo a los de cierta zona. Hoy mismo tocó a los de la zona H, dónde el prisionero Kevin Hernández “residía” y también el lugar en el que se encontró muerto. Pueden bajar en grupos de hasta 10 criminales, siempre están vigilados por los guardias y les tenemos amenazados de que en cualquier indicio de lucha serán asesinados.

Robert asintió una sola vez. Sabía de esas actuaciones y amenazas, que al final no se cumplían. La Asociación de los Derechos siempre metía las narices para proteger a los criminales peligrosos cuando se enteraban que realizaban algún inconveniente y los guardias de prisión los obligaban a pelearse entre sí hasta que uno cayera noqueado. Obviamente esto había llevado a varias muertes de prisioneros y la Agencia de Inteligencia Nacional declarar al prisionero ganador como un asesino dentro de las instalaciones y a aplicarle una inyección letal.

Eso hizo recordar a Robert sobre que un asunto tan importante debía ser también conocido por la AIN.

-¿Y la AIN no se va meter en este asunto? – pregunto Robert. Le interesaba a veces los asuntos de la AIN, su hermano menor llamado Walter trabajaba en esa organización. Mientras que su hermana mayor, Perla, trabajaba también en la FIN, solo que ella lo hacía en la ciudad de Bahía del Oro.

-La misma Investigación Interna les ha notificado que tenemos una situación de extrema precaución en la penitenciaria, pero que no pueden introducirse en el asunto. Para eso van a enviar a hombres suyos. – respondió Coutreau.

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. Estaban en el piso 20. Allí no se encontraba ninguna celda, sino que las oficinas con sus secretarias y la oficina del gobernador. Caminaron por el pasillo de pintura verde oliva con piso de mosaico blanco. Afuera de la oficina que era su objetivo se podía leer la inscripción “Gobernador Michael Essex. Período 2005 – 2015”. Coutreau tocó con los nudillos en la puerta para que unos segundos después le abrieran. Era el gobernador, un tipo mediano, con una panza moderada y miembros anchos que demostraban su fuerza.

-Gobernador Essex, él es Robert Darrel. – dijo Coutreau señalando con la barbilla al mencionado. Después tocó a Peter Duvall en el hombro y lo presento. – Esté es Peter Duvall, compañero de Robert en las investigaciones.

El gobernador Essex extendió su mano para saludar con un fuerte apretón de manos a ambos investigadores de la FIN. Después los invito a pasar, mientras que Coutreau se iba de allí. La oficina era espaciosa, y como todas las ventanas del recinto, tenía vista al océano. Solamente que esta se dirigía al Norte, donde solo había agua hasta el horizonte. El interior estaba amueblado con una sala pequeña, una mesa para una televisión plana de 40 pulgadas, un librero y un escritorio extenso con una computadora, útiles de oficina y una silla cómoda. Frente al escritorio había 2 sillas menos cómodas.

-Pasen, detectives, tomen asiento ¿quieren una copa? – pregunto Essex mientras se servía una copa de vino tinto Naufragio de 1800, fechada del año 2006. Ambos invitados asintieron, a lo que Essex sacó otras dos copas y las sirvió moderadamente. – Espero que me perdonen no poder servirles cómo va la copa normalmente, pero no puedo permitir que la mínima pizca de alcohol interfiera en esto.

Les extendió la copa y, justo cuando se las quitaron de sus manos, él se tomó de un sorbo el líquido tinto. Dejo la copa en el escritorio y después se sentó en su silla. Robert y Peter también se sentaron en las sillas del frente.

-Señores, estoy seguro que tienen muchas preguntas sobre la situación y su extremo secretismo. – empezó Michael Essex, y ambos investigadores asintieron. – Pues bien, ojala pudiera decirles la totalidad de los hechos pero hasta nosotros los desconocemos.

-No se preocupe, gobernador, puede platicarnos los detalles que ya conozcan. – dijo Robert.

Michael Essex cogió unos papeles, los acomodo y después se los extendió. Eran fotografías y algunas anotaciones del doctor Germán Olevia.

-Hoy por la mañana fue descubierto por nuestros hombres el cuerpo de un prisionero, el prisionero KH662312, cuyo verdadero nombre era Kevin Hernández. – La cara de Robert cambió un poco, pero solamente Peter lo notó. – Nuestras principales sospechas eran de que atacó a un guardia y éste, para defenderse, le disparo. Pero ninguno anuncio nada, y el arma asesina fue casi con seguridad una MK23, muy poco utilizada en esta prisión. Un homicidio, eso lo consideramos, un homicidio.

-¿Eso no es un asunto de la AIN? – preguntó Peter, adelantándose a la formulación de Robert.

-Sí, normalmente, y en parte de la Policía Estatal porque somos los custodios. Pero esta vez no, en esta ocasión existen… condiciones diferentes, que nunca se habían visto en esta prisión. – respondió Essex.

-¿Cuál es nuestra participación en esto? – fue la otra pregunta de Peter.

Michael Essex cogió otro paquete, con 8 imágenes, y se las extendió a Robert; al momento contesto:

-Tú no eras requerido, viniste por deseo del detective Darrel. Miré la fotografía señalada como “Fotografía del suelo”, por favor.

En la fotografía Robert pudo observar cómo era mencionado él mismo: “Robert Darrel es el único que lo entenderá”. Lo leyó y lo releyó una y otra vez hasta que Peter habló:

-Robert ¿Qué dice allí? ¿Me lo permites un segundo? – enseguida estiro la mano derecha para pedir las imágenes. Robert se las dio mientras miraba fijamente a Michael a los ojos y con cara de estupefacción preguntaba:

-¿Qué es lo único que entenderé? ¿Por qué yo? ¿Esa celda de quién es?

-Calma, calma detective Darrel. Para todo hay respuestas… – dijo Essex pero fue interrumpido por Robert.

-¡¿Qué me calme?! No puedo ¡Claro que no! ¿Piensan que soy el responsable o que es esto? ¡Y ya me enfadé de este secretismo, por Dios!

Michael Essex se levantó de su asiento y elevó ambos brazos en señal de calma para Robert. Peter lo jaló de su blazer café, parecida a la que portaba, pero Robert no lo notó. O si lo notó hizo caso omiso. Robert se calmó y después le quito una fotografía a Peter de las manos, la del suelo, y se la enseño a Michael.

-Dime entonces ¿Qué significa esto?

Michael se relajo y después contesto la pregunta:

-En su celda, que como sabrán es única para el ocupante, los encargados de revisarla preliminarmente encontraron las paredes llenas con códigos y además un acertijo. No hay ninguna pista, nada de nada que pueda ayudarnos. Solamente esa frase en el suelo en la que lo menciona a usted, detective Darrel.

Robert miró la fotografía y continúo con las preguntas:

-¿Están seguros de que soy el Robert Darrel adecuado? Es lo único que menciona, solo dice ese nombre. No dice cual otro puede significar. Imaginen cuantos con mi mismo nombre existen en este país.

-Lo sabemos, hay 17 con tu nombre en el país, 3 de ellos en Aecom. Pero ningún otro es trabajador de la SENDA o tenía relación con el asesinado. No creo que Kevin Hernández haya mencionado a otro Robert Darrel como al que es un mecánico en Cavaleiro, al preso por robo a mano armada en Bayssand o al gerente del puesto de kebab en Lion. Menciono al que fue su compañero.

-Quisiera ayudar, pero no sé cómo puedo hacerlo. Ustedes saben más que yo, ustedes sirven más para esto. Además gobernador ¿tanto secreto por qué un preso menciona a su anterior compañero antes de que lo asesinaran?

Michael recogió las fotos y las volvió a guardar con algunos papeles en una carpeta que rezaba “Caso KH662312/H/H/12072012”. Michael se agarró las manos y las hizo puños que, sin quererlo, le dieron una apariencia que simulaba un ruego.

-Porque debe saber detective Darrel que Kevin Hernández advierte que todo Asteria se encuentra en peligro inminente. Y cuando lo trasladaron para acá nos aseguraron que si Kevin un día mencionaba algún peligro a la nación lo tratáramos como real. Qué curioso ¿no cree?

El mensaje del Norte Editar

Los pasos resonaban en el pasillo debido al calzado de Robert Darrel, Peter Duvall y el guardia que los acompañaba por orden de Michael Essex, Cristian Romo. La sección K estaba casi desocupada en su totalidad y sus presos en la mayoría eran criminales de guerra o asociados a los grupos rebeldes de Saint Germanis. Inclusive uno de ellos era una mujer multihomicida culpable de los asesinatos del caso “El asesino de las 3 cuchilladas” que acaeció en Lion en 2009 con 11 víctimas mortales y un herido grave.

La celda que fue habitada por Kevin durante dos años y medio era la penúltima antes de la pared que separaba con la zona L. Estaba cuidada por dos guardias armados con subfusiles SENDA 110 que después de saludarlo se pusieron especiales para dejarlos entrar:

-Necesitamos que nos des permiso para entrar Cristian. – dijo el que tenía la cinta de identificación de Oficial; seguido miro a sus dos acompañantes: - También necesito identificación de ellos dos.

Cristian le mostró una carta en la que el gobernador firmaba para dejar pasar al lugar a Cristian Romo, Robert Darrel y Peter Duvall. El Oficial le devolvió la carta y los dejo entrar. El cubículo de la celda era del tamaño apropiado para una cama individual, un baño tapado con un pequeño divisor y un par de cuadros que le permitieron ingresar: Uno de esos era del Festival de Woodstock y otro era de la película El Caballero de la Noche. Robert recordaba cómo le encantaba esa película a su ex compañero. Cristian salió mientras les decía:

-Si necesitan algo, allí están mis hombres. Para algo más, díganles que contacten conmigo.

Las paredes estaban rayadas en su totalidad, excepto una. Un par tenían números aleatorios que podían llegar a ser incluso dos mil o más. Otra pared era exactamente como esa, a excepción de que tenía un par de líneas rojas arriba y debajo de la pared. La pared que le llamo la atención después a Robert mostraba el asterisco doble y la pared final el acertijo “El falso que conoce a otro falso en El Conde de Montecristo”.

Peter se acercó a una de las paredes y se mostraba ansioso por tocar la pintura, pero no lo hizo. Creía que si tocaba las marcas podrían borrarse o alterarse. Robert lo miró de reojo y luego estiro la mano, palpo la superficie con la yema de sus dedos y después miró a Peter y le dijo:

-Puedes palparlo, adelante. Solamente es marcador común y corriente.

Peter lo hizo. Hacer eso no resolvía nada, de cualquier manera.

-Robert déjame preguntarte algo – Robert, sin girarse, asintió – Si éste tipo quería que tú resolvieras esto ¿Cómo lo vas a ser? ¿Qué significan estos números aleatorios?

Robert sacó su llavero, que llevaba una brújula, y la estabilizo. Cuando la aguja señalo al norte, la apunto con la barbilla y dijo:

-Empezamos por esa.

Antes de acercarse, fue con uno de los guardias de afuera para solicitar algunos objetos que necesitaría:

-Oye, necesito algunas cosas ¿Podrías conseguirme una libreta y alguna pluma, por favor? Lo necesito urgentemente. – Robert se giró con el otro guardia y le indicó – Necesitamos alcohol o cualquier cosa que se le parezca.

El guardia asintió y lo menciono a su compañero, así que ambos caminaron para conseguir lo que necesitaba Robert. Apenas se fueron, agarro del hombro a Peter y le indicó que entraran.

-Hagamos esto rápido, es un código que conozco.

-¿Cómo lo…? – Empezó Peter, pero Robert lo interrumpió.

-Eso no importa Peter, vamos hacerlo rápido antes de que vuelvan. Mira como va la serie numérica; cuatro, uno, cinco y así sigue. Bueno, cada quinto número debe ser remplazado por la letra que corresponde. Los números que tienen el uno cerca del número elegido significan, obviamente, del 10 al 19 y así con el 2. Voy a ir diciéndote la letra y tú apuntala en tu teléfono. Cuando te diga que hay un punto pon un punto también, empecemos.

Peter recibió la información muy rápido, por lo que no entendió bien lo que Robert dijo. Su compañero solamente le repitió “apunta en tu teléfono, vamos” y Peter lo sacó del bolsillo; Robert se giró a la pared y comenzó a decir los números mientras iba tocándolos con su dedo índice. Eran más de cien letras, que iban juntándose en una frase alargada en el editor de mensajes de texto del teléfono de Peter. Cuando terminó le dijo que le enviara el mensaje a su propio teléfono. Un minuto después, o quizás dos, llegaron los dos guardias cargando las cosas que pidieron. Robert cogió una libreta pequeña de apuntes, un bolígrafo negro y un vaso desechable con alcohol que trajeron de la cocina. Robert le dio las gracias a ambos e ingreso a la celda de nuevo.

Ya dentro, derramo el alcohol en el piso y con la almohada lo esparció por la habitación, las paredes y todas partes. Ante ese extraño comportamiento Peter inquirió:

-¿Qué haces?

-Simple. Con unos minutos el lugar va a apestar, no podrán estar mucho tiempo aquí sin saber que buscar mientras soportan el olor a alcohol.

-¿Y por qué no quieres que entren?

Robert soltó la almohada donde debería ir mientras se limpio unas gotitas de sudor que le perlaban la frente.

-¡Esta en código, amigo! Si no se estuviera protegiendo de alguien no lo estaría. Y no sabemos quien, tampoco quien lo asesino. Así que lo mejor es mantener las narices de otros fuera.

Robert miró el mensaje que Peter le envió, el que Kevin le había escrito para que resolviera:

“Robertdarrelestasenproblemasperoteayudare. Nomencionesestoanadielasparedesescuchan. Buscalaspertenenciasdelpresokahacheseisseisdostresunodos. Sitepreguntansolomencionaloultimo. Todoasteriaestaenpeligro”

-Interesante junta de letras ¿eh? – dijo Peter. – Mientras rociabas el alcohol he separado las palabras, ahora mira. – le extendió su teléfono con las palabras separadas adecuadamente.

“Robert Darrel estas en problemas pero te ayudare. No menciones esto a nadie las paredes escuchan. Busca las pertenencias del preso ka hache seis seis dos tres uno dos. Si te preguntan solo menciona lo último. Todo Asteria esta en peligro.”

Robert y Peter se miraron. Era un aviso amenazante, sobretodo el final. Y si Kevin mencionaba que las paredes escuchaban significaba que no podía permitir que alguien más viera el código, y menos descifrarlo. Vayamos a por las pertenencias entonces.

Robert fue detenido por Peter, quién señalo las otras 3 paredes y pregunto:

-¿Y esas no las vas a resolver?

-Primero debo resolver éste, porque los otros van siendo pistas. Si lo hago ahora me puedo revolver.

Ambos salieron y se dirigieron a la oficina de Essex para reportarle los avances que acababan de realizar, pero manteniendo algo de secretismo, teniendo en cuenta lo que Kevin advertía.

Treinta y nueve guardias Editar

-Así que te ha dejado una pista que te lleva a sus propias pertenencias. – dijo el gobernador Essex mientras revisaba una hoja en la que Robert Darrel le había escrito una versión modificada del primer puzle.

-Exacto, eso es lo que dice el único que he podido responder. – le dijo Robert mientras tomaba una hoja con el mismo escrito modificado, y después le enseñaba la anotación de “El falso que conoció al otro falso en El Conde de Montecristo”. – Excepto éste, pero no tengo tiempo suficiente para leerlo, y encontrar la referencia.

-Bueno, podemos administrar a un grupo de personas que lean un capítulo o dos al mismo tiempo para encontrar la referencia. – dijo Cristian, quién permanecía de pie junto a la puerta de la oficina. – Algunos guardias están en su tiempo libre, pero en caso necesario deben apoyarnos; ya saben, como motines y eso.

-¿Motines? No creo que suceda un motín en ésta prisión, sargento Romo. Sé que estamos preparados, pero es súper máxima seguridad. No pueden organizarse ni amotinarse.

Cristian se adelanto de su posición y se planto frente al escritorio.

-No hablo de un motín, señor, pero esos guardias pueden ayudarnos en la lectura de El Conde de Montecristo. Y sobre el motín no debería descartarse todo porque olvida que el asesinato de Kevin Hernández es extraño en todo lo que se refiere, por lo que no debemos bajar la guardia.

-De acuerdo, no se alteré sargento, recuerde cual es su lugar aquí. Por cierto Darrel ¿cómo supiste que querían decir esos números marcados?

-Era un código que inventamos más jóvenes, lo escribíamos en servilletas o cosas así en los clubes para referirnos a las mujeres sin que ellas pudieran adivinarlo.

Michael Essex asintió con la cabeza y apretó el botón del interfón para hablar con una de las secretarias.

-Señorita Fonsac ¿podría buscar la novela El Conde de Montecristo, ver cuantos capítulos tiene e imprimirla completa? Gracias.

-Claro señor. – contesto la secretaria por el mismo método de comunicación.

-Mientras esperan ¿quieren comer algo, detectives? Es la hora de comer y creo que necesitaran hacerlo. – ofreció Michael.

-Nos gustaría, pero creo que nos daremos algo de prisa para terminar pronto. O tal vez tú quieras comer algo, Peter. – contestó Robert, después dirigiendose a su compañero.

-Yo estoy bien, gracias. Creo que prefiero terminar rápido también.

-De acuerdo.

En ese momento llegó la respuesta de la señorita Fonsac.

-Señor son 78 capítulos de la obra El Conde de Montecristo. Podemos usar las 6 impresoras para una acción más rápida ya que son cientas de hojas.

-Gracias, Fonsac. Imprimelo y junta por capítulos. – contesto Michael y luego miró a los 3 – Son 78 capítulos, no puedo utilizar a la mitad del personal para descubrir eso, no sabemos a que nos enfrentamos. Pero de dos capítulos a cada uno queda para treinta y nueve guardias.

-Son casi todos los que están en descanso. – agregó Cristian.

-No me importa, vamos ayudar con esto. Lleva a los detectives a la Oficina de Pertenencias y después ve con Fonsac por los capítulos. Recuerda, un par de capítulos por cada persona y hagan notas de cualquier mención que se parezca al puzle. – órdeno Michael mientras los despachaba de su oficina.

En el camino a la Oficina de Pertenencias, Peter le entregó el puzle a Cristian Romo.

“El falso que conoció al otro falso en El Conde de Montecristo”.

KH662312 Editar

Robert Darrel, Peter Duvall y Cristian Romo llegaron a la Oficina de Pertenencias, en la misma planta, para continuar con las indicaciones del puzle de la pared norte.

Un hombre, sentado detrás de una mesa metálica barata, leía una revista Hustler pero al ver que entraron la escondio y se posicióno como si estuviera interesado en la llegada de los tres.

-¡Hola! Buenas tardes ¿en que puedo ayudarles? – dijo el curioso hombre, un guardia vestido con la indumentaria de la Policía Estatal de Aecom, con lentes de contacto y el cabello estilo militar.

-Luigi, te hemos dicho que no husmees en las pertenencias de los presos. – saludo Cristian.

-¿Qué? ¿Esto? – Luigi señalo la revista Hustler y la agitó un momento. – La he traído desde el fin de semana. A veces es aburrido estar aquí, sobretodo cuando no fichan a ningún criminal. Puedo prestarla si lo quieres.

-No, Luigi, ya tengo trabajo para rato. Pero yo te dejaré a estos dos detectives. Necesitan las pertenencías de Kevin Hernández.

-Ah, claro que sí, sargento. – Luigi saludo de mano a ambos detectives. – Y dígame ¿tiene el código del preso?

-KH662312. – dijo Cristian de memoria. Después de eso se retiro por donde vino.

-Acompañenme, por favor. – indicó Luigi y señalo una puerta de cristal con un lector de tarjetas. Se descolgó una tarjeta del cuello que estaba sujeta a una cuerda y la paso por el lector. Emitió un pitido y abrió la puerta, empujandola levemente para atrás.

Luigi empujo por completo con el brazo izquierda y la sostuvo para que entraran. Dentro había una mesa rectangular cuatro veces más grande que el escritorio de Luigi y una escalera que descendía a una bóveda done se guardaban las pertenencias. Mientras ambos detectives esperaban las pertenencias de Kevin, acercaron un par de sillas de oficina para ponerse cómodos.

Luigi subió de nuevo, cargando una pequeña bandeja métalica con las pertenencias de Kevin. La dejo en la mesa y luego los miró a ambos para explicarles:

-Aquí estan las pertenencias de KH662312. Si necesitan algo estaré en mi escritorio, no puedo dejar mi puesto mucho tiempo, ya saben. La puerta se puede abrir por dentro. Otra observación: Por favor no rompan, manchen ni ensucien las pertenencias. Aquí les traje un par de guantes de látex a cada uno. – les dejo los guantes encima del cajón de pertenencias. Después se regresó a su escritorio.

Robert se puso los 2 guantes, quitando los correspondientes a Peter y dejandolo a un lado.

-Peter, anota por favor todo lo que vaya diciendo. Detalles y colores que diga ¿has fichado a algún criminal alguna vez?

-No, pero hice una práctica de esto en mi ingreso a la Fuerza Investigadora Nacional, así que entiendo cómo.

-Perfecto. Voy diciendolo y lo anotas.

Robert extrajo los primeros objetos y fue recitando las características mientras las iba acomodando en hileras horizontales procurando no encimarlas:

-Una cartera naranja de piel, hecha a mano, fábricada en México. Una cajetilla de cigarros Echelon DeLuxe, con 7 cigarrillos. La Cartilla de Recomendación. Ciento veinte y cinco asduros en billetes, y doce asduros en monedas. Un encendedor recargable verde con la leyenda “Irlanda”. Una libreta de notas tamaño profesional, de raya, con indicaciones de varias hojas arrancadas. Un bolígrafo barato, sin marca, tinta negra. Una carpeta con cuatro, no, cinco, cinco dibujos.

Peter había apuntado las palabras mismas de Robert. Su compañero se detuvo y lo miró.

-¿Me sigues?

-Claro, Robert, puedes continuar.

-De acuerdo. – Robert siguio sacando las pertenencias. – Su Credencial de Identidad Asteriana, del año 2007. Un calendario de bolsillo del año 2009, sin marcas. Una cigarrera de madera, fabricada en México también, con seis cigarrillos Delicados sin filtro. Una linterna de mano, marca Magnalite, color azul. Una playera color rosa, sin dibujos. Pantalones de mezclilla marca Levis. Un reloj de pulsera de manejillas barato, sin marca. Mocasines color negro. Ropa interior: Calcetines, bóxers y camiseta. Un célular Nokia 5200 con franjas rojas. Es todo.

Termino de acomodar los objetos y miró la lista que ocupaba más de una hoja entera de la libreta de bolsillo que usaba Peter.

-¿Todo eso llevaba consigo al momento de su arresto? – preguntó Peter.

-Naturalmente, Peter. Pero él fue arrestado en su vehículo, así que tomarón los objetos personales que encontraron. Esperame aquí.

Robert fue con Luigi un momento. Al llegar, Luigi lo miró de arriba abajo.

-¿Sí? ¿Qué más necesita, detective?

-La hoja de información de las pertenencias del mismo preso a su momento de fichaje. Quiero saber cuanto concuerda con esto.

-Pero eso es un tanto privado, detective. Necesito un permiso…

-Mirá, Luigi, ésta mañana un agente de la estatal fue a sacarme de mi oficina en Castillo Francés porque Michael Essex requirió mi presencia aquí. Él mismo me ha dicho que esta a disposición todo. Solo necesito hablarle por el interfón ¿puedo? – contestó Robert.

Luigi pusó su mano encima del interfón y luego le sonrió.

-¿Sabes? No necesitas el permiso, solo necesitabas decirlo. Aquí tengo la hoja de información.

Luigi se acercó a la pared de los lockers y abrió el marcado con la letra K. Sacó un grupo de carpetas y las revizo en su escritorio. Le extendió una a Robert.

-Aquí tiene detective.

-Gracias, muy amable. – Robert fue a la puerta y la toco con los nudillos repetidamente, para indicarle a Peter que la abriera. Su compañero lo hizo y Robert entró.

-¿Qué trajiste Robert? – preguntó Peter, mientras veía la carpeta marcada con el código del cajón.

-La hoja de información de los objetos que tenía Kevin a su momento de fichaje en ésta prisión. Necesito información de qué buscar bien, de porque Kevin me dijo que buscara en sus pertenencias.

Abrio la carpeta, dejandola en la mesa, mientras miraba una foto de media hoja con los datos de su amigo y la fecha de entrada.

Robert y Peter leían y comparaban todo con la lista nueva. Casi todo estaba allí, escrito casi en la misma forma en que Robert lo había recitado. Peter lo encontró primero.

-La carpeta de dibujos no está.

Robert la busco, y efectivamente, no estaba fichada. Con cuidado, Robert metió todo de nuevo en el cajón metálico de las pertenencias a excepción de la carpeta. Salieron del cuarto con la carpeta de información y la de los dibujos.

-Luigi, amigo, dejaremos las pertenencias unos momentos más allí. Necesito llevarme ésta carpeta con nosotros.

-¿Qué? No sé si se puedac, solo el gobernador puede.

-Luigi, Luigi, ya te lo he dicho, no me hagas repetirlo. Volveremos en una media hora.

Antes de salir de la Oficina de Pertenencias, Peter se dio la vuelta y dejo en el escritorio de Luigi la carpeta de información.

El otro código Editar

Robert y Peter decidieron ir al comedor, ubicado en la misma planta, para comer algo antes de continuar. Entraron y se encontraron con largas mesas, como las de los institutos, de al menos diez ocupantes, y también diez de las mismas. Dejaron las carpetas en una de las mesas desocupadas, mientras las otras bullían de guardías y personal que platicaba mientras comía.

Las comidas eran como pequeños buffets, sin variación como un restaurante o un hotel pero lo suficiente para mantener el apetito. Cada uno cogió una bandeja y fue sirviendose comida. Robert cogió una sopa de champiñones, filete de res, patatas fritas y una Pepsi. Peter cogió casi lo mismo, a excepción del filete, ya que el se decanto por una hamburguesa.

Fueron a sentarse junto a las carpetas.

-Me pregunto si el gobernador ya vino a comer. – dijo Robert. Peter sonrió y le contestó su teoría.

-Lo más probable es que él coma en su oficina, un filete más grueso y jugoso que el que tú tienes allí en tu plato. Entrada, plato fuerte y postré. Es un funcionario importante, debe hacerlo. Ya sabes, esta en su sangre.

-Cierto.

Robert cortaba el filete con maestría, seguramente debido a clases de modales que tomo en años anteriores. Se llevaba los bocados a la boca y después de masticar daba un trago a su vaso con refresco. Peter lo hacía con las manos, por supuesto, tomaba la hamburguesa y la mordía para después dejarla. Peter no probó ninguna gota hasta después de terminarsela. Ambos se comieron la sopa de champiñones después, bastante deliciosa a pesar de haber sido enlatada.

Terminaron de comer y se lavaron las manos. Después, Robert tomó la carpeta de los dibujos y buscó que era lo que necesitaba. Un guardia que estaba cerca los miro y después les hablo.

-Así que están mirando los dibujos de un preso ¿eh? Nosotros seguimos buscando el puzle de El Conde de Montecristo.

-¿Estabas enterado de los dibujos? – preguntó Peter, adelantandose a Robert.

-Claro, es una opción de recreación que se le da a los que tienen buena conducta. Un taller de dibujo o de riego de plantas. Se guardan en las pertenencias del preso.

-Gracias, agente. – le dijo Robert. Siguio mirando los dibujos.

Los dibujos no eran más que paisajes, un retrato de un famoso que Robert no reconoció y una puesta de sol. Los revizo de nuevo, buscando los detalles, pero si había un detalle escondido en esos dibujos era raro.

-Quizás deberías ver detrás de ese de la puesta del sol. – aconsejo Peter, a lo que Robert hizo caso y se encontro con otro código como el del puzle de la pared norte. – Te lo dije.

Era, precisamente, otra serie de números que iban de forma aleatoria. Pero era más chico.


-Cinco, dos, cuatro; cada cuatro letras. – dijo Robert. – Anota lo que te diga de nuevo.

-A, eme, cuatro, nueve, dos, ocho, siete, uno. Quédate la navaja y la lintera. – fue el contenido del mensaje.

-AM492871. Quédate la navaja y la linterna. – repitió Peter. – Un código de otro prisionero, al inicio pero ¿para qué querría que tengas la navaja y la linterna?

-Eso no importa ahora. Vamos por él.

Se levantaron, llevaron las bandejas a las sucias y después se encaminaron de nuevo a la Oficina de Pertenencias por los objetos del preso AM492871.

Al entrar se encontraron a Luigi leyendo El Observador de Aecom. Fechado en esa misma mañana. Cuando los vió sonrió e hizo una pregunta que no se esperaban.

-Ustedes son los que están investigando al yonqui asesinado ¿correcto? José Wilfred. Bueno, ya saben, los delegados de la FIN que están en el caso.

-Exacto. – contesto Robert, mientras que Peter solo asintió.

-Hay un reportaje, los mencionaron. Qué curioso, me lo acaba de prestar un guardia y él no notó que ustedes se encuentran aquí, en la prisión Kiedis.

-Te agradezco que te emociones, Luigi, pero ahora no es el momento de ese asesinato. Concentremonos en la investigación de aquí ¿de acuerdo? – le contestó Peter. – Necesitamos las pertenencias del prisionero AM492871 y la hoja de pertenencias también.

Luigi se levanto, aún sonriendo, y fue a los lockers para encontrar los papeles. Extrajo una única carpeta y la revizo. Enseguida su rostro se puso serio.

-Les tengo malas noticias detectives. El prisionero ésta muerto, lleva al menos dos semanas muerto. Si querían interrogarlo no se podra.

-¿Muerto, dices? ¿Cómo paso? ¿Lo ejecutaron? – cuestiono Robert.

-No, señor. Para nada. Fue asesinado por Kevin, eran compañeros en el taller de dibujo. Kevin enloqueció, le cortó la garganta con una espatula para la pintura. Murió en un poco tiempo.

Robert se quedo pensativo y luego apuro a Luigi.

-Bien, ya nada se puede hacer. Las pertenencias siguen aquí ¿correcto?

-No guardamos todas las pertenencias después de que el preso sea ejecutado o muera en diferentes circunstancia. Sin embargo, las guardamos medio año más así que probablemente sigan aquí, casi seguro. Acompañenme.

Entraron a la misma habitación de antes. Robert le indicó que ya no eran necesarias las pertenencias de Kevin, por lo que se las llevo, inclusive los dibujos. Luigi volvió a descender a la bódega, para salir después de unos cinco minutos con otra caja casi igual:

-Las pertenencias de Antonio Millar, preso de violación múltiple que fue asesinado por Kevin Hernández hace mes y medio. No sé como, es casi imposible, Kevin pudo de alguna manera. – Luigi dejo las pertenencias en la misma mesa que hace un rato.

Robert se puso otro par de guantes y miró a Peter.

-¿Listo para operar? – Peter asintió. – Luigi, estamos en una investigación ¿te importaría salir? Prefiero mantener esto en privado hasta terminar mi trabajo.

Luigi asintió de mala gana y dejo solos a los dos investigadores.

-El mismo procedimiento que momentos antes, Peter. Hagamoslo rápido y te prometo que en la noche compró una botella de vino Naufragio de 1800, reserva año 2000.

-Solo si es tinto. – negocio Peter mientras rayaba su libreta para saber que el bolígrafo escribía.

-Claro que tinto. – Robert metió las manos enguantadas y comenzó a buscar en las pertenencias algo que los guíara fuera de allí. – La Credencial de Identidad Asteriana, expedida en el año 2003. Residia al parecer el Téllen. Una billetera casual, de la cerveza Guiness, color negra. Tarjeta con número de teléfono de varias prostitutas, de un prostíbulo ubicado en la misma ciudad que vivía. Un condon del Servicio Médico Asteriano sin usar, caducado en 2010. Una navaja mariposa oxidada de la cuchilla, de 6 centímetros de larga. Un cartucho de calibre .22. Cigarros Marlboro rojos. Veinte asduros en billetes y 5 en monedas. Una imagen de bolsillo de Cristo. Una remera negra. Pantalón de chandal color gris. Tenis de ejercicio color grises. Una muñequera de plastico color naranja. Un teléfono móvil Motorola, modelo que no conozco. Calzoncillos blancos. Una carpeta con varios dibujos.

Ambos agentes se miraron a los ojos. Supieron que, lo más probable, era encontrar más información en los dibujos como había sucedido con las pertenencías de KH662312. Robert abrió la carpeta y saco 6 dibujos, girandolos antes de haberlos observado bien. No se equivoco.

En la esquina superior izquierda todos los dibujos llevaban un número del 1 al 6, y en la parte de abajo una numeración enorme. Era un código bastante extenso. Robert se talló los ojos y después dijo, casi con amargura

-Que molestia traducir un código tan largo.

El asterisco Editar

Robert Darrel y Peter Duvall salieron a toda prisa del cuarto de analizamiento de pertenencias, le dedicaron una sonrisa y un “Hecho” a Luigi y salieron con rumbo a la oficina de Michael Essex.

Mientras caminaban, Peter preguntaba cual era el procedimiento del asterisco, ya que la respuesta parecía en sí misma ser otro acertijo. Serían bastantes, con lo que habían pasado. Pero se acercaban al final, si es que los guardias ya acabarían el puzle del Conde de Montecristo.

Robert tocó con los nudillos en la puerta de la oficina, pero no espero una respuesta para entrar. Dentro había 3 personas: El gobernador Essex, sin ninguna diferencia notable más que unos mechones desacomodados, el sargento Cristian Romo, y una mujer que portaba un chaleco con el logotipo de Investigación Interna.

-Hola de nuevo ¿qué tal sus avances? – saludo Robert, optimista, mientras agitaba su libreta de mano. – Yo ya he terminado con uno de los códigos y voy por el siguiente.

Dejo la libreta, abierta en la página correcta, en el gran escritorio del gobernador Essex. El último la cogió, la giró y miro el código. Solamente números, no tenían relación entre sí. Eran inclusive demasiado altos algunos para reemplazarlos por su lugar en el alfabeto.

-Detective Darrel, esto no me dice nada. – ópino

-Secundo con eso, señor. – dijo Peter, insistiendo en lo que menciono unos segundos antes en el pasillo.

Robert se adelantó para aclarar la confusión.

-Puede que a mi sí me digan algo esos números. – Robert tomó de nuevo su libreta. Miró a Cristian y pregunto sobre el acertijo. - ¿Qué tal llevan contestado su acertijo, sargento?

Cristian astintió con la cabeza mientras contestaba:

-Mucho avance llevamos, Darrel. Los obligue a subrayar todo lo que parezca referencia al acertijo. Ahora mismo deliberaremos cuales son las posibilidades de responder ese acertijo.

Robert asintió de igual manera. Antes de poder retirarse, Michael Essex le hablo.

-Detective Darrel me gustaría presentarle a una persona muy importantísima el día de hoy. – Essex señalo a la mujer con la indumentaria de INVI. – Ella es la agente especial Sally Caine.

Robert le estrecho la mano y la saludo de beso en la mejilla. Ella era una Soldado de Investigación.

-Mucho gusto, señorita Caine. – dijo Robert. Después de soltarle la mano, Sally saludo de la misma forma a Peter. - ¿A qué se debe su presencia?

-Creo que es algo relacionado a Investigación Interna, señor Darrel, por lo que es desubicado declarar mis intenciones.

-Oh, oh vaya. Agente Sally, no sé si lo notó pero yo y mi compañero fuimos sacados de nuestra rutina diaria para venir a un asunto muy poco común, y nada corriente.

Sally se quedo con cara pensativa y después dijo:

-INVI no puede quedarse de brazos cruzados cuando la prisión más segura de Asteria es lugar de un homicidio, para después enterarse que el asesinado dejo mensajes de advertencia de que el país se encuentra en peligro.

La respuesta no tenía nada de nuevo, ni sorpréndete. Era obvio que iba precisamente para el mismo asunto que Robert y Peter, solamente que abordado desde otro punto de vista.

Robert, seguido por Peter, se preparó para salir. Antes de que preguntaran sus acompañantes a donde iban, Robert les indicó que a la celda de Kevin.

Caminar libremente por la Penitenciaria de Máxima Seguridad Kiedis le parecía a Robert algo extraño. A pesar de estar llena de criminales de un grado de peligrosidad impresionante, se sentía vacía. Las puertas cerradas herméticamente silenciaba el grito de esa escoria de la sociedad. Las únicas personas que se veían eran los guardias, que caminaban por su viaje de rutina armados.

Llegaron de nuevo a la celda de Kevin. Aún había un par de guardias cuidando, pero estaban descansando sentados en el suelo, con su armamento HK MP5 junto a ellos; al momento de observar a Robert y Peter acercarse intentaron levantarse, pero Robert les hizo una seña con la mano de que no lo hicieran. Él ya se imaginaba lo estresante que sería cuidar una celda y no dejar entrar a nadie. Sin embargo, cuando entraron, se dio cuenta de que no estaba sola la celda.

Adriana Romo estaba dentro, también custodiando. Cuando los vio ella no presento tanta sorpresa como los detectives.

-Detectives, que bueno verlos. Para ser sincera, yo misma vine a cuidar la celda. El gobernador Essex destino solo a dos guardias al lugar; si en realidad aquí se encuentra la clave para salvar a Asteria entonces debe ser mejor cuidada.

Robert y Peter pensaron que en realidad Adriana estaba en lo correcto. Si había un enemigo allí suficientemente fuerte como para matar a un prisionero con un arma que es difícil de ingresar en uno de los lugares más seguros del país, entonces debían tener precaución con esa celda. Inclusive, deberían tener a algunas fuerzas especiales cuidando ese lugar, no a dos guardias únicamente.

-Se lo agradezco, oficial Romo. Por suerte tenemos el código del asterisco, y teniendo en cuenta que su hermano ya se encuentra resolviendo el otro, solo quedaría uno solo. Esperemos que después de eso, ya todo sea más fácil. Y claro, que el gobernador tengan en cuenta que debe enviar a más guardias.

-Me pregunto, oficial Romo ¿Por qué no lo hace, como usted dice? – Cuestiono Peter – Tiene a muchos guardias en descanso en este preciso instante ¿No le importa cubrir mejor la celda?

-¡Claro que hay muchos! Tienen su hora de descanso, pero en ocasiones especiales pueden servir fuera de su horario habitual, es parte del contrato. Pero parece que Essex lo olvida, ya que prefiere dejar esto desprotegido, a merced de cualquier sospechoso que quiera borrar las pruebas en su contra.

-¿Cómo sabemos que no han sido ya modificados? – pregunto Peter.

Robert tocó la pared con el asterisco de números y no sintió que tuviera marcador fresco; aun así agregó:

-Si han sido modificados, esto no me dirá nada. – Robert abrió y hojeo su libreta de anotaciones y encontró las 12 cifras, una por cada línea del asterisco de los números. – Cada número me indica una letra, empezando por la línea más alta – la señalo con el dedo – y bajando el número de letras que Kevin me ha indicado, después seguir en sentido de las agujas del reloj. Aquí dice veinte, así que veamos.

Robert comenzó anotar las letras que se le iban indicando. Por desgracia, no veía significado en las letras. Peter y Adriana veían sobre los hombres del investigador pero tampoco le encontraban sentido a la palabra que iba escribiendo: SXOC…

Cuando por fin termino, después de unos 5 minutos de contar bien cada letra de acuerdo a su ordenación, Sin embargo, la palabra no tenía sentido, al menos para Robert.

-¿Alguien sabe qué significa SXOCNAITSABE? ¿Es acaso el código de un interno?

-No lo creo, detective. Todos los internos llevan iniciales de sus nombres y un código de números aleatorio. Inclusive, son 12 letras.

-Tiene razón, Robert. Ese no es el código de un preso ¡Ni siquiera de la modalidad antigua de registro! Antes de la Guerra de Impacto de 1976 eran códigos de 16 caracteres combinando números y letras.

Robert entonces comenzó a copiar las letras pero al revés, al contrario de como las había anotado. En lugar de seguir la primer S con la X lo hizo con la E y las que venían.

-A veces la pregunta es más simple que la misma respuesta. – Robert termino de reacomodar las letras y le enseño a Adriana la nueva palabra. Peter pareció notar que por una fracción de segundo el semblante de Robert cambiaba a miedo, pero entonces continuo con la misma de siempre. – Entonces, oficial Romo ¿Sabe quién es Sebastián Cox?

Adriana asintió y tomo la libreta en sus manos como si necesitara sostenerla para entender bien que no estaban equivocados.

-Sebastián Cox, un terrorista de alto grado de peligrosidad encerrado aquí desde hace 4 años. – dijo mientras le devolvía la libreta a Robert. – Investigación Interna lo trajo específicamente, es algo raro ¿sabes? En mi estadía en la prisión solo he visto que traigan a un puñado. Al parecer es un nacionalista extremo de Estados Unidos y era integrante de la División de Actividades Especiales o del Servicio Nacional Clandestino de la CIA.

-Era integrante de la División de Actividades Especiales “del” Servicio Nacional Clandestino, oficial. – corrigió Robert. – Y aun así era del Grupo de Actividades Especiales. Lo mejor de lo mejor en el “terrorismo” de Estados Unidos. Equiparable con los Guerreros Invisibles.

Peter y Adriana dijeron al mismo tiempo “Sí” con una nota de preocupación.

-¿Dónde se encuentra Sebastián Cox, oficial? – pregunto Robert mientras se guardaba la libreta de anotaciones.

-En la zona de Ultra Seguridad. Un lugar con varios protocolos de seguridad y cuyas puertas necesitan un código especial diferente al de cualquier otro interno aquí. Las demás celdas, detective, parecen de prisión normal comparándolo con el selecto grupo de 10 celdas de Ultra Seguridad.


Robert y Adriana se dirigían a la zona de Ultra Seguridad mientras Peter lo hacía hacia la oficina del gobernador Essex para informarle de la situación. Probablemente Sebastián Cox era el responsable de la muerte de Kevin. Pero ¿Cómo lo había hecho? Estaba en la zona más segura de la prisión más impenetrable de Asteria.

-¿Hay alguna forma en que Sebastián haya podido asesinar a Kevin? – pregunto Robert mientras giraban una esquina y bajaban unos escalones.

-No directamente. Sería…imposible. – respondió Adriana mientras insertaba su tarjeta de trabajo en una ranura y giraba la manecilla para entrar. Posiciono ambas manos para empujar, lo que daba a entender a Robert que eran puertas pesadas.

-¿Por qué imposible?

-La zona de Ultra Seguridad, o UltraSeg, es el confinamiento extremo. Las 10 celdas son suficientemente grandes para evitar que el preso se atrofie o enloquezca por el tamaño, pero no pueden salir. Se consideran demasiado peligrosos.

-¿Pudo haber escapado? – pregunto Robert.

-No; después del asesinato de Kevin se hizo un conteo celda por celda de que todos los presos estuvieran allí. Todas las celdas, inclusive las de UltraSeg, la zona Sub y la zona de neuróticos fueron revisadas de cabo a rabo. El único que faltaba era Kevin, y no debo explicar porque por obvias razones.

-¿Cómo saben si no ha vuelto a la celda después de asesinarlo?

-La zona de UltraSeg tiene 2 puntos de control para salir, sin contar que las puertas solo pueden abrirse si el guardia encargado lo hace. El primer punto de control, que acabamos de pasar, es una puerta reforzada codificada para que solo se abra con la tarjeta de trabajo de los guardias que trabajan aquí y que llevan más de 5 años en el puesto. La segunda zona, que es adelante, es una puerta electrónico blindada que también solo puede abrir el guardia encargado con una tarjeta que solo porta él y el gobernador de la prisión. Ambas puertas son indestructibles ya que tienen un grado de blindaje RB VI. Pueden soportar tiros de bazooka e imposibles de hackear, ya que el firewall y la protección remite directamente con la computadora Psiloi de Investigación Interna.

-Los guardias de la zona UltraSeg al parecer deben ser muy confiables para dejarles tal responsabilidad. Si uno de ellos fuera rebelde sería realmente difícil evitar una crisis nacional.

-Tienen confianza plena en ellos, detective. Fueron candidatos a Guerreros Invisibles pero por una razón u otra no pudieron pertenecer a ese grupo. Al igual que la prisión Xantos en su zona de UltraSeg, responden tanto al gobernador de la prisión como al encargado en INVI.

Ambos se detuvieron frente a una puerta. Al lado había una ventanilla con un guardia que les pidió depositar sus armas en un conducto que las guardaría durante su estadía. Lo hicieron, y después la puerta se abrió. Cuando pasaron, otro guardia les pidió que se detuvieran mientras los registraba.

-¿Nombre? ¿Cartilla de Identidad? ¿Número de placa de la SENDA? – preguntaba el guardia. Después cada uno respondió a las preguntas mientras el entrevistador lo anotaba en una hoja de registro. Al terminar pudieron entrar.

Las 10 celdas de UltraSeg difícilmente podrían llamarse así. En realidad eran cuartos sin ventanas con una puerta grande y pesada accionada por un mecanismo que uno de los dos guardias manejaba. Lo único que podría considerarse ventana era un espacio pequeño por donde se le pasaba el alimento.

-¿Cuántos hay aquí? ¿Todas las celdas están ocupadas? – pregunto Robert a Adriana. Sin embargo, uno de los guardias le contesto:

-Solo la mitad.

-Gracias. Oye, Kauffman, necesitamos hablar con Sebastián Cox. Puede que sea el responsable del asesinato del otro preso.

Kauffman, el guardia que los registró en la entrada, le señalo la puerta que llevaba al lado un número 5 para indicar. Después giro hacia su compañero y aquel, de apellido Aeviss, abrió los bloques de seguridad. No era muy perceptible, pero escucharon como un mecanismo se activaba en la ancha puerta de seguridad.

-Les debo dar unos consejos de seguridad. – dijo Kauffman antes de dejarlos pasar. – Sebastián Cox es de lo mejor en los soldados clandestinos de EUA. Sin embargo lleva pulseras de seguridad, si se pone violento o intenta atacarlos nosotros las activamos y le da una descarga que lo aturde. No lo toquen, pueden recibir una descarga con él. Dejen aquí todos los aparatos electrónicos. Por cierto ¿alguno lleva un marcapasos?

Tanto Robert como Adriana negaron con la cabeza mientras dejaban su teléfono móvil con Kauffman.

-Deben tener cuidado. Allí dentro se encuentra el preso más peligroso de Asteria.

Después de todos los preparativos, el guardia abrió la puerta jalándola por un barrote que se asomo al quitarle el seguro. Sorprendentemente, la puerta giro más fácil de lo que Robert creía.

Un fuerte olor, como de un perfume de hombre, les invadió la nariz. Y después la pulcritud de la celda de ultra seguridad.

-¡Ah! Visita, un bien muy preciado en éste lugar. – dijo un hombre que estaba sentado de espaldas a ellos pero que miro por un espejo. Se giro. - ¿Quiénes son?

La puerta se cerró detrás de Robert y Adriana. Sin embargo, una cámara posicionada justo encima de la misma les daba ojos y oídos a los guardias.

-Adriana Romo, soy guardia de aquí. – dijo Adriana sin cortesía. – Él es un detective de la Fuerza Investigadora Nacional.

-Me llamo Robert Darrel, detective de homicidios de Castillo Francés.

-Vaya, usted sí que ésta fuera de su jurisdicción detective.

Robert solamente sonrió y miro Adriana. Ella igual sonrió, pero no sabía por que lo hizo.

-Señor Cox, aquí no hay tal jurisdicción como en su país. Tanto la PNA, la FIN, la AIN e INVI tiene jurisdicción en todo el país. Eso incluye ésta isla. Y si no fuera suficiente, el mismo presidente me ha firmado permiso para venir así que ¿Hay algún problema en eso?

Adriana sintió, por un leve momento, que la voz de Robert demostraba un dejo de coraje a la vez que victoria ¿Por qué coraje contra alguien que podría resolver o ayudar con la muerte de Kevin Hernández?

-Entiendo, detective. Supongo que viene conmigo por algo.

-Exacto ¿Puedo sentarme? – señalo Robert la orilla de la cama. Sebastián afirmo con la cabeza. – Debo explicarle unas cosas antes de comenzar a interrogarlo. Verá, no sé si se me permite decirlo, pero el día de hoy un interno, Kevin Hernández, fue asesinado. Puede que ahora mismo se pregunte “¿Qué diablos tiene de importancia un preso asesinado?” pues debo responder que ésta es la prisión más segura del país…

-¿La más segura, detective Darnell?

-Darrel, Darrel. Y sí, es la más segura del país.

-¿Así que es imposible filtraciones o escapes? ¿Cómo alguien puedo asesinar a un preso? Eso significa que el asesino es un guardia o de la administración. Fin del misterio.

Las pulseras que llevaba Sebastián se iluminaron por un segundo y después su portador gritó. Quedo confuso unos segundos y después recupero la compostura.

-Te lo has merecido, Cox. Debo continuar explicando todo. Pues bien, el asesinado, Kevin, dejo varios puzles en su celda que solo yo puedo contestar ya que él utilizo un código que usábamos en nuestra fraternidad universitaria. Todas las pistas han llevado a algo, y tú eres lo siguiente. Tú tienes, o sabes, como continuar la investigación.

Sebastián se quedo pensativo. Se acarició con ambas manos la cabeza y su cabello muy corto y canoso. Robert sabia que el ansia de acariciarse la cabeza era un efecto secundario de las pulseras de control de prisioneros peligrosos. También las usaba INVI al transportar prisioneros peligrosos, solo que la diferencia es que las conectaban para simular unas esposas.

-¿Qué gano yo de esto, detective? – pregunto Sebastián.

-¿Usted? Asteria se encuentra en peligro, si usted ayuda pueden reducirle la condena considerablemente o inclusive extraditarlo a Estados Unidos. – dijo Robert, con una sonrisa, para darle tranquilidad.

Sebastián lanzó una risa burlona y señalo a Robert de forma acusatoria.

-Miente detective y lo sabe. Soy un preso político en éste país de mierda, pero me calificaron demasiado peligroso inclusive para la zona Sub, con los demás presos políticos. Nunca me van a soltar de éste agujero.

Robert ya no soportaba. A pesar de no llevar mucho tiempo hablando con Sebastián ya se sentía harto del comportamiento del estadounidense.

-¿La convención de Ginebra sabe que lo tenemos? – pregunto Robert. Adriana se encogió de hombros.

Robert levanto su puño y le propino un golpe justo en la mejilla izquierda. La cara entera de Sebastián se giró y quedo recostado en el escritorio. Aun así, Robert sintió que tenía el rostro más duro que lo normal. Y Adriana, notó que Robert había dado un golpe de artes marciales muy potente, inclusive más que un detective común y corriente.

-¡Fuck you, asshole! – grito Sebastián, dejando el español a un lado y hablando en su lengua natal. – I prefer eat shit instead of help both of you.

-Te entiendo, pero no quiero hablar una mierda el inglés. – dijo Robert. – Sebastián, tú conocías a Kevin. Lo conocías bien. Era tu enemigo.

-Kevin se gano la enemistad de muchos aquí, supongo, pero no de mi. Nunca hable con él ¡Nunca salgo de aquí! – respondió mientras se enjugaba la sangre de la nariz.

Robert lo agarro de los hombros y después le escupió a la cara:

-¡Lo conoces! Antes de estar aquí. Él te atrapo.

La cara de Sebastián cambio a miedo y después a ira. Las pulseras se activaron de nuevo, aún con Robert tocándolo, por lo que la descarga le dio a los dos. Adriana ayudo a mantener en pie a Robert.

Robert y Adriana se sentaron en la orilla de la cama. Después Robert miro a Sebastián, ambos se rascaban la cabeza por el ansia del choque eléctrico.

-Tú… tú fuiste atrapado por él…

-A mi me atraparon los Soldados de Investigación. – dijo Sebastián. – No un preso.

-Él era un soldado de investigación. – Robert se irguió de nuevo. - ¿Recuerdas la Persecución de Chateau?

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