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Historia en el Limbo
Nightmare Of Doom
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PreludioEditar

Abrí los ojos lentamente, sin poder explicarme porque mi cuerpo agobiado estaba tumbado en el suelo. Entre el mareo que agitaba mi cabeza mire inquietado alrededor ante la inmensa oscuridad. El ambiente era el de un siniestro abismo silencioso envuelto de un aire gélido y me preguntaba como es que había llegado a ese sombrío lugar, donde se interrumpió el incomodo silencio por el alejamiento de unos pasos.

— ¿Huh? ¿Hola? ¡¿Hay alguien ahí?! …

Nadie respondió ni hizo presencia ante mi llamado a pesar de que mi eco resonó y se desvaneció a lo lejos. Puse en duda mi avanzar, pero no hubo alternativa así que lo hice con pasos inseguros que eran guiados por la pared que tentaba mi mano. En una corta distancia mis palmas se toparon con una perilla que entonces gire. El rechinido de la deteriorada entrada que inesperadamente el viento cerró con tal fuerza me hizo brincar del susto al atravesar el hueco.

El resplandor de un candelabro que posaba sobre una pequeña mesa me ayudo a observar el interior del cuarto comido por los años. Recorrí cada centímetro, pero solo me tope con la estructura amueblada tapizada de polvo y moho. Me intereso asomarme por una pequeña rendija que apareció al desgajarse un pedazo de madera de la pared. Claramente aviste el jardín principal desde ese ángulo. Además de un par de farolas que alumbraban con poca intensidad, se lucia una quebrantada fuente en forma de la Reichsadler y hasta ella llegaba una vereda que se desvanecía en el horizonte nebuloso. Supuse que ese era mi único escape, pero cambie de opinión al escuchar un horrendo bramido que provenía de una extraña silueta que pasaba sobre dicha vereda.

— ¡¿Pero qué mierda fue eso?!...

Como realmente no quería averiguarlo preferí salir del cuarto con el candelabro en mano que se encargaría de quitarme la ceguera para poder deambular. El vetusto pasillo mostraba inauditas manchas de sangre coagulada salpicadas aleatoriamente en distintas superficies. Las paredes estaban acompañadas de pinturas rasgadas a punta de cuchillo donde fueron retratados ciertos tipos trajeados de apariencia soberbia e intimidante que pareciera que estuvieran viéndote directamente el alma. Parece no tener fin, pensé después de mucho desplazarme hasta que me detuve por un instante al escuchar nuevamente los extraños pasos junto con el sollozo angustiante de un niño.

— Esto no es gracioso ¡¿Quién anda ahí?!...

Una especie de bulto se escucho caer. Con el recelo desplomado, di lentamente media vuelta y por la curiosidad o por la locura o por lo que haya sido, regrese a averiguar que se vino abajo. No encontré nada diferente hasta que ilumine una de las paredes.

— ¿Qué demonios?... — me dije al percatarme de que el tipo retratado en una de las pinturas, misteriosamente había desaparecido. — Debo estar alucinando…

Algo rompió el silencio por lo que me quede completamente inmóvil. La conmoción era por una especie de jadeo que resonaba a mis espaldas. Justo cuando gire, un tipo de aspecto putrefacto estaba frente a mí y sin darme tiempo para gritar por su repentina aparición, me tomo del cuello y lo apretó con todas sus fuerzas. Con un puñetazo me lo quite de encima tras haberme sofocado por varios segundos pues el sobresalto me impidió reaccionar al instante. Ese maldito se acercó de nuevo, pero no precisamente para darme un abrazo, así que con una embestida lo aparte para correr sobre el pasillo que se prolongaba cada vez más mientras otros sujetos que sádicamente carcajeaban, emergían de las demás pinturas.

— ¡¿Qué demonios está sucediendo?! ¡¿Qué clase de lugar es este?!

Impacientemente busque una salida, esquivando y empujando a esas cosas que sin poder evitarlo me topaba para abrirme paso, pero las puertas se esfumaban como polvo en el aire para dejar únicamente una pared inservible. Esprinte al ubicar el final del pasillo donde pareciera que me esperaba la presencia de un niño famélico quien vestía una mugrienta camisa holgada que llegaba hasta sus rodillas desnudas

— ¡¿Quién eres tú?! — dije al detenerme. — ¡Dime, ¿Qué es lo que esta pasando aquí?!

— Pronto lo sabrás, Ryan. — dijo al abrir la salida que estaba a sus espaldas. — Solo tienes que venir…

Volví a esprintar, pero me tropecé como idiota antes de llegar hasta él, quedándome absorto ante la manada de psicópatas desollados que presumían sus garras sacadas como bestias que se arrojaron sobre mí. Grite cual loco aterrado y volví a la realidad entre un brinco exaltado. El despertador pitaba a todo volumen así que lo silencie con un duro toque, después me limpie el sudor de la frente ante los escalofríos que no se habían ido pues eran tan imborrables como aquella pesadilla.

Aun con la mente abismada me despoje de mis ropas para darme una ducha para que fuera más el hecho de quedarme absorto bajo el chorro de agua. Cubrí mi cintura con la toalla que baje del pechero mientras me colocaba frente al espejo que aclare con mi mano del vaho que el baño desprendió para acomodar mi cabello tono avellana. Luego me enjabone el mentón para rasurar mi barba tupida, cortándome en dos ocasiones los cachetes por deslizar erróneamente el rastrillo. Volviendo la vista hacia el espejo tras remojarme la cara, mi reflejo se licuo por una extraña distorsión que lo convirtió en la imagen de un tipo con aspecto antipático cubierto por una tez más blanca que la mía, reluciendo una melena rubia que combinaba con sus ojos grises. Me preocupo más el hecho de sentir que en el fondo sabía de quien se trataba ese misterioso hombre sin encontrar respuesta en ese momento en el que una risa infantil penetro mis oídos, haciéndome caer de espaldas por la turbes.

— ¡Es hora de jugar con quien eres en realidad, esperare ansioso tu llegada!

Las luces parpadeaban entre el no parar de esa risa estremecedora que pareciera provocaba que el cuarto se difuminara. No pude contenerme en gritar a todo pulmón mientras una botella rompía el espejo que arroje con ímpetu. El vidrio se desgajaba ante mí levantar presuroso para abandonar el baño. Cerré la puerta con fuerte azote y me recargue sobre ella con el aliento jadeante del susto.

— ¡¿Qué demonios fue eso?!

No había sentido tanto miedo desde que era niño y me ocultaba bajo las sabanas para que los monstruos de la oscuridad no me llevaran a sus mundos terroríficos escenificados en aquellas pesadillas que cada noche tenia. Supongo que esos monstruos volvieron en forma de ilusiones macabras, solo que ahora presentía que trataban de decirme algo.

Vaya forma de empezar el domingo, el único día que me libraba del fastidioso trabajo como contador publico en la International Banking Company. Creí que se trataba del estrés que quería volverme loco, así que solo debía dejar de sofocarme con los distintos problemas que cargaba encima. Al vestirme se me ocurrió salir a caminar al Ernst-Thälmann-Park pues era un día cálido, pero con vientos refrescantes que eran perfectos para disfrutar de una caminata relajadora.

En una banca que desocuparon unos ancianos tome asiento para descansar luego de recorrer en su mayoría el parque. El aburrimiento me obligo a quedarme ensimismado por un largo lapso de tiempo sobre multitud de ideas y recuerdos que ni siquiera yo mismo sabia que los tenia en la cabeza. Repentinamente se me puso la piel de gallina al percibir el aire gélido de mis sueños. Erguí la mirada. Una neblina había cubierto la ciudad mientras yo me hundía en mis pensamientos.

— Esto no se ve bien…

Tome rumbo a mi casa sin saber por donde caminar pues la neblina únicamente me hacia ver una vereda donde me tope con algunas personas que por cierta razón se mantuvieron estáticas. ¿Que esta sucediendo?, pregunte a un tipo al darle un toque en el hombro e inesperadamente se redujo a cenizas al igual que la demás gente.

— ¡¿Pero que mierda?!

Me aleje a toda prisa, pero el tramo parecía no tener fin. Detuve el paso por el cansancio para luego girar sobre mi mismo en busca de otra ruta. Extrañamente el entorno lo envolvió una distorsión oscura que cambio los edificios y vehículos por unos más añejos y envueltos en llamas ante una destrucción inexplicable que sufrieron mientras que cientos de gritos de agonía se hacían escuchar en cada ángulo. Me arroje al suelo luego de escuchar varias ráfagas pegar cerca al mismo tiempo que un par de aviones se desplomaban del cielo. Una tropa del ejército con apariencia repugnante y enteca rodeo la zona tanto a pie como por medio de tanques y aviones de combate que hacían pedazos lo que se encontrara a su paso. Sin dudar algunas estaba en un campo de batalla.

Observe asombrado mi silueta en un charco de agua que formo la lluvia que se despeño del cielo fúnebre, pues me tope con la sorpresa de que me encontraba arropado con el mismo traje de aquellos tipos y mi rostro era el del hombre que apareció en el espejo.

— ¿Lo recuerdas, Ryan? Así es como me hiciste vivir por varios años. ¿Lo disfrutas como en aquellos días? — dijo el niño de la camisa holgada.

— No sé de que estas hablando… ¡¿Qué es lo que quieres?! ¡¿Porque me esta pasando esto?!

Un ligero temblor sacudió el pavimento, repitiéndose como si fuera la cadencia de unos pasos. Una horrenda sombra se veía en el horizonte y se aproximaba cada vez más. Justo cuando un espantoso bramido rezumbo, desperté gracias a un oficial de policía que me sacudió.

— Hey, no se puede dormir en el parque, hágame el favor de retirarse. — observo mi cara de estupefacción. — ¿Señor? ¿Se siente bien?

— No lo se…

Ya era de noche. La ciudad había vuelto a la normalidad o quizás nunca paso nada. Avance por la calle mientras pensaba en aquella tropa, aquel escenario y aquel ambiente que eran ajenos a esta época, pero que de cierta forma me eran familiares a pesar de que estaba seguro que no tenían nada que ver conmigo.

— Mi nombre es Derek, pero ¿Por qué no me sorprende que ese niño me llame Ryan? Es verdad, ese niño… ¿De quien se tratara? Siento que ya lo había visto antes. Debió ser aquella vez que visite a Adalia en su cabaña. Un momento… ¡¿Qué carajos estoy diciendo?! ¡Yo nunca he visto a ese niño y mucho menos conozco a alguien que se llame Adalia! ¡¿Acaso me estaré volviendo loco?!

En la mañana ya me encontraba en mi oficina capturando por decima vez los registros pues los errores en cada documento eran constantes por la negligencia que me causo la decisión de no dormir en toda la noche. Cuando me levante hacia la copiadora mi pie se atoro en un cable que por el empuje desplomo la impresora mientras mi café recién preparado caía sobre algunos documentos importantes al empujar la taza con la mano. Tuve que reacomodar antes de que lo viera mi jefe, pero vaya, demasiado tarde, ya estaba detrás mio con su mera presencia prepotente.

— ¡Derek, ¡¿Qué estas haciendo?!

— Nada, nada, yo solo…

— ¡Realmente eres un desastre! ¡Limpia en tu hora de comida, ahora explícame ¡¿Qué clase de informe es este?! ¡No tiene fecha, el folio es incorrecto, las estadísticas están mal, en si es un asco, al igual que estos estados! — me arrojo varias hojas en la cara. — ¡Repite todo de nuevo sin ningún error! ¡Y no olvides que hay reunión con el sindicato en media hora, así que prepárame la presentación!

Estaba harto de ese trabajo, es algo que no me llenaba de satisfacción ni de gusto o pasión. ¿Por qué permití este rumbo para mi vida? Creo que eso no importaba en ese momento en el que la cólera me obligo a no soportar más las humillaciones de aquel bastardo que siempre robaba el merito de mi trabajo ante los inversionistas, así que lo tome de los cabellos en cuanto se volteo para romperle la cara a puñetazos hasta que otros empleados me separaron de él tras inmovilizarme por la espalda.

— ¡Olvídate de que trabajas aquí! ¡Hare que tu vida sea tan miserable que vendrás de rodillas a pedirme perdón por esto!

— ¡No me digas! ¡¿Lo dices porque eres el hijo del verdadero dueño de esta compañía?! ¡Vaya, el niñato va a acusarme con papi porque él no puede por sus propios medios! ¡Que tipo más rudo! ¡Haz lo que quieras, pero recuerda que a todo cerdo le llega su San Martín!

— ¡Eres hombre muerto, Derek, ya lo veras! ¡Seguridad!

Faltaba poco para el medio día. En la estación Westend del tren suburbano, me encontraba comprando mi boleto luego de que los guardias me echaran a la calle a punta de golpes. Llegue al andén donde espere junto con la multitud de gente. Entre el movimiento de las personas del anden frontal apareció aquel niño de camisa holgada que me ha estado persiguiendo en mis pesadillas.

— Ryan, tienes razón, a todo cerdo le llega su San Martin y el tuyo ya esta aquí.

Los escalofríos rondaron mi cuerpo, cubriéndolo de un sudar frio. Una joven se acercó para preguntarme la hora y al notar mi rostro lleno de estupor decidió no esperar mi respuesta. Volví la vista. El niño había desaparecido. Los demás pasajeros me despreciaron con sus miradas ya que accedí inquietado al tren que arribo luego de mirar una y otra vez alrededor para asegurarme de que no estuviera siguiéndome. Tome asiento y repose mi cabeza sobre la mochila que cargaba. Recorrí dos estaciones, faltaban siete, así que por inercia cerré mis ojos, sin saber cuanto tiempo permanecí dormido.

Día I: La MansionEditar

Desperté por el zangoloteo del viaje. No había nadie más en el vagón que transitaba al igual que los demás sobre un gran túnel obscuro. Las puertas se abrieron al llegar a la siguiente estación que no tenia nombre. ¿Cómo saber en donde me encontraba si no recordaba ni mi propio nombre?

Camine por el andén de escasa luz donde me tope con una única puerta. Del otro lado había unas escaleras que tarde varios minutos en subir. Pase otra puerta que me llevo a los torniquetes. Apresurado me desplace teniendo la idea de toparme con alguien, pero seguía siendo el único idiota ahí. Brinque un torniquete y con pasos largos avance hasta la entrada de la estación que daba a las afueras de la ciudad igualmente desconocida. Había una sola calle desolada la cual se elevaba sobre un infinito abismo. Supuse que habría otro camino menos peligroso por lo que quise retornar, sin embargo a mis espaladas no había nada mas que el pavimento desgajado pues pareciera que el abismo se hubiese comido la estación del tren.

Escuche un crujido bajo mis pies y baje la mirada. El suelo comenzó a quebrantarse al compas de mi retroceder así que mejor esprinte para no despeñarme como lo hacia la calle a mis espaldas. El desplome pudo alcanzarme, pero logre tomarme del piso continuo que apareció. Con esfuerzo escale, quedándome absorto sobre el pastizal para recuperar el aire perdido. Ya listo camine entre la densa niebla que caía con el anochecer. Arboles, arboles y más arboles era lo único que me encontraba en el aparente bosque hasta que me tope con algo realmente insospechable. Se trataba de un avión tipo caza del ejército alemán consumido por las llamas. No había nadie en las cabinas pues el piloto estaba tirado en la tierra. Era demasiado tarde para hacer algo por ese tipo. El fuego le borro su filiación y para identificarlo dejo intacta su chapa que le colgaba del cuello. Wolfhart Müller Ryan, era el nombre que venia grabado. Súbitamente sentí que mi cabeza estallaría por la incógnita que provocaron algunas imágenes que mi mente recordó porque estoy seguro que no las imagino. Primero cierta chica maltratada físicamente, luego varios escenarios de la guerra que esparcieron sangre de inocentes por doquier, después la celebración del ejército con alcohol y mujeres, y por ultimo la caída con brutal impacto de este avión que lo conducía uno de aquellos soldados.

— ¡Demonios! ¡¿Qué significan?! ¡¿Qué tienen que ver conmigo?! ¿Acaso averiguarlo será la razón por la que estoy aquí?

— Así es Ryan…

— ¡¿Quién dijo eso?!

Fue una voz dócil, como la de un infante, pero no había nadie a la vista. Una sombra comenzó a aproximarse lentamente al mismo tiempo que mutaba en su forma y crecimiento. La silueta que se aclaró denoto un cuerpo con semejanza humana de piel pálida marcada por multitud de hendiduras frescas. Solo lo arropaba un pedazo de trapo rasgado y mugriento y una mascara metálica que se sujetaba con clavos incrustados en su cabeza. Boquiabierto me fui de espaldas al tener esa cosa frente a mí. Levanto el enorme martillo que traía en manos y con fuerza lo bajo para aplastarme cual vil cucaracha. Gire a un costado como tronco entre el recio golpe que hizo crujir el suelo. Quiso intentarlo de nuevo pero yo ya había tomado delantera a máxima velocidad. Mis piernas se doblaban al no poder continuar a ese ritmo acelerado tras un largo recorrido, sin embargo no me detuve pues esa cosa seguía en pos de mi presencia. Un posible refugio había encontrado luego de cruzar la cerca metálica que rodeaba parte de la zona. Al parecer era la parte trasera. Ninguna entrada accesible, todo estaba cubierto de maderas clavadas. En el resto de un tronco estaba incrustada un hacha por lo que la saque a punta de tirones y con ella abrí la primer ventana que me tope.

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