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La Aleta Dorada: Conociendo a la ballena
Creador B-52 Jornet
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Datos Más datos

Capítulo IEditar

  • Méndez: Hoy es un lindo día, ¿Qué te parece, Beaumont?
  • Beaumont: ¿Hoy qué vamos a atrapar, capitán? ¿Ballenas de qué tipo?
  • Méndez: Todo depende del hombre de arriba, él nos dará lo que nos merecemos.

El barco ballenero El Marsupial andaba por los mares desprolijamente y en varias direcciones, las olas del Mar Báltico golpeaban los metales del Marsupial como si fuesen bestias marinas.

  • Méndez: Demonios, creo que hoy es un día no tan apreciable.

La lluvia era abismal, caía fuertemente a los techos del barco ballenero. Los tripulantes vestidos de ropa de lluvia buscando ballenas y cantando canciones antiguas de los 70'. El capitán Méndez y el co-capitán Beaumont controlaban el timón como locos desgraciados buscando un camino para escapar de las nubes negras y de las olas agresivas.

  • Méndez: Howard, ¿Hay alguna ballena?
  • Howard: Creo que no. Creo que es imposible que hayan ballenas en el Mar Báltico, ¿No cree?

Howard era el tripulante en jefe, encargado de organizar a todos los miembros de El Marsupial.

  • Beaumont: Valdrá la pena si pescamos salmones o atúnes, podríamos alimentarnos como privilegiados.
  • Méndez: Nada de salmones ni atunes en este barco, ¡Solo habrán ballenas grandes y gordas!
  • Tripulante: ¡Capitán! ¡Hemos encontrado a una ballena!
  • Méndez: Quiero que usen los arpones, ¡Ahora mismo!

Los tripulantes aparecieron con sus arpones y dispararon a la aleta de la ballena, luego, lograron traer a la ballena y lo subieron al barco.

  • Howard: Capitán, esa ballena tiene una aleta de metal.

El capitán Méndez salió de la sala del timonel y bajó las escaleras hasta llegar a la ballena, esta ballena era grande y de color azul con una aleta de color dorado. No sangraba, la ballena ni daba un chillido.

  • Méndez: Hey, esta ballena parece tener una aleta de oro puro. -Toca la aleta- Sí, es oro de verdad. ¡Somos millonarios-billonarios!
  • Beaumont: Bien, llevemoslo al matadero.
  • Méndez: ¡Ey! -Pone su mano en el hombro de Beaumont- Hay que dejarlo con vida.
  • Beaumont: ¿Dejarlo con vida? Oye, en tus 26 años como capitán de El Marsupial jamás dijiste que una ballena salga con vida.
  • Méndez: Pues... -Da una cachetada a su co-capitán- Oye, ¿Quién es el capitán? ¡Yo! Ahora, quiero que pongan a esa ballena en un tanque de agua por medio de esas grúas...

Capítulo IIEditar

A la mañana siguiente, en El Marsupial, el capitán Méndez comía de un delicioso emparedado con una refrescante taza de café. El capitán Méndez miraba el tanque de agua, donde allí estaba la ballena con la aleta dorada.

  • Méndez: Es extraño que esa ballena no de ni un solo ruido, parece educado o algo así.

El tripulante en jefe, Howard, viene para dar unos avisos.

  • Howard: Capitán, han venido visitas.
  • Méndez: ¿Visitas? Howard, nuestro barco prohíbe las visitas.
  • Howard: Pero es un hombre millonario, parece que viene para dar una oferta.

Méndez deja su emparedado en su mesa y baja las escaleras, hasta llegar al puerto donde lo esperaba un mozambiqueño vestido de blanco con dos hombres musculosos detrás.

  • Méndez: ¿Quién es usted?
  • Samoche: Hola.

Samoche era el apodo del mozambiqueño vestido de blanco, capitán de un barco ballenero que es conocido por pescar ballenas asesinas y comprar corporaciones balleneras.

  • Méndez: Con decir "Hola" no da ningún efecto.
  • Samoche: Me conocen como Samoche, soy un millonario de Mozambique, conocido por comprar corporaciones balleneras y pescar criaturas abismales del fondo del mar.
  • Méndez: Demonios...
  • Samoche: He venido para comprar a su querida ballena, tiene una aleta de oro y además un gran cuerpo.
  • Méndez: Bueno... ¿Cuánto cree que vale esa ballena manca?
  • Samoche: Más o menos... 12.000 euros yo diría.
  • Méndez: Oiga, tiene una aleta de oro. Debe valer como 120 millones de euros.
  • Samoche: Ey, ey, ey. Esa ballena parece tener una aleta de metal bañado en oro.
  • Méndez: ¿Está burlándose de mi ballena? ¿Sabe qué? La oferta está cancelada, quiero que vuelva a su capital y haga su trabajo diario.
  • Samoche: ¿Cómo puede perder una oportunidad como esta? Puedo darle todo...
  • Méndez: Eso me gusta, pero creo que me da mala espina.

Méndez se retira, y el mozambiqueño millonario queda varado en medio del puerto con sus dos hombres.

Capítulo IIIEditar

  • Howard: ¿Ha aceptado la oferta? ¿La ballena se va?
  • Beaumont: Oye, espero respuestas positivas y favorecibles para El Marsupial.
  • Méndez: ... Creo que no, he rechazado la solicitud. Ese tal "Samoche" debe buscar otro barco ballenero.
  • Howard: Señor, el Sr. Samoche es un hombre poderoso. Lo va a matarlo.
  • Méndez: ¿Qué me importa?
  • Beaumont: Que haga lo que quiera el capitán, él es el que decide las cosas en este barco.
  • Howard: No parece tener apariencia de líder.

El capitán Méndez y Howard estaban peléandose como locos, hasta que un profesor (no más de 49 años) vino de la nada con su reloj de bolsillo y su bastón de color negro.

  • Méndez: ¿Quién es? ¿Otro comprador?
  • ???: ... No... Soy el profesor Hooker.

El profesor Hooker es un profesor excelente, biólogo e historiador profesional. Había venido al barco para investigar un poco sobre la ballena.

  • Hooker: En el periódico apareció que este barco atrapó una ballena con una aleta de oro, he venido desde Glasgow para investigar a esta creación maravillosa que logró sobrevivir.
  • Méndez: Ah, un profesor de los Países Bajos. ¿Quién fue el periodista que espió nuestra comunidad marina?
  • Hooker: Al parecer un mozambiqueño llamado Kouakou Samoche...
  • Méndez: Demonios, ese mozambiqueño nos espió. Maldito desgraciado.
  • Hooker: ¿Conocen a ese tipo?
  • Méndez: Claro, vino aquí para comprar a la ballena. Pero yo rechacé.
  • Hooker: Hizo una elección correcta, capitán. Greenpeace y varias organizaciones en contra de la pesca de ballenas dieron atenciones a Kouakou Samoche hace dos años, y este tipo las ignora.
  • Howard: Bueno, quiero que vaya e inspeccione a la ballena si está bien.

Hooker se dirigió al tanque de agua y empezó a inspeccionar la aleta de oro y el estado que estaba la ballena.

  • Hooker: Esta ballena tiene una aleta de oro puro, además, la aleta tiene mecanismos para que la ballena pueda desplazarse mejor.
  • Méndez: ¿En qué año le habrán puesto la aleta de oro, profesor?
  • Hooker: Más o menos en... 1940.
  • Méndez: ¿Cómo lo sabe?
  • Hooker: Lo dice en la aleta -Señala las escrituras en la aleta- 16 de abril de 1940, Industrias Wilhelm-Alexander Katainen.
  • Méndez: Entonces... Estamos en 1989 y esta aleta fue instalada en 1940... Son 49 años...
  • Howard: Usted sí que sabe mates, capitán.
  • Méndez: Cuando estaba en la secundaria logré obtener un premio por Matemáticas.

Capítulo IVEditar

La ballena con la aleta de oro logró no convertirse en aceite ni en carne para consumir, de hecho, fue conocido como una celebridad.

  • Hooker: Gente, en vez de hacerle fotos a la ballena, es mejor buscar la razón por la que pusieron esa aleta de oro.
  • Méndez: Perfecto, antes que nada, ¿Cómo lo averiguamos?
  • Hooker: Por medio de las pistas, ¿Qué estaba escrito en la aleta?
  • Beaumont: Y... 16 de abril de 1940.
  • Hooker: No, no. Estaba escrito Industrias Wilhelm-Alexander Kateinen. Allí esta la respuesta.
  • Howard: Osea... que los obreros y el dueño de esa empresa saben la historia de esa ballena, ¿No?
  • Hooker: Pues claro que sí. Ahora, vayamos allí a charlar con el dueño y ya...

Cuando los hombres llegaron a las Industrias Wilhelm-Alexander Kateinen, allí no había nadie. La fábrica estaba cerrada con tablas de madera y enredaderas. Obviamente la fábrica estaba abandonada.

El capitán Méndez y Howard rodearon la fábrica hasta llegar a una casita de madera, con una fogata y una sartén. Tocaron la puerta de la casita y los recibió un hombre de 30 años.

  • Kateinen: ¿Quiénes son ustedes?
  • Méndez: Somos marineros, ¿Usted sabe esa noticia de la ballena con la aleta de oro?
  • Kateinen: Emmm... sí.
  • Méndez: Pues, en la aleta estaba escrito el nombre de esta fábrica. Queríamos saber información sobre esa aleta de oro.
  • Kateinen: Bueno... La fábrica era de mi difunto abuelo de 99 años.
  • Méndez: Ni más sentido pésame...
  • Kateinen: En la habitación de mi abuelo, cuando estaba apunto de ver la luz, me había contado una historia interesante acerca de un animal marino.

Era el 14 de julio de 1939, la Industria Wilhelm-Alexander Kateinen tenía a sus obreros trabajando.

  • Wilhelm Kateinen: Señores, quiero que sigan trabajando. No quiero ver a nadie descansando en horas de trabajo.

La industria se encargaba en lo metalúrgico, fabricaban todo tipo de cosas de metal. En la oficina, el jefe Wilhelm Kateinen recibió una llamada importante de un marinero.

  • Wilhelm Kateinen: ¿Hola?
  • Kuypers: Buenos días, Señor Kateinen. Soy yo, el capitán Karl Kuypers.
  • Wilhelm Kateinen: Ahhh... Eres tú, Karl.
  • Kuypers: Te llamo para pedir que me hagas una aleta de cualquier metal que tengas, que sea una aleta con mecanismos que le resulten cómodas a una ballena. 
  • Wilhelm Kateinen: ¿Una aleta para una ballena? Estás loco, Karl. Tú jamás me pides algo para una ballena.
  • Kuypers: Pero hoy sí, Wilhelm. Quiero que me hagas una aleta, después te pago con el sueldo que recibo del Gremio de Pescadores.
  • Wilhelm Kateinen: Ahhh... Bueno, está bien.

Wilhelm cortó la llamada y le dijo a sus trabajadores que construyan una aleta de ballena hecha de oro. Oprimió un botón y luego todos los trabajadores comenzaron con la nueva tarea.

Capítulo VEditar

Después de 10 meses, la aleta resultó salir perfecta.

  • Wilhelm Kateinen: ¿Hola, Kuypers?
  • Kuypers: Wilhelm, ¿Ya lo construiste?
  • Wilhelm Kateinen: Claro que sí, ¿Dónde nos encontramos, Karl?
  • Kuypers: Ya sabes, en la playa.
  • Wilhelm Kateinen: ¿Cómo vas a conectar la aleta de oro con la ballena?
  • Kuypers: Espera... ¿Aleta de oro? ¡Estás loco! ¡Podías haber hecho una aleta de hierro o tal vez de bronce, pero no de oro!
  • Wilhelm Kateinen: Tranquilo, Karl. Somos amigos, la deuda la paso como ya hecha.
  • Kuypers: Gracias, nos vemos en la playa a las 14 horas.

Wilhelm terminó la llamada y se preparó para ir a la playa.

14:05, Wilhelm y sus trabajadores se reunieron con los marineros de Kuypers. La ballena estaba lista para tener una nueva aleta.

  • Wilhelm Katainen: ¿Cómo vas a conectar la aleta con la ballena?
  • Kuypers: Lo haremos con nuestros 120 hombres, lo conectaremos con la fuerza y siguiendo los pasos de un médico.

Los 120 hombres levantaron la aleta de oro y clavaron la aleta en la ballena, el médico inspeccionó y dio la señal de aprobación.

  • Colzer: Perfecto, ahora empújenlo al mar.

Más de 10 camiones y algunos tanques empujaron a la ballena, y lo llevaron al mar. Después de 30 minutos, la ballena se fue de la nada.

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Capítulo VIEditar

  • Katainen: Y esa es la historia de esa ballena.
  • Méndez: Y la razón por la que la fábrica se fue a la bancarrota.
  • Katainen: Claro, si mi abuelo no hubiese construído la aleta, la fábrica seguiría en funciones. Maldito sean los pescadores.
  • Méndez: Oye... Tranquilo, entonces... la historia de la ballena sin aleta lo sabe el Gremio, ¿Eh? -Se dirige hacia Katainen- Gracias por habernos contado la historia de la aleta de oro.
  • Katainen: Es un placer, y no quiero volver a ver más a un pescador en mi morada.

Cuando el capitán Méndez y Howard se subieron al camión, Howard condució hasta el Gremio de Pescadores guiado por Méndez, que sabía la localización del gremio.

Llegaron al Gremio de Pescadores a las 3 de la tarde, era un puerto custodiado por oficiales de policía y otros pescadores. Cuando Méndez bajó del camión, se dirigió hacia los guardias.

  • Méndez: Soy miembro del Gremio, dejen pasar al camión.
  • Guardia: ¿Nos puede mostrarnos el credencial?

El capitán Méndez muestra su credencial, y rápidamente los guardias abren el portón y dejan pasar el camión.

  • Méndez: El Presidente del Gremio de Pescadores sabrá acerca de la historia del pescador Kuypers.
  • Hooker: ¿Cómo lograste conseguir tanta información sobre esa aleta?
  • Méndez: El nieto del dueño de esa fábrica me lo contó, la fábrica se fue a la bancarrota por haber fabricado esa aleta.

El camión llegó al estacionamiento, y se dirigieron a la central.

Capítulo VIIEditar

Cuando se dirigieron a la oficina del presidente del gremio, los recibieron dos hombres: un hombre vestido formalmente de color púrpura y otro hombre de más de 90 años de edad siendo alimentado por el otro hombre.

  • Albert: ¿Quiénes son ustedes?
  • Méndez: Soy parte del gremio, ¿Ese hombre es el Sr. Kuypers?
  • Albert: Emmm... Sí, ¿Algún problema?
  • Méndez: Quiero saber la historia de la ballena que perdió una aleta suya, solo eso y ya.
  • Albert: Sr. Kuypers, ¿Tiene las fuerzas para hablar sobre esa historia?

Kuypers susurra a Albert, el presidente.

  • Albert: Por suerte, les va a contarles la historia.

14 de julio de 1939, el barco ballenero del capitán Kuypers andaba por los mares.

  • Kuypers: Hoy es un lindo día, un día como para cantar villancicos de navidad -Risa-

El barco ballenero del capitán Kuypers andaba tranquilamente por el mar salado. Quieto como si no hiciese ningún movimiento.

  • Anshan: Capitán.
  • Kuypers: ¿Qué sucede, Anshan? ¡Por dios, déjame contemplar el mar!
  • Anshan: Es que han venido unidades portuguesas de Mozambique detrás nuestro.
  • Kuypers: ¿Portugueses?¿No son rebeldes de Mozambique?
  • Anshan: Nada de eso.

El co-capitán Hazan Anshan muestra los barcos portugueses de Mozambique al capitán Kuypers, que estaba muy confuso.

  • Kuypers: Oye, Anshan. Parece que me estás engañando, esos no parecen portugueses.
  • Anshan: Capitán, no se preocupe.

Anshan se dirigió a la habitación del capitán y sacó 30 mil dólares de la caja fuerte, y de inmediatamente lo guardó en una valija de cuero.

  • Anshan: Capitán, quiero que apague el barco.
  • Kuypers: ¿Apagar el barco? ¿Estás loco? ¡Esos hombres no parecen portugueses! Ademas, ¿Qué haces con esa valija?

El barco de los "portugueses" se acercaba poco a poco, cuando estaban demasiado cerca, Anshan se lanzó y logró aterrizar en el barco de los "portugueses".

  • Kuypers: ¡Demonios! ¡Maldito traidor!

Cuando Kuypers escapaba, Anshan mandó a los rebeldes mozambiqueños a disparar al capitán. Pero, luego se alejaron del barco y se adelantaron.

  • Kuypers: Pavlov, ¿Tienes el RPG?
  • Pavlov: Sí, señor.

Con el lanzacohetes de Kuypers, apuntó y lanzó. Pero, cuando el misil estaba a 10 metros de distancia, una gran ballena apareció de la nada.

  • Kuypers: ¡Demonios! ¡No!

El misil del RPG le dio a la aleta de la ballena, y este calló.

  • Kuypers: La ballena está intentando flotar con la aleta derecha, ¡Rápido! ¡Llévenlo a la costa de Mozambique, ahora mismo!

Los tripulantes del barco de Kuypers de inmediatamente ataron a la ballena y lo llevaron a la Costa de Mozambique, por suerte.

  • Kuypers: Maldición, estamos completamente en problemas.

La ballena, entre el mar y la arena, descansando y respirando el oxígeno con mucha dificultad. Sangraba y sangraba.

  • Pavlov: Capitán, ¿Qué va a hacer?
  • Kuypers: Voy a tener que llamar a un amigo para que construya una aleta, luego lo llevaremos al mar.

Kuypers se dirigió a la sala del capitán y llamó a Wilhelm Kateinen.

  • Wilhelm Kateinen: ¿Hola?
  • Kuypers: Buenos días, Señor Kateinen. Soy yo, el capitán Karl Kuypers.
  • Wilhelm Kateinen: Ahhh... Eres tú, Karl.
  • Kuypers: Te llamo para pedir que me hagas una aleta de cualquier metal que tengas, que sea una aleta con mecanismos que le resulten cómodas a una ballena. 
  • Wilhelm Kateinen: ¿Una aleta para una ballena? Estás loco, Karl. Tú jamás me pides algo para una ballena.
  • Kuypers: Pero hoy sí, Wilhelm. Quiero que me hagas una aleta, después te pago con el sueldo que recibo del Gremio de Pescadores.
  • Wilhelm Kateinen: Ahhh... Bueno, está bien.

Kuypers corta y empieza a suspirar.

  • Pavlov: ¿Cuánto tiempo cree que va a a durar en armar una aleta con mecanismos?
  • Kuypers: Quizás unos años, vamos a tener que cuidar a esta pobre ballena durante un largo rato.
  • Pavlov: ¿Usted sabe lo que comen las ballenas?
  • Kuypers: Una especie de camarones bien pequeños -Mira al cielo- Dios... ¿Por qué me has dado esto?

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Capítulo VIIIEditar

La historia de la ballena ya estaba completa, ahora solo falta cuidarlo. Pero, cuando los hombres llegaron al barco. Los esperaba Samoche y su grupo de guardias musculosos mozambiqueños.

  • Samoche: ¡Ahí están!

De inmediatamente los guardias golpean a los hombres con el mango de la AK-47 y los llevan a Nacala, Mozambique.

Era un día caluroso, ya no estaban en Bélgica, sino en Mozambique. Todo gracias a Samoche, que logró robarse a la ballena con la aleta de oro.

  • Méndez: ¿Dónde estamos?
  • Hooker: Pues, el ambiente no parece Bélgica.

Los tripulantes y los cuatro hombres estaban atados de las manos y pies y amordazados por telas viejas.

  • Howard: Profesor, ¿Dónde estará la ballena?
  • Hooker: ¡La ballena! -Mira por todo el ambiente- Demonios, el mozambiqueño se lo ha robado.

De pronto, Samoche aparece sonriendo con sus dientes de oro y sus dos guardias musculosos.

  • Samoche: Capitán Méndez, si usted no hubiese rechazado mi oferta no estaría en Mozambique. Estaría en Bélgica sonriendo con sus ballenas y sus tripulantes. Lamentablemente voy a tener que matar a todo su personal.

El co-capitán Beaumont traga saliva.

  • Samoche: Empezando con este hombre -Levanta a Beaumont- Guardias, fíjense si este hombre tiene riquezas en sus bolsillos.

Los guardias inspeccionan a Beaumont y lanzan una señal diciendo que no tiene nada. Luego, Samoche con otra seña lleva a Beaumont a una cámara de gas.

  • Samoche: El gas de esa cámara está hecha con cianuro y grasa de ballena.
  • Hooker: ¿Podrías dejar de usar a las ballenas como productos perjudiciales para la sociedad humana? ¡Es disgustante!

Cuando el primer guardia enciende la válvula de gas, Beaumont empieza a respirar el gas maligno hecho por el millonario. Primero, vomita y cae al suelo y al final, muere y abandona su cuerpo.

Cuando llega el turno de Howard, este golpea la entrepierna de Samoche y escapa. Mientras que sus compañeros con valentía lo siguen.

Capítulo IXEditar

El capitán Méndez y su equipo lograron escapar del galpón, luego se subieron al camión de Samoche y lograron retirarse del puerto.

Cuando estaban en medio del desierto, un automóvil oxidado pasó. En el auto oxidado habían mozambiqueños con rifles cantando y bailando.

  • Méndez: Ey, esos hombres parecen ser policías civiles o protección.

Los mozambiqueños con sus rifles frenaron.

  • Méndez: Oigan, esos mozambiqueños frenaron.

Cuando un mozambiqueño bajó del auto con su rifle. Caminó hacia la ventanilla del automóvil y habló.

  • Mozambiqueño: Aquí está prohibido la entrada de americanos-
  • Méndez: Nosotros no somos estadounidenses, somos belgas.
  • Mozambiqueño: Da igual, todos son iguales. Quiero saber la razón por la que están aquí. Muéstrenme sus credenciales.

Méndez estaba confuso.

  • Mozambiqueño: ¿Acaso no tienen credencial? ¿Licencia?
  • Méndez: Pues... Tenemos licencia pero en Bélgica, en Mozambique no tenemos nada.

El mozambiqueño hizo un suspiro y de inmediatamente obligó a los hombres bajar del auto.

  • Méndez: Oficial... Señor... Alguacil...
  • Mozambiqueño: No soy ningún alguacil ni policía, trabajo para un hombre millonario.
  • Méndez: ¿Hombre millonario?
  • Mozambiqueño: No puedo hablar más, quiero que no vuelvan más aquí.

El mozambiqueño disparó al cielo y todas las personas entraron al auto y se largaron.

Capítulo XEditar

  • Méndez: ¿Hombre millonario? ¿Quién será?
  • Howard: ¿No será Samoche o alguien así?
  • Hooker: Puede ser...
  • Méndez: ¡Oigan! ¡Quiero conducir! ¿Por qué no cierran la boca? Vamos a hablar cuando lleguemos a la capital de Mozambique.
  • Howard: Maputo queda muy lejos de Nacala...
  • Méndez: Es lo mismo... Vamos a llegar cueste lo que cueste.
  • Hooker: Howard tiene razón, queda lejos y además la entrada puede estar custodiada por guardias o... -Traga saliva- terroristas...
  • Méndez: ¿Terroristas? ¡Ja! ¡No tengo miedo de ellos!
  • Hooker: Antes que nada, ¿Saben dónde está la ballena?

El capitán Méndez y los otros hombres se sorpendieron, se habían olvidado del "tesoro marino".

De inmediatamente el capitán Méndez dobló y se dirigió al taller que habían sido secuestrados hace unos minutos.

  • Howard: Capitán, ¿Qué está haciendo? Ese mozambiqueño nos dijo que no debemos estar aquí.
  • Méndez: Al diablo con ese hombre, haré todo para ver a esa ballena.
  • Hooker: Podemos estar en la cárcel, o peor, ser ejecutados.
  • Méndez: Oye, ¿Quién es el capitán? ¡Soy yo!
  • Howard: Pero ahora no estamos en El Marsupial, ¡El barco ya está inundado!
  • Hooker: No tienes poder en este vehículo.

El capitán Méndez frena.

  • Méndez: Escuchen bien, Beaumont murió y casi la mitad de los tripulantes también. La ballena está perdida y era la única llave para la fama y la fortuna. Ahora está perdido, y si está perdido, estamos perdidos.
  • Hooker: En el taller de Samoche no había ninguna ballena.
  • Méndez: Obviamente lo habrá escondido -Suspira- Ok, quiero que me apoyen. Si juntamos fuerzas, lograremos solucionar este problema y volver a Bélgica sanos y salvos con la ballena.
  • Hooker: Está bien.

Méndez pisa el acelerador y se dirige al taller, donde allí lo esperaría algo.

Cuando el capitán Méndez y su grupo bajaron del coche, el mozambiqueño que amenazó a los hombres tapaba el camino con su AK-47.

  • Mozambiqueño: ¿Qué les he dicho? Si vienen aquí, mueren.
  • Méndez: ¿Para quién trabajas?
  • Mozambiqueño: Es una pregunta estúpida, blanco. 
  • Méndez: ¿Trabajas para el tal Kouakou Samoche? ¿El millonario ballenero de toda África?
  • Mozambiqueño: El jefe Samoche no es ningun ballenero, es un saboteador. ¡Un pirata somalí!

El capitán Méndez miró a sus compañeros con la boca abierta, estaba aterrorizado. Kouakou Samoche quería robar en El Marsupial.

  • Hooker: ¿Entonces nos estás diciendo que Samoche no es de Mozambique?
  • Mozambiqueño: Nada de eso, el es de Somalia. Es un hombre conocido por sus robos en el mar. Los Estados Unidos buscan el cuerpo muerto de este prócer.
  • Howard: ¿Prócer?

De inmediatamente el mozambiqueño golpea a Howard con el AK-47 y lo mete en el camión.

  • Hooker: ¡Oye!

Cuando Hooker dio un puñetazo al mozambiqueño, le robó el AK-47 y preparó el gatillo.

  • Méndez: Ahora sí, el arma está en nuestro poder. Quiero que me digas dónde está Samoche ahora mismo y dónde conseguimos los boletos para regresar a Bélgica.
  • Mozambiqueño: Estúpidos europeos...

El capitán Méndez no soportó la ira, y rápidamente le quitó el arma a Hooker y disparó al mozambiqueño.

  • Méndez: Vamos al camión y veamos dónde se esconde nuestra ballena y el bastardo.

Capítulo XIEditar

El camión iba a toda máquina en busca de Samoche y la ballena.

  • Méndez: Qué extraño, ahora hay camino de cemento.
  • Hooker: ¿Qué quieres decir, Méndez?
  • Méndez: Creo que estamos llegando a los suburbios o algun poblado.

Hooker agradeció mediante una oración.

  • Méndez: ¿Cómo se encuentra Howard ahora mismo?
  • Hooker: Terrible, tiene un moretón en la frente. Creo que se desmayó o algo parecido.
  • Méndez: Estúpidos piratas, estoy enojado. ¿No puede haber paz en África?

Cuando Hooker miró a la derecha, se encontró con El Marsupial y con la ballena.

  • Hooker: ¡Méndez! ¡Mira! -Señala el barco- ¡Nuestro barco!

Méndez pisó el acelerador y siguió al barco ballenero, los tres estaban festejando alegremente. Pero... En el barco, unos piratas mozambiqueños abrieron fuego al camión donde conducía Méndez. El vidrio, las llantas, destrozadas por las balas.

  • Hooker: ¿Tienes el rifle?
  • Méndez: Pues claro que sí... -Le da el arma a Hooker rápidamente-

Hooker presionó el gatillo y las balas salieron como bestias del cañón. Logró darle a 3 hombres que no tenían armas, hasta que se dio cuenta que eran los tripulantes de Méndez.

  • Méndez: Profesor, ¡Tenga cuidado!
  • Hooker: ¿Qué quieres que haga? ¡El camión va muy rápido!

El malvado Kouakou Samoche por medio de un altavoz habla a los hombres.

  • Samoche: Vamos a fundir la aleta y fabricaremos productos con la carne y grasa de esta ballena. ¡Ríndanse! ¡El Marsupial está en nuestro poder junto con rehenes belgas! Como soy una persona muy bondadosa, voy a frenar. Y haremos una negociación entre líderes.
  • Hooker: Méndez, suena un poco traicionero. Será mejor que ignoremos al hombre y dejar la ballena en manos de los mozambiqueños.
  • Méndez: Ni loco, esa ballena lo he conseguido con sangre y sudor. Ellos lo consiguieron con fraude y... armas.

El camión frenó y El Marsupial también, los dos vehículos se acercaban poco a poco. Hasta llegar a centímetros.

  • Samoche: Hora del intercambio, capitán.
  • Méndez: ¿Por qué nos haces esto? ¿Qué es lo que hice en contra tuyo?
  • Samoche: Rechazar la propuesta que hice.
  • Méndez: ... -Mira a Hooker con cara de asustado-
  • Samoche: ¿No tienes lingotes de oro o monedas?
  • Méndez: ¿Me ves hecho de dinero? Solo por salir en los diarios no significa que gane millones de euros.
  • Samoche: Entonces quiero que te entregues, y si te entregas, liberaré a los tripulantes y a la ballena.
  • Méndez: ...
  • Hooker: No lo hagas, Méndez. Es mejor dejar a la ballena que entregar tu vida por una.

El capitán Méndez estuvo pensativo, hasta que salió una respuesta de su boca. Levantó sus dos brazos y dijo con un grito:

  • Méndez: Está bien.

Samoche se rió a carcajadas y bajó del barco con sus hombres.

  • Samoche: -Señalando a Hooker- Quiero que te subas al camión con tu amigo desmayado, nosotros nos iremos con el capitán Méndez.

Hooker asustado bajó del camión con Howard y se subió al barco ballenero.

Capítulo XIIEditar

  • Howard: ¿Dónde está Méndez, profesor?
  • Hooker: Creo que está muerto.
  • Howard: ¿Por qué?
  • Hooker: Es una larga historia, en el viaje te lo cuento.

Después de que el profesor Hooker haya contado la historia, Howard estuvo quieto y sin decir ni una palabra. El profesor Hooker siguió conduciendo el barco hasta llegar al Mar Báltico, donde presionó un botón.

  • Howard: ¿Qué va a hacer, profesor?
  • Hooker: Lo que jamás tuve que hacer, liberar a la ballena. Esta ballena nos trajo fama pero a la vez peligro. Nos dio mala suerte, perdimos a muchos hombres. Estuvimos en medio de un desierto africano y nos quedamos sin comida. ¿Crees que esta ballena es buena? Solo sirve para hacer perfumes, carne, cosméticos, etc.
  • Howard: ¿No va a quitar la aleta de oro?
  • Hooker: La aleta de oro se la dejamos, de hecho, la dejaremos como si nada pasó. Como si esto no hubiera sucedido, no nos hemos conocido ni has salido en los periódicos.
  • Howard: Si todo volviése a la normalidad, estarían aquí el capitán Méndez y el co-capitán Beaumont. Pero ellos ahora están muertos.
  • Hooker: ...

Hooker presionó un botón y la grúa del extremo del barco levantó a la ballena y la liberó.

  • Hooker: La ballena no existe, ahora es todo normal...

FIN

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