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Luna de Sangre

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SinopsisEditar sección

En una ciudad donde por la noche desaparecen familias sin ninguna explicación, el pueblo de Kaishi vive noches llenas de terror. El alcalde decide organizar unos juegos, la Buraddomūn to shi (Luna de sangre y muerte), para descubrir a quien comete los secuestros y ajusticiarlo.

Mientras tanto, el dios de la muerte Kurion y la diosa de la vida, Vitaria se enfrentan, pero no directamente; pues provocarían un apocalipsis si lucharan entre ellos. Para ello, envían a Kaishi a sus enviados para que, a su orden; termine con el otro.

¿Quién será el ganador de esta guerra sin fin?

CapítulosEditar sección

Capítulo 1: Despertares amargosEditar sección

Aquel atardecer no reflejaba la calidez normal de cualquier día. Una pequeña caja de madera sencilla era llevado a hombros mientras una procesión de capas negras se arrastraba por el suelo como si fueran fantasmas de carne y hueso. Las lágrimas iban dejando un rastro de dolor a cada paso inseguro.

Un niño pequeño había muerto debido a una profunda herida en su estómago, y lo habían encontrado a las afueras de la ciudad, rodeado de llamas que iban devorando su cuerpo poco a poco. Su madre, en la comitiva, era la que más dolor manifestaba; y parecía a punto de desmayarse, si no fuera por sus amigas que la acompañaban.

A la mañana siguiente, se repitió el mismo panorama: esta vez, una niña había aparecido decapitada y con múltiples heridas en su cuerpo, aparte de que le había desaparecido uno de sus brazos.

Quien estuviera cometiendo esos crímenes tendría que tener algún motivo. Nadie desaparecía y amanecía masacrado sin ninguna explicación aparente.

Hasta que la cantidad de crímenes sobrepasó el límite de lo razonable. El número de adultos muertos igualaba al de niños, e incluso lo superaba.

Los habitantes de aquel pueblo se amotinaron en el ayuntamiento una tarde calurosa de verano. El alcalde temía que el dios Kurion estuviera desatando su cólera por alguna razón, y que aquello se manifestara con tantas muertes. Pero la predicción de la lucha milenaria entre Vitaria y Kurion no había llegado todavía.

- ¡Tranquilícense, señores!-pidió el alcalde-. Sabemos que están preocupados por tantas muertes, y créanme, cada noche vivo con el miedo de que me maten a mí, a mi mujer o a mi hija. No estamos seguros de cuál es la causa de estos asesinatos ni si la persona que los comete trabaja para alguien. Pero si queremos descubrir al asesino... tenemos que jugar con sus mismas armas. Y para ello... ¡la Luna de sangre y muerte queda inaugurada!

Cada uno de los allí presentes se miraron confundidos.

Capítulo 2: Luna de sangre y muerteEditar sección

- En dicho juego -continuó el alcalde- hemos situado todo tipo de trampas que nos podrán revelar la identidad del asesino que ha barrido la ciudad de muertos. Estas trampas tienen instaladas cámaras ocultas, que transmiten una señal a los ordenadores del ayuntamiento si se activan.

Un joven saltó y exclamó:

- ¿Y cómo sobreviviremos por las noches?

- Bien -respondió el mandatario- hemos pensado instalar cámaras en cada una de las habitaciones de las casas, y aparte, hemos contratado agentes que mantendrán vigilados los exteriores de las casas. Con estas medidas, nada fallará y el asesino caerá tarde o temprano.

El alcalde sonrió confiado, y el pueblo respiró aliviado por primera vez en mucho tiempo.

Pero estaban muy equivocados.

Aquella noche, mientras las pocas familias que habían sobrevivido terminaban de cenar y se disponían a acostarse bajo la triple seguridad que había instaurado el alcalde; una oscura capa que ocultaba una fina espada guardada en su funda parecía flotar a poca distancia del suelo. Parecía dirigirse a las profundidades del bosque, y llegó a un antiguo templo casi destruido por el tiempo.

Era el templo de Kurion, lugar al que sólo iban los suicidas o los condenados a muerte.

Pero esta vez era diferente. La persona que se ocultaba tras la capa miró fijamente a un punto en el vacío de aquel santuario, alzó los brazos y susurró una especie de oración:

"Oh, Gran Kurion, te invoca tu Elegida, Akira Kurayami, para ofrecerte los frutos de mi última cosecha. Si no te satisface, me consideraré indigna de tu trato con una simple mortal. Muéstrame tu grandeza, oh tú, que enseñas a los necios lo que para ellos es una terrible verdad".

Sólo hubo silencio por respuesta. Pero comenzó a aparecer un brillo morado, que luego se desdobló en blanco y rojo, y después comenzaron a girar a gran velocidad frente a la tranquilidad de Akira.

Una figura humana y totalmente huesuda, apareció en un trono con sangre y ramas de árboles sin hojas, retorcidas y astilladas; mientras empuñaba unas cadenas y una guadaña con restos de sangre seca.

- He visto tu trabajo, Akira. Está bien, pero no es suficiente. Y además... he detectado dos peligros...

Por primera vez en su vida, Akira pareció tener miedo. No por la suficiencia o no de su trabajo, sino porque nunca pensó que sus víctimas fueran a jugar a su mismo juego.

- Pero -continuó el dios- también sabes de mi rival, la diosa Vitaria. Durante eones ella y yo hemos mantenido luchas sin descanso sobre la primacía de la vida de los mortales. Ella siempre se ha llevado todos los méritos, y en su templo cada día hay muchísimas ofrendas de agradecimiento... Yo también quisiera tener algo.

- G-gran Señor Ku-Kurion... t-todo el mundo os teme. Y-y mi trabajo... ¿no sirve para nada?

-Akira, Akira... Escúchame. El mundo no sólo te teme a ti, sino al odio que te impulsa a matar. Muchos desean tu muerte, pero tú tienes una cuenta pendiente con tu pasado que tienes que eliminar, ¿recuerdas?

Las primeras lágrimas inundaron los ojos bicolores de la chica, uno de color rojo y otro dorado, colores totalmente anormales en una persona. Nunca un dios se había atrevido a desenterrar malos recuerdos de su elegido, pero aquella vez, ella quería venganza.

Y por un precio muy alto.

Todo pasó hace 7 años, en su casa. Cuando ella se disponía a acostarse, el suelo de la casa empezó a arder, desatando un incendio muy violento. Unos hombres armados con grandes sables, aprovechando el terror de su madre, la atravesaron varias veces, mientras el padre intentaba salvarla sin éxito. Su hermana mayor se fue con ella intentando protegerla y se encerraron en su habitación, pero los hombres las habían seguido, y gritaron desde la puerta:

- ¡Entréganos al demonio que induce a la muerte!

Su hermana Kiina puso los brazos en cruz en ademán protector, pero tiraron la puerta abajo y le atravesaron el cuello y el estómago con dos espadas, ante el horror de la pequeña, a quien la sangre despedida de su hermana le manchó la cara. Un forzudo se acercó amenazante a ella, y sonriendo, inquirió:

- Así que tú eres la pequeña asesina, ¿no? Bien... -sujetando unas pesadas cadenas- no te resistas y vente conmigo, que lo pasaremos muy bien -masculló esbozando una sonrisa lasciva-.

- ¡No! ¡No sé de qué me hablas, pero déjame en paz! -sollozaba mientras sus ojos veían en la lejanía el cadáver de su hermana- ¡Eres un hombre muy malo! ¡Tú has matado a mi familia! ¡TE ODIO!

Al pronunciar estas dos palabras, cogió dos trozos de madera muy afiladas que clavó en los ojos y el estómago de su potencial agresor. Cuando cayó al suelo muerto, la pequeña vio dos katanas abandonadas en el suelo, que cogió y acarició, mientras una voz le susurraba en su cabeza:

- Kiina... ¡TE VENGARÉ!

Dicho esto, pateó repetidamente el cadáver del asesino con la máxima fuerza que sus piernecillas le permitían. Cogió ambas katanas y las puso en su espalda con su funda, cruzadas; y cuando se aproximó a la ventana para salir de la casa en llamas, pronunció las últimas palabras que el aire maldito de la casa dejaría grabada para siempre:

-Odio a los humanos... no merecen vivir en este asqueroso mundo. Vitaria... ¿por qué eres tan imbécil de dejar vivir a semejantes asesinos?

Capítulo 3: Remedios fallidosEditar sección

- Kurion... ¿quién soy en realidad? ¿Realmente nací para matar? ¿O...?

- Akira... nunca creí que tendría que contarte esto, pero... Tú sólo eres un fantasma revivido...

Akira dio un paso atrás, confundida. ¿Cómo que era un fantasma revivido?

- Deja que te explique -susurró ante el gesto de su Elegida- cuando saltaste por la ventana para escapar de tu casa en llamas, no caíste bien y te golpeaste la cabeza, muriendo. Yo ya había visto todo lo que habías sufrido, así que llegué a un pacto con Vitaria, mi eterna rival. Ella te revivió porque merecías vivir más, y no sería justo que perdieras la vida tan joven. Pero para que tu alma dolida no sufriese más, no podías tener sentimientos como el amor. Tu objetivo es vengar a tu familia y calmar el odio que ahora reina en tu alma. Pero recuerda esto: si te enamoras... comenzará a irse tu energía vital, y al cabo de un mes desaparecerás.

Akira sólo se mantuvo en silencio durante muchos minutos, ante la mirada compasiva de Kurion. Para él, su Elegida era como una hija.

- Siento haber sido tan duro contigo, pero... era necesario que supieras la verdad.

- No importa... Padre. Cumpliré con mi deber como muerta viviente.

Akira se postró ante su padre con una reverencia respetuosa, y se giró alejándose del templo semiderruído.

Escaló el tronco de un árbol desnudado por el frío invierno. Subida a una delgada rama, analizó el bosque en busca de trampas ocultas. Su ojo derecho se lo permitía, y pronto dio con lo que buscaba.

Solamente había trampas en el suelo, ante lo que sonrió complacida.

-Já. Estúpidos humanos... Se creen que sólo me muevo en tierra. Pero no saben... que mi apellido es la Águila humana...

Dichas estas palabras, saltó desde las ramas, guiándose únicamente por sus ojos adaptados a la profunda oscuridad. Saltaba de árbol en árbol sin apenas rozar las ramas. Todo aquello ya significaba una habilidad excepcional.

Vio varias casas a lo lejos, y sonriendo, sujetó entre sus dedos unas pequeñas bolas negras, que explotaban al contacto con una superficie dura. Cuando ya estaba cerca para salir del bosque, lanzó las bolas a cuatro casas adosadas, provocando el pánico y gritos desesperados en las familias residentes.

En la habitación de un niño, el fuego era dueño de la estancia, y el aterrorizado infante veía una negra sombra de ojos rojos que lo miraba con una risita diabólica. El miedo se acentuó cuando las primeras heridas aparecieron en la cara y el pecho del chico. Hecho esto, la sombra desapareció.

A la mañana siguiente, los pocos vecinos que aún quedaban vivos se dirigieron furiosos al ayuntamiento.

Antes, al alba, una capa blanca se dirigió a un luminoso templo lleno de flores; donde se custodiaba la imagen de Vitaria.

???: Oh, Gran Madre de la Vida, abre tus ojos ante mí y examina el alma de tu Elegido, Takeshi Urahara, quien defiende la vida que con tu mirada purificas.

Pronunciadas estas palabras, una pequeña luz verde se presentó ante el Elegido, que unos minutos después comenzó a aumentar de tamaño, hasta convertirse en una enorme bola de luz. Una voz jovial, de mujer joven, comenzó a hablar:

- Hola, querido -pronunció con una amable sonrisa que se dibujó en sus labios-. ¿Sigue dando guerra ese Kurion?

Takeshi: Se-señora... E-encantado de volver a verla, Gran Madre... Pues sí, esta noche han aparecido cuatro familias masacradas y quemadas. La situación en el pueblo ya es insostenible...

Vitaria: Akira... tú no tuviste la culpa de nacer bajo la maldición de mi hermano Kurion...

Takeshi: ¿Akira? ¿Quién es?

Vitaria: Es la Elegida del Dios de la Muerte.

Al oír esto, el Elegido dio varios pasos atrás. <<Así que la causa de todas esas muertes es esa niñata...>> -pensó con algo de miedo-.

- Pero -continuó la diosa- ella actúa por venganza, pues su hermana mayor murió protegiéndola, y Akira desconocía que pesara sobre ella la maldición de mi hermano. Su corazón está cegado por la rabia de no haber podido proteger lo que más quería. Pero de todas formas, no tiene excusa que la mitad del pueblo haya sido barrido...

Takeshi: Entonces creo que podría hacerla entrar en razón... Yo...

Vitaria: Imposible. No puedes hacerla razonar. Tienes que pararla como sea.

Takeshi: ¡Entonces pararé este río de sangre con mi vida!

Capítulo 4: Alma contra demonioEditar sección

Vitaria no pudo detener la carrera de Takeshi, a quien miró con lástima desde la lejanía del paisaje bañado por los últimos rayos de sol. Otra madrugada de cadáveres se iba a cernir sobre el pueblo.

Takeshi: ¡Akira! ¡AKIRA! ¡Ven aquí si tienes valor de luchar contra el Elegido de Vitaria, Takeshi Urahara!

Pero sólo percibió silencio como respuesta. Hasta que comenzó a oír una risa encantadora a la vez que inquietante y perturbadora, lo que lo puso aún más nervioso, ya que no podía ver a Akira.

???: ¿De verdad... Takeshi Urahara...? ¿Alguna vez has querido matar a algo ya muerto hace mucho tiempo...? No te servirá de nada...

Tras esto, la Elegida se presentó flotando en el aire ante Takeshi, cubierta con la capa negra que la caracterizaba. La capucha ocultaba casi totalmente su rostro, a excepción del brillo escarlata de sus ojos y su sonrisa, encantadoramente sádica.

Inesperadamente, la chica atacó con largas cadenas de fuego al chico, las cuales se retorcieron alrededor de sus brazos, haciéndole chillar de dolor.

Akira: Vaya vaya vaya... Nunca pensé que fuéramos a encontrarnos... querido.

Takeshi la contemplaba enfurecido, mientras las cadenas le iban abrasando los brazos.

Takeshi: ¡¡SUÉLTAME!!

La Elegida hizo caso omiso a las súplicas de Takeshi.

Akira: Quizá no te hayas dado cuenta nunca, pero... la Muerte es el final de todo. La Muerte siempre gana a la Vida... Y ése será tu destino si te metes en mi camino. Sólo te lo advierto esta vez... Ah, y dile a tu diosa de mi parte que es una zorra.

Y dicho esto, desapareció tal y como había venido entre las sombras de la noche. El dolor de Takeshi se lo llevó el silencio de aquella medianoche maldita.

Takeshi: <<Parece que detener a esa chica es más difícil de lo que pensé...>>

Pero Takeshi no estaba dispuesto a dejar que Akira se cebara con más muertes. Durante aquella madrugada, salió del bosque que era hogar de la chica y se dirigió con paso seguro hacia el centro de la ciudad, completamente silenciosa. Estaba dispuesto a parar a la Emisaria de la Muerte, al precio que fuera.

Recordó cómo le había lanzado las cadenas ígneas y se miró los brazos, pero por motivos desconocidos, sintió cómo se sonrojaba y se le aceleraba el corazón. Pero tenía que olvidarse de sus sentimientos. Tenía que pararla.

Mientras tanto, Akira se fundió con la madrugada, sonrió sádicamente cuando vio a varios hombres borrachos, que se parecían físicamente a los hombres que le arrebataron la vida a su hermana en su vida pasada. Dibujó una mueca de repulsión y asco hacia ellos, y comenzó a controlarlos mentalmente como si fueran marionetas.

Como consecuencia, en el grupo comenzaron a verse los unos a los otros como enemigos que debían eliminar, por lo que cada uno se aprovisionó de lo que tuviera a su alcance y que pudiera servirle como arma. Pronto se inició una masacre que Akira contemplaba satisfecha, mientras los hombres se mataban entre ellos y Takeshi observaba tal horror ante él.

Takeshi no controlaba sus piernas, eran ellas quienes le movían hacia la escena de la masacre. Cuando estaba a pocos pasos de ellos, Akira pareció percatarse y lanzó una cadena de fuego hacia el abdomen del Elegido como última advertencia.

Cuando los seis hombres murieron, Akira soltó las cadenas y se dispuso frente a él. Lo observó de manera fría y amenazante, y le susurró:

Akira: Ah, Elegido. Cuánto me alegro de verte. ¿No te advertí que no te metieras en mi camino?

Takeshi: ¡Cállate! ¡La gente no tiene la culpa de tu pasado! ¡Si quieres venganza, ya la tuviste antes de morir!

Akira: Exacto. Estoy muerta. Tu amada diosa permitió que mi hermana Kiina muriera. Tú quizá no lo viviste nunca, pero te mostraré que el dolor puede hacerte sufrir más de lo que imaginas...

Dichas estas últimas palabras, desapareció y apareció repetidamente ante su vista; y volvió a lanzarle las cadenas, pero Takeshi lo esquivó con agilidad, lo que enfadó a la Elegida.

Akira: <<¡Kurion, ayúdame!>>

Akira se rodeó de una esfera morada, que a quien se acercara lo cortaría en pedazos debido a la fuerza del viento que conformaba esa esfera. Takeshi cruzó ambas espadas ante la esfera, pero las retiró al ver sus múltiples grietas.

Akira: ¿¡Es que quieres cortarte en pedazos, imbécil!? ¡Todo lo que toque esta esfera se destruirá!

Entonces desapareció esa esfera, a la vez que Akira. Hasta que todo fue silencio, sólo roto por un leve susurro:

Akira: Lazo anti-vida...

Las cuerdas de color verdoso se enredaron sobre todo el cuerpo de Takeshi, tirado en la tierra seca, quien gritaba al ver el brillo rojizo drenando su energía. Por un momento Akira disfrutó oyendo los gritos desgarrados del Elegido, pero de repente se sorprendió al ver que sentía angustia al verlo sufrir.

Pero hizo algo que enfadaría a Kurion: retiró las cuerdas roba vida del cuerpo de Takeshi, y con los ojos húmedos y la cabeza baja se marchó rápido de aquel lugar.

Takeshi: Es... ¡espera!

====Capítulo 5: Condena====

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