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Con algunas heridas en la cara y atado a lo alto de una columna en una nave industrial abandonada, estaba Hikaru. Cuando despertó, vio a una chica sentada frente a él con un traje muy ajustado, quizás para provocarlo. Sus ojos fueron directos a los pechos de Reia, quien le observaba lascivamente.

- Oh, ¿te gustan? Son completamente naturales... querido.

Hikaru no pudo evitar ruborizarse, pero Ayame era quien más le importaba en realidad. Aunque al verla no podía evitar sentirse atraído por ella. Hasta que le estaba robando sitio en su corazón a Ayame.

Reia dio un gran salto y quedó suspendida en el aire, hasta el punto en que los pechos y la sorprendida y angustiada cara de Hikaru se encontraron.

- Pues ahora podrás verlas más de cerca...

Antes de que Hikaru pudiese apenas abrir la boca para pedirle que se retirase, encontró que los labios de Reia se sellaban con los suyos. No supo cuánto duró aquel beso, pero lo peor era que a Hikaru le estaba gustando.

Sólo fueron interrumpidos cuando la puerta se abrió de golpe, ante la mirada desencajada y las lágrimas de dolor que salían de los ojos de Ayame. Al verla, Reia sonrió.

Había cumplido la primera parte de su objetivo. Ahora sólo quedaba matarla.

- ¡¡¡HIJA DE PUTA!!! -explotó Ayame.

- ¡Vaya, monina, esa boca la tienes muy sucia! ¿No sabes que las niñas pequeñas como tú no pueden decir tacos? -respondió sonriendo falsamente.

- ¡¿Y ESO QUÉ TE IMPORTA?! ¡¡UNA ZORRA COMO TÚ DEBE MORIR!!

Ayame desenfundó dos de los cuchillos que llevaba en el cinturón y se lanzó corriendo hacia ella, quien la esperaba impasible. Cuando estaba a menos de diez pasos de ella, dio un salto que la dejó suspendida en el aire.

- Oh, ¿quieres jugar a ver quién mata a quién? Encantada.

Reia formó varios pequeños y puntiagudos pinchos que dirigieron hacia Ayame, que se protegió en el último segundo con un campo de fuerza. Reia era tan rápida que a Ayame sólo le daba tiempo o a ocultarse o a protegerse por un corto margen de tiempo. Reia empezaba a aburrirse:

- ¡Vamos, ataca! ¡No me estás dando juego! ¡Creía que esto sería más divertido!

El último de los pinchos era más grande y atravesó de lleno el resentido corazón de la pobre Ayame. Hikaru despertó de su aletargamiento y observó desde lejos la sangre que inundaba poco a poco el cuerpo y la ropa de la chica, la cual se derrumbó.

A Hikaru no le salían las palabras. Primero su hermana, después sus padres, y ahora Ayame. Ya nada sería igual.

Por su parte, Reia había cumplido con el favor que les había hecho a las novias de Markus y Raito. Su satisfacción se reflejó en la sonrisa lasciva que dibujó en sus labios.

Pero al volverse, su sonrisa desapareció. Hikaru, conteniendo la ira, sostenía con sus manos una katana de grandes dimensiones, mientras las primeras lágrimas salían de sus ojos azules.

- Tú...

- Oh, cariño, no juegues con cosas cortantes. Ahora estamos los dos solos... ¿no te parece bien...?

- ¡¡DÉJAME, ZORRA!! ¡¡YO QUIERO A AYAME, NO A TI!! ¡¡EL PROBLEMA ES QUE LA HAS MATADO!!

De repente, y ante el terror de Reia, se vio suspendida en el aire. La diferencia era que ella no lo controlaba.

Alguien la estaba controlando desde lejos, y un pequeño brillo rojo aumentaba su potencia a cada acción. Ahora la que sonreía era otra.

- ¡¿Qué haces?! ¡¡DÉJAME!! ¡¡AH!!

El grito fue consecuencia de su desnudez. Quienquiera que fuese la que la estuviera controlando, tenía mucha fuerza, y le había quitado la ropa.

- Uhm, esa ropa tan ajustada te tiene que dar frío... ¿Qué tal si te pones calentita, guapa...?

El cuerpo ensangrentado de Ayame aún yacía ante Hikaru, que soltó la katana para pasar unos últimos minutos junto a ella. O eso creía él.

Una herida y algo cansada Ayame, cabizbaja y con su brazo derecho extendido, mostraba una sonrisa desconocida, mezcla de psicótica y vengativa. Se fue dejando ver de entre las sombras, y a la vez que controlaba y llevaba hacia una trampa a Reia, se iba acercando a pasos dudosos y lentos a Hikaru, mientras seguía mirando su cadáver, aparentemente sin vida.

- <<Es hora de que te vayas al infierno, zorra. Nadie me quita a Hikaru>>.

El cuerpo desnudo de Reia caía sin remedio al caldero, y comenzaba a desintegrarse poco a poco. Mientras tanto, el otro cuerpo desapareció como si nunca hubiera existido, ante la sorpresa del chico.

- ¿Creías que iba a dejarme matar... Hika-kun?

- ¡¡AYAME!! ¡¡AYAME-SAMA!!

Pronto se vio contra una columna, con un lloroso Hikaru abrazado a ella. Pero fueron interrumpidos cuando la policía entró en la nave de repente.

- ¡¡ALTO, POLICÍA!! ¡Ayame, quedas deteni...!

Ayame lo solucionó todo en cuestión de segundos, cuando todavía abrazada a Hikaru, y extendiendo su brazo izquierdo, susurró unas palabras extrañas:

- Kokoro wa sora ni...

Al pronunciarlas, los allí presentes se miraron confusos, pues no recordaban nada de lo que iban a hacer.

Ayame miró dulcemente a Hikaru, y le susurró:

- Bueno, ¿qué estamos hacien...?

La frase de Ayame fue interrumpida por un apasionado beso de Hikaru, quien creyó que la perdería para siempre. Ella respondió agarrándose con las manos a la espalda, tras lo que de inmediato pararon y volvieron a casa.

Les esperaba una larga noche de celebración.

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