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Capítulo 1: FantasmaEditar

Wilson respiró profundamente antes de salir al público. Docenas de reporteros de distintos periódicos lo estaban esperando al otro lado de la sala. Estaba nervioso, y le parecía extraño estarlo después de la cantidad de veces que había hecho lo mismo. A lo mejor no era la gente, no eran las cámaras, quizá era su fracaso reciente el que lo hacía sentirse inferior. Intentó no pensar en ello y poner su mente en blanco, pero era ciertamente difícil. Tenía miedo a que algún periodista impertinente sacara su error a la luz.

No lo pensó más, era momento de hacerle frente a esa gente. Arreglo el cuello de su camisa y se ajustó su elegante saco, y respiró hondo por última vez antes de subir al estrado. Por fín lo hizo, se dirigió al podio por uno de los costados y se preparó para hablar, mientras se recuperaba de las luces del auditorio y los flashes de las cámaras que lo habían encandilado. La pantalla desplegó el rostro de Wilson, y finalmente, miró al público.

-- Buenas noches. James Wilson, agente especial de la Agencia Federal de Investigación. Hoy, damas y caballeros, Vard tiene cuatro amenazas más en libertad.

La pantalla cambió su enfoque, y presentó cuatro retratos distintos. Wilson abrió la carpeta sobre el podio, y se nuevamente comenzó a hablar.

-- Estos cuatro hombres, son ahora los más buscados de Vard. Desde que cruzaron la frontera estatal esto pasó a juridicción federal, y sus destinos cambiaron desde que escaparon de la Prisión Estatal de Taed. El error más grande que han cometido en sus vidas.

La pantalla se centró en el primero de ellos, un hombre asiático de cabello largo negro, joven, y con un tatuaje en el cuello.

-- Kenji Zurimoto, jefe de la organización criminal japonesa que domina el bajo mundo de Rolyat. Cadena perpetua por cargos de homicidio, extorsión, blanqueo de capitales, tráfico de drogas, y conspiración - la pantalla nuevamente cambió su enfoque al segundo individuo, otro asiático, más joven que el primero, calvo - El siguiente es su mano derecha, Matsuo Akuruma. Cadena perpetua por homicidio, secuestro, asaltos sexuales, tráfico de sustancia ilícitas, vandalismo, agresión, y muchas más. Una verdadera aberración.

Los otros dos individuos fueron ahora presentados. El primero un afroamericano, con la cabeza bien afeitada y barba negra que rodeaba su boca, y el segundo, un jovencito caucásico desaliñado.

-- Las otras dos figuras son Burton Jones, 5 años por robo agravado, y Bredan Fischer, un hacker con 40 años por robo de identidad, extorsión, falsificación, e intrusión, y posiblemente el arquitecto de esta fuga - Wilson se dirigió nuevamente al podio, y cerró la carpeta para hablar directamente a las cámaras - Esta gente es un peligro, pero mientras ellos tienen la noche como aliada, nosotros los tenemos a ustedes, a toda la población de este país, a los medios de comunicación y a toda una fuerza militar. Solo es cuestión de tiempo que estos hombres sean regresados a sus celdas, donde pasarán el resto de sus días.

Una de las reporteras alzó la mano, en espera de que Wilson le diera la palabra. Las cámaras estaban grabando todo, estaba siendo transmitido en vivo en cadena nacional.

-- Agente Wilson, Jessica Thorne, de La Visión. ¿Cree que este suceso demuestra nuevamente la ineficiencia del sistema penal? ¿O quizá esta es la gota que derramó el vaso en nuestro deficiente sistema de seguridad?

-- Pues bien señorita Thorne, es difícil responder a eso. La corrupción es una enfermedad que está matando lentamente a nuestra nación. No es el sistema penal el que falla, es la gente que lo representa. La Fuerza Nacional de Vard se creó con el fin de limpiar la burocracia de este tipo de amenaza, de purificar el sistema, pero me temo que es más complicado que eso. La corrupción, señorita Thorne, esa es la gota que derramó el vaso. Esta fuga fue asistida por gente dentro del sistema, infectadas por esa enfermedad.

-- Gordon Ulrich, del Ojo de Rolyat. ¿Cuáles serán las consecuencias que traerá este suceso?

-- Vamos a atraparlos, no habrá consecuencias, únicamente las habrá para ellos.

-- ¿Por qué esta seguro que tendrá éxito esta vez? Nunca logró detener a Forge.

Su miedo se había convertido en realidad con esa pregunta. Su mayor fracaso, el error que había manchado su carrera, le fue restregado en la cara en ese momento. Sintió frío, miró a las cámaras, no sabía que decir. El viejo periodista lo había humillado enfrente de todo el país.

-- ¿Agente Wilson? Le hice una pregunta - insistió Ulrich.

-- Ehm... la cacería de Forge continua. Tuvo suerte únicamente, algo que ni Zurimoto ni estos fugitivos tendrán.

-- ¿Podrá detenerlos antes de otra masacre como la que Forge ocasionó?

Wilson iba a estallar. Cada vez las palabras de Ulrich le clavaban más profundo la daga. Recordó las palabras de aliento de su esposa, y trató de tranquilizarse antes de responderle.

-- Tenga la certeza que lo haremos - finalmente contestó con dificultad - Estos cuatro individuos serán llevados ante la justicia en muy poco tiempo, desde este momento, se están rastreando todos sus pasos y la operación es dirigida personalmente por el Supremo Comandante. Espero que con eso le haya quedado claro, señor Ulrich. Todos van a caer.

Golpeó con el puño el podio al decir la última frase. El periodista se sentó, ciertamente intimidado. Wilson tenía la presión de la prensa en su espalda, la presión de todo el país para que encontrara a esos hombres y los devolviera a prisión, y de paso, capturar a su desgracia, a su mayor enemigo, a Gabriel Forge.

Capítulo 2: VengadorEditar

-- Fuhrman está entrando al edificio.

Michael lo miraba discretamente por el retrovisor del automóvil, con las manos al volante y el motor encendido. Se quitó las gafas de sol y las arrojó al asiento de pasajero. Sacó su arma, una pistola automática del compartimento del auto y la cargó antes de guardarla en la parte trasera de su pantalón de mezclilla.

-- ¿Tiene el maletín? - le dijo una voz por medio del auricular en su oreja.

-- Sí, el maletín plateado con el dinero. Voy a entrar ahora.

Echó un vistazo para comprobar que Fuhrman no tuviera hombres custodiando el lugar, y aspiró hondo antes de bajarse del auto. Abrió la puerta con seguridad, y después de observar la calle vacía del distrito urbano inferior y tomarse el último respiro, caminó con dirección al edificio departamental abandonado a punto de ser demolido. Abrió la puerta de cristal rota, y no había rastro de Fuhrman, lo había perdido.

-- Está en el estacionamiento subterráneo, justo debajo del edificio. Necesitan un lugar despejado y con vía de huida rápida. No pueden arriesgarse a tomar uno de los pisos altos y que la policía llegue aunque, eso nunca pasará nunca - le dijo la voz a su oído.

Michael caminó por el rústico y polvoriento vestíbulo mientras recibía el penetrante olor a podrido que contenía el edificio, buscando las escaleras que lo llevaran al estacionamiento. Finalmente las encontró, totalmente a oscuras, apenas iluminada la parte que daba a su destino por una débil luz al fondo del pasillo. Sacó su arma y le quitó el seguro, bajó lentamente hasta llegar al pasillo, donde al fondo, justo debajo de la luz, había una puerta metálica donde seguramente Fuhrman había ingresado.

-- Recuerda Michael, no te precipites. Lo necesitamos vivo, pase lo que pase. ¿Está claro?

-- Está claro. Déjame hacer mi trabajo.

Ciertamente, Michael tenía su carácter, no le gustaba que le ordenaran. Estaba centrado únicamente en encontrar a Fuhrman, y no le interesaba nada más. Había estado siguiendo su rastro por mucho tiempo, y no desaprovecharía esta oportunidad. Continuó avanzando hacía la puerta, con su pistola Toch en ambas manos. Tenía la certeza de que su objetivo estaría del otro lado, y no solo, estaba dispuesto a luchar y matar a todos por su cabeza.

Se lanzó contra la puerta y la tumbó de una patada. Ahí estaba Furhman y el maletín, acompañado de otros siete hombres que comenzaron a disparar en cuanto se percataron de la presencia de Michael, quién se cubrió detrás de uno de los autos de los atacantes, una furgoneta blindada gris con inscripción de Pinturas Doe. Sus enemigos estaban armados fusiles de asalto y escopetas, disparaban sin detenerse contra el vehículo.

-- ¡Mierda Intel ¿De donde sacan todo esto?! - preguntó mientras se cubría detrás de la furgoneta.

-- De nuestro corrupto sistema Mickey, ahora mátalos

A Michael no le pareció el último comentario de su aliado. Era otra orden, bueno, al menos el lo tomaba de esa manera. Sacó su mano por uno de los lados y disparó ciegamente para intimidarlos, y lo hizo. Los hombres se movieron buscando cobertura en los pilares, a lo que Michael aprovechó y salió para disparar a las espaldas de dos de ellos, matándolos al instante. Fuhrman corrió a la salida, justo como predijo Intel, pero Michael le disparó a una pierna con destreza, haciéndolo caer y retorcerse de dolor. Al otro lado, el tipo de la escopeta avanzó hasta colocarse detrás de la furgoneta, pero Michael se giró y le metió una bala en la cabeza justo antes de que pudiera disparar.

Solo quedaban cuatro, todos protegidos detrás de las pilastras que sostenían el techo. Michael salió finalmente de su cobertura, disparando contra una de las pilastras y rosando con un disparo a uno de ellos en la cara, haciéndolo moverse y finalmente vaciándole el cargador en el pecho a distancia. Tomó un fusil de uno de sus enemigos caídos, y disparó continuamente contra otra pilastra, manteniendo a su atacante detrás de el, y haciendo que el otro saliera intentando flanquearlo, pero Michael ya lo tenía previsto. Con su mano derecha, disparó su Toch justo a la cabeza. Se acercó a los dos restantes, disparando sin cesar mientras se acercaba por el lado derecho a uno de ellos, tomándolo por sorpresa y disparando a quemarropa sobre el. El último, aprovechando, corrió y se le lanzó encima, intentando someterlo, pero Michael lo tomó del cuello y lo azotó sobre el cofre del auto junto a ellos, le puso su pistola en la cabeza y jaló el gatillo. Todo había sido pan comido.

- ¡Estás loco! ¡No tienes idea de con quién te estás metiendo! - gritó Doe a distancia, en el suelo y sujetando su pierna con dolor.

-- Ahora es tu turno - le respondió mientras caminaba furioso hacia el - ¿¡Sabes quién es!?

Michael sujetaba una fotografía de una mujer joven, bella, de ojos claros y facciones bien definidas. Fuhrman la miró detenidamente, intentando reconocerla, pero no fue así.

-- ¡No la conozco! ¡Déjame ir! - gritó desesperado mientras Michael lo sujetaba del cuello y le restregaba la fotografía en la cara.

-- ¡Mírala bien, bastardo! ¡DIME QUIÉN LA MATÓ!

-- ¡No lo se! ¡No tengo nada que ver con ella! ¡Déjame ir!

-- Entonces no me sirves.

Guardó la fotografía en su chamarra de cuero y le disparó en la cabeza, matándolo.

-- ¿¡Qué carajo haces Michael!? ¡Lo necesitábamos vivo! - le gritó Intel furioso.

-- No sabe nada de Carolyne, entonces no lo necesito.

-- Mierda... era nuestra única conexión con Doe. Tardaremos semanas, meses en volver a encontrar otro rastro seguro. Revisa el contenido del maletín, es lo menos que puedes hacer ahora.

El maletín estaba tirado en el centro del lugar. Sacó una llave del cadáver de Fuhrman, y la introdujo a la cerradura y la giró. El maletín se abrió, y Michael se sorprendió. Era dinero, mucho, grandes fajos de billetes.

-- Hay por lo menos un millón aquí. Estaban haciendo un trato.

-- Revisa el lugar, la mercancía debe estar por ahí. La furgoneta, ábrela.

Michael se dirigió a la furgoneta, totalmente agujerada por los impactos de balas de los fusiles. Su colocó detrás del vehículo, justo donde se había puesto a cubierto en un inicio, y abrió las puertas. Eran cuatro cajas de madera, sin ninguna inscripción. Se subió al compartimento y se dispuso a abrir las cajas. Eran armas, pero no comunes. Parecía modificadas, extrañas.

-- ¿Lo encontraste? ¿Droga?

-- Armas, son armas. Pero... no son convencionales, ni siquiera la FUNAV las tiene. Envía a alguien aquí por ellas.

-- Ya he enviado a un equipo, así que sal de ahí cuanto antes. Seguramente Fuhrman iba a entregarle la mercancía a Doe. Pero lo mataste... ahora es casi imposible saberlo.

-- Deja de lloriquear, ya averiguaremos al... espera... las armas, son fusiles de asalto GAF modificados. Solo los produce...

-- VardArms, solo los producen ellos. Y curiosamente, la FUNAV, Interpol y las Naciones Unidas están investigándola por cargos de corrupción y tráfico. Michael, esto puede acabar con ellos, por fin. Llevamos detrás de ellos por meses, si logramos probar que VardArms está vendiendo armas a los criminales como Doe, vamos a cerrarla de una vez por todas.

-- Esto no es suficiente, no hay nada que asegure que VardArms le vende armamento a los criminales además de un alijo de fusiles modificado.

-- Quizá no, pero encontrarás pruebas y acabaremos con ese monopolio corrupto que VardArms representa.

-- Ese no es mi asunto Intel, y no es nuestro trato.

-- Estoy de acuerdo Michael, pero no tienes opción, te quedaste sin dirección. ¿Recuerdas lo que Carolyne hacía antes de que muriera? ¿Qué tal si todo está conectado? Meredith Newman, ella es nuestra fuente dentro de VardArms. Tendrás que hacerle una visita.

Capítulo 3: PresiónEditar

-- ¿Para cuándo estará listo, doctor?

-- Aún necesitamos realizar algunas pruebas, señor Wayne, cerciorar...

-- Lo quiero listo para mañana, caballeros. Ya han tenido suficiente tiempo.

Richmond Wayne era la persona más impaciente y prepotente que John conocía. No entendía razones, hacía caso omiso de ellas, aunque el éxito de su inversión dependiera de esas pruebas que tanto se rehusaba a permitir.

-- Señor Wayne, si me permite intervenir, no podemos dar por terminado el proyecto sin asegurarnos de que no hay errores. Pueden ser daños catastróficos, ¡demasiado dinero y tiempo desperdiciados para que al final todo sea un fracaso!

-- Ya he dado mis órdenes, doctor Wolf. Usted y el doctor Asad tendrán listos Harbinger para mañana por la noche. De no ser así, cancelaré su proyecto y cerraré este departamento. Espero haya quedado claro. Ahora, con permiso.

Wayne se dio la vuelta, y salió de la iluminada sala acompañado de su leal guardaespaldas y además, jefe de seguridad del complejo; Theodore Brock. John se sentía derrotado, sabía que no podía permitir eso. El doctor Asad, su colega y mentor por muchos años, parecía sentirse del mismo modo. Ahí estaban, observando como su jefe se iba, y como su tiempo se agotaba. A sus espaldas, se encontraba el majestuoso Núcleo, un dispositivo avanzado que asimilaba al Harbinger.

-- ¿Qué es lo que haremos, John? No hay tiempo - le dijo Asado, preocupado.

-- Vamos a activarlo.

Asad se perturbó al escuchar esas palabras. ¿Estaba escuchando correctamente? Era demasiado peligroso, aún no sabían lo que Harbinger y el Núcleo combinados podrían causar, y menos los efectos en los humanos.

-- ¿Te has vuelto loco? ¡Aún hay muchas variables John! ¡No conocemos sus consecuencias, sus efectos!

-- Y nunca los conoceremos a este paso - John comenzó a hacer los preparativos en la máquina, estaba totalmente seguro de lo que haría - Tenemos que arriesgarnos.

-- ¡Escúchame! ¡Puedes morir! Recuerda al Sujeto Zero, recuerda los trastornos, los problemas que tuvimos con el prototipo, ¡el infierno que cayó sobre el!

-- ¡¿Qué más da, doctor?! Wayne nos va a quitar toda nuestra vida, nuestro trabajo, toda nuestra investigación. No lo voy a permitir, aunque muera en el intento.

-- Pero por favor, solo déjame...

-- No, escúcheme ahora a mí. ¡Esto es revolucionario, Harbinger puede salvar vidas, puede acabar con enfermedades genéticas y malformaciones! Puede crear humanos perfectos, supersoldados, podemos acabar con la hambruna, evitar el cáncer, ¡incluso curarlo! No lo entiende doctor.

Tenía razón. Wayne lo había dicho, y lo haría sin pensarlo. El Núcleo comenzó a encenderse, iluminando la amplia e innovadora sala, infestada de máquinas, dispositivos, y un ventanal majestuoso que daba al exterior, al jardín del complejo. El Centro de Investigación y Desarrollo, ese era el complejo militar donde John y Asad trabajaban, una instalación altamente protegida por militares y por la seguridad propia del lugar, la cual dirigía Brock. Se encargaba principalmente de desarrollar nuevas tecnologías y alteración genética, intentando eliminar las limitaciones de los soldados y maximizar sus habilidad. En eso consistía Harbinger.

-- Me ayude o no, lo haré, y no me hará cambiar de opinión, doctor Asad.

-- Quizá tengas razón John... ¿qué necesitas?

Asad no estaba del todo seguro, pero era ahora o nunca, no podían permitir que Wayne acabara con todos sus logros y avances. John le indicó con la mano que preparara Harbinger, el suero que habían desarrollado con tanto empeño y tiempo sacrificado. Asad inmediatamente se dedicó a ello, e insertó un tubo con un líquido azul a un compartimento justo detrás de la máquina que llamaban Núcleo. John se quitó la bata blanca que traía puesta, las gafas, e ingresó al Nucleo.

-- Es ahora - dijo mientras se colocaba sobre una plataforma iluminada en el centro de la máquina - Inicie el proceso, doctor Asad.

John estaba ciertamente nervioso. La máquina era amplia, estaba alojada al fondo de la sala, justo detrás del ventanal. Dentro, estaba completamente vacía, pero el suelo estaba formado de placas metálicas con pequeños poros para ventilación, y en el centro, en la plataforma donde estaba parado, un cuadro iluminado. Del techo, una delgada estructura de tres brazos salía, y las puntas afiladas fueron incrustadas en sus dos codos, y la parte baja del cuello, exactamente en la médula espinal. Las paredes eran cristalinas, y podía observar al doctor Asad realizar el proceso que le cambiaría la vida.

-- Está listo, John. Iniciando asimilación.

De cada esquina de la máquina pentagonal, corría el líquido azul por una organizada red de canales en cada extremo, hasta llegar a la estructura incrustada en su cuerpo. De pronto, sintió que su piel hervía, que el fuego comenzaba a correr por sus venas y que se desgarraba. Quiso torcerse, agacharse de dolor, pero las agujas en sus brazos no se lo permitían. Todo estaba siendo tan rápido, empezó a gritar con desesperación, había sido claramente un error. Asad lo miraba aterrado a través del cristal, viendo como la sustancia azul corría por sus cuerpo, y como agonizaba su colega. Iba a morir.

Capítulo 4: Dos pájarosEditar

Zurimoto, acompañado de dos mujeres, iba caminando por el elegante vestíbulo adornado con oro y otros lujosos arreglos, por el pasillo rodeado de gruesos pilares con tallado de dragón dorado. Iba poniéndose su bata de seda, acercándose a lo que parecía una recepción.

-- ¿En qué puedo ayudarle, señor? - preguntó el recepcionista, recibiéndolo con una sonrisa agradable.

- Kanon.

Esa fue la única respuesta de Zurimoto. Al escuchar esa simple palabra, el recepcionista acertó con la cabeza, y le indicó una puerta a sus espaldas, justo en medio de las dos majestuosas escaleras que llevaban al piso superior. El joven se hizo a un lado, y dejó paso a Zurimoto y sus acompañantes. Al entrar, se encontraron con una oficina con muebles de roble, estéticamente perfecta. Era reluciente, elegante, con una presentación impecable.

-- Lo conseguiste, nunca pensé que fuera a ser eso posible. - le dijo un hombre sentado detrás del brillante escritorio, con un puro en la mano y un vaso de cristal con whisky en la otra - El rey a vuelto.

-- ¿Dónde está mi paquete?

-- Tenemos asuntos que atender, por favor, despide a tus amigas - le sugirió mientras se ponía de pie.

Zurimoto hizo una seña con la mano para que las señoritas los dejaran solos, y eso hicieron inmediatamente. Era el momento de confrontar al usurpador.

-- No has cumplido con tu parte del trato, acordamos el intercambio ayer al amanecer, y no he obtenido nada.

-- Ha surgido un pequeño... imprevisto. Mis hombres fueron asesinados y la mercancía confiscada. Alguien sabía del intercambio.

-- No me importa como lo hagas, quiero mi paquete Clayton. ¡Arriesgué la vida de Matsuo para nada! - Zurimoto se empezaba a enfurecer, se le acercó peligrosamente a Doe al decir esta última oración.

-- No tengo por qué darte explicaciones a ti Zurimoto. He estado pensando si el hizo bien en reclutar a un neurótico sin escrúpulos como tu. Hubiera sido más fácil matarte cuando tuve la oportunidad.

-- Lárgate de aquí Doe, tu tiempo ha terminado.

Doe se quedó quieto, furioso. No podía hacer nada ante las palabras de su enemigo jurado, por más que le faltaran al respeto o le enojaran.

-- Cuidé de tu gente, de tus negocios, tus finanzas. Incluso cuidé de Kanon, y me lo agradeces con esta... ¡falta de respeto!

Zurimoto lo miró fijamente a los ojos, intentando contenerse y responder con tranquilidad. Apretó el puño, mientras Doe caminaba lentamente hacia el, rodeando el escritorio y poniéndosele al frente.

-- Todo esto no nos hace aliados Clayton, considérelo una... tregua. Porque cuando esto termine, tu y yo vamos a ajustar cuentas pendientes.

-- Te equivocas Kenji. Cuando esto culmine, ya veremos quien queda de pie.

Al escuchar esto, Zurimoto solamente sonrió y nuevamente hizo una seña con la mano para que se retirara. Doe se dio media vuelta y salió caminando por la puerta. Ciertamente, el rey había vuelto.

-- Hasta ahí llega la grabación agente Wilson, es todo lo que tenemos.

Toda la escena había sido parte de la grabación de las cámaras de seguridad del lugar. Wilson, acompañado de un agente de la Agencia de Inteligencia y Investigación. Intentaban rastrear a Zurimoto y Akuruma.

-- ¡Es más que suficiente! ¡Tenemos a Kenji Zurimoto y a Clayton Doe en la misma escena! ¡Con eso, podemos atraparlos y hundirlos en la puta cárcel! - exclamó uno de ellos, Nathaniel Keyes.

-- No, no es suficiente. Mencionan algo, algo que acaba de comenzar y los mantiene unidos - respondió Wilson mientras seguía mirando el monitor - Éstos dos han luchado por el control del bajo mundo de Danke por años, y parecía que todo había terminado cuando atrapamos a Zurimoto, pero han estado en contacto desde entonces...

-- Al arresto de Zurimoto, instalamos dispositivos de vigilancia en todo el edificio, todo lo que pasaba en The Golden Palace lo veíamos y escuchábamos, temíamos que Kanon Xiao tomara el control de su imperio, pero no lo hizo. De hecho, las operaciones criminales de su organización estuvieron estáticas, bajo el radar. - explicó Nathan.

Nathaniel Keyes era un prestigioso agente de la AII, pero ciertamente, al igual que Wilson, estaba algo inconforme con la corrupción y el índice de crimen en el país.

-- ¿Pero por qué Doe dirigía el Golden Palance? Si dirigía el centro de la organización de Zurimoto, porque ciertamente, que mejor pantalla para el lavado de dinero, dirigía todo su conjunto. Es como si Zurimoto hubiera dejado su imperio en las manos de su enemigo mientras estaba en prisión... no me cuadra eso - le costaba pensar, necesitaba descifrar que planeaban antes de que sucediera lo mismo que con Forge - ¡Matsuo! Mencionó a Matsuo Akuruma, otro de los fugitivos, mencionaron un intercambio fallido... ¿Hay algún registro de algo parecido Keyes?

-- Ayer, en la zona urbana inferior, en un hotel abandonado a punto de ser demolido, al parecer alguien alteró un intercambio de algo que aún desconocemos. Todos los partícipes están muertos y no hay rastro de la mercancía. Leonel Fuhrman, mano derecha de Clayton Doe, fue encontrado muerto en la escena..

-- Eso explica la relación.. se refieren a eso. ¡Quiero un equipo de operaciones especiales tras Doe! Y levanta una alerta a la FUNAV, vamos por Zurimoto.

Capítulo 5: El InformanteEditar

El frío de la noche tenía a Michael aún fumándose el último cigarrillo antes de comenzar. Se frotó las manos mientras tenía el cigarrillo en la boca, y finalmente expulsó el humo por su nariz, sintiendo el calor recorrer su cuerpo. Pisó la colilla, se ajustó su abrigo de gamuza y le dió el último vistazo a la residencia a su frente. Meredith Newman era un importante miembro de la mesa directiva de VardArms, pero debido a los escándalos recientes, decidió retirarse e inmediatamente la Agencia Federal de Investigación la contactó. Un trabajo en la alta esfera de un monopolio resulta bastante productivo, y Newman no era la excepción. Sus ingresos al año eran de más de siete cifras, por lo que su vivienda era más un palacio a un hogar.

-- Tu debes ser el contacto. ¿Anderson? - escuchó una voz a sus espaldas.

Era un hombre viejo, canoso, aunque se veía en forma y fuerte. El frío también lo mantenía bien abrigado, y el vapor salía por su boca al hablar.

-- ¿Cómo se que me puedo fiar de ti? - Michael no era un hombre pleno de confianza.

-- No lo sabes. Tendrás que arriesgarte si quieres la información de la señora.

-- No, no tendré que arriesgarme. Te volaré los sesos a ti y a tu jefa si intentan jugar sucio. ¿Entendido?

El hombre solo asintió con la cabeza mientras sonreía burlescamente. A Michael no le causaba gracia, ni un poco, el hablaba enserio y no dudaría en masacrarlos si intentaban tomarle el pelo. Su contacto caminó por la helada acera en dirección contraria a la residencia, y al ver a Michael parado sin moverse por lo extraño de la situación, le indicó que lo siguiera.

-- No creerá que la señora Newman estaría ahí, ¿verdad?

-- ¿Por qué no habría de estar en su propia casa? - preguntó confundido.

-- Porque la matarían, señor Anderson. Ahora sígame, por favor, cuanto antes, mejor.

¿Quién podría matarla? Cada vez la situación se ponía más extraña. Entonces era cierto, VardArms estaba detrás de ella por revelar información a la policía. Y claramente, no quería que revelara nada más. Debía estar preparado para cualquier incidente.

Caminaron cuatro cuadras por los suburbios, en medio de las heladas brisas y los primeros rastros de nieve del invierno. Michael notó su reflejo en la ventana de un auto a su lado derecho. Se veía cansado, su clara cabellera desaliñada y con ojeras de no haber dormido en días. Si seguía así, iba a acabar mal.

-- Hemos llegado. La señora lo está esperando ahí dentro. El lugar era una casa común y corriente, típica de una familia de clase media de Vard. Era discreta, alejada de la residencia donde seguramente la encontrarían fácilmente y lejos del estilo de vida cotidiano de Newman. Era un cambio que tenía que enfrentar para mantenerse con vida.

-- ¿Michael Anderson? Bienvenido, estaba esperándolo. - le dijo Meredith Newman al entrar al lugar.

Era una mujer madura, pero bella, su basto dinero había sido invertido, pudiendose apreciar a simple vista, en su estética. Un retoque por aquí, otro por allá. Diez años menos, o quizá más. Su cabellera rojiza, su rostro tallado a cincel y su cuerpo la hacia aún más atractiva que la mayoría de las mujeres de su edad e incluso menores.

-- No veo a nadie más aquí. ¿Este hombre es toda su seguridad? - preguntó Michael señalando a su acompañante, mientras examinaba el lugar.

-- Con Saul es más que suficiente. Ahora, pasemos directamente al motivo de esta reunión - Meredith tomó uno folder de la encimera a sus espaldas y se lo dio a Michael en las manos - Dele un vistazo a eso.

Michael tomó el folder y lo abrió. Eran hojas de reportes de envíos y recibos de VardArms, todo parecía limpio, puesto que eran cargamentos legales y registrados. No le encontraba nada fuera de lo normal.

-- ¿Y esto es?

-- Observe bien. VardArms, supuestamente, entrega a sus distribuidores en los muelles, semanalmente, 45 paquetes de armas. Estamos hablando de casi 7000 armas en circulación tomando en cuenta que haya 150 en cada uno. Observe bien el número de serie de los cargamentos.

-- Hay números perdidos, saltados. Hacen faltan 4 paquetes - respondió después de darle una leída rápida nuevamente.

-- Así es. Ese es solo el reporte semanal. Revise las demás hojas, los demás reportes. Se "pierden" 12 paquetes al mes, 1800 armas. Y eso no es todo. Los paquetes extraviados contienen fusiles de asalto, y en su mayoría, son de clase GAF.

Ese último dato hizo recordar a Michael el alijo que encontró en su encuentro con Fuhrman. Fusiles GAF modificados, ¿qué estaba sucediendo?

-- ¡Te lo dije! ¡VardArms está involucrado! Llegarán agentes de la Agencia Federal de Investigación para extraer a Newman, tenemos todo lo que necesitamos - le dijo Intel al oído, había escuchado todo.

-- Escúcheme, señor Anderson. Usted y con quién sea que esté trabajando tienen que acabar con esto, rápido. La FUNAV no está haciendo nada y algo grande se avecina, encuentre a Vic...

Meredith se agachó de repente mientras gritaba asustada. ¿Qué había visto? De pronto, las balas comenzaron a volar por toda la casa y Michael y Saul se lanzaron al suelo. Alguien los estaba atacando con fuerza, y claramente, no tenían intenciones de tomar prisioneros. Michael sacó su Toch y se preparó para contraatacar. Mientras tanto, Saul se lanzó a Meredith y la puso a cubierto detrás de una pared anterior a la recámara principal.

-- ¡Newman! - gritó uno de los atacante, un hombre nada elegante, parecía un matón de poca monta contratado únicamente para un trabajo rápido sin levantar sospechas.

Estaban entrando a la casa fuertemente armados, Michael y Saul debían actuar rápido o morirían. Saul salió de su cobertura y disparó su subfusil Firefast a quemarropa contra los matones. Era un espacio cerrado, algo que le daba una ventaja increíble a Michael.

Se levantó del suelo y tomó al matón principal por la espalda tan rápido que no pudo evitarlo. Era su escudo humano, y lo usó contra sus contrincantes para matarlos de manera rápida y segura. Saul, mientras tanto, tomó a otro de ellos y lo azotó contra la pared, disparando posteriormente a su cabeza y girándose para disparar contra otro que se preparaba para darle por la espalda. Michael finalmente le tronó el cuello a su escudo y remató al último con un tiro en medio de los ojos Todo acabó de manera rápida y sencilla, los atacantes murieron sin lograr su objetivo ni por asomo.

-- Ja, ¿ sabes quién es? Míralo - le dijo Saul mientras guardaba su arma y retomaba el aliento, refiriéndose al que parecía el líder de los asaltantes, al que Michael le había disparado justo en la frente.

Era un afroamericano, con la cabeza bien afeitada y con una gruesa barba oscura que rodeaba su boca. Lo había visto, pero no sabía de donde.

-- ¿No? Bueno, es Burton Jones, uno de los cuatro fugitivos, todo el país está detrás de ellos. Es increíble la clase de gente que esos bastardos utilizan últimamente. ¡Celebridades!

¿VardArms utilizaba a un fugitivo, buscado en todo el país para efectuar un asesinato? Todo se ponía cada vez más extraño. Saul fue en busca de su jefa, y Michael debía aprovechar ese segundo para salir de la escena antes de que las autoridades llegaran. La moderna pero acojedora casa había quedado destrozada por ese rápido minuto de combate. La sala con muebles de piel y el rústico comedor estaban llenos de plomo, sin contar las paredes y las lámparas de techo rotas, era una lástima.

-- Michael, debes irte de ahí, ¡todo se convirtió en una maldita masacre! Contactaré a Newman pronto, debes salir de ahí antes de que los federales lleguen, todo el país busca a Jones y tu lo has matado - exclamó Intel a través del auricular.

Era momento de irse. Corrió a la salida de la casa sin mirar atrás y se puso a pensar en su siguiente paso mientras rompía el cristal de un auto aparcado al otro lado de la calle y se subía para salir del area. Sabía que tenía sus propias motivaciones antes que continuar con esa investigación, pero se había quedado sin dirección, solo Intel y sus sospechas con el asunto de VardArms podrían llevarlo a un lado. En ese momento, realmente creyó que la muerte de su esposa podría estar conectada, y si era así, VardArms tendría un serio problema.

Capítulo 6: AftershockEditar

El agudo sonido de la alarma despertó a John de golpe. Apenas podía abrir los ojos, la luz del sol que se filtraba por las cortinas lo encandilaban y se sentía pesado, como si hubiera dormido por años. Se quitó la delgada sábana de encima y se incorporó con dificultad. ¿Qué había pasado el día anterior? No podía recordar nada, no lo tenía claro, ni siquiera fragmentos, estaba completamente en blanco. Apagó la alarma de un golpe y se metió al baño, necesitaba una ducha para intentar aclarar su mente. Abrió la manija, se quitó los boxers que había utilizado para dormir, y se pasó su mano por su pelo para atrás antes de entrar a la regadera.

Así pasó su rutina matutina de siempre, se afeitó después del baño, se vistió con pantalón de pinzas negro, una camisa elegante blanca con rayas azul cielo, y unos zapatos negros bien limpios, presentable como siempre, y se tomó un café bien cargado y un pan dulce que horneó antes de comerlo. Revisó su reloj de muñeca, indicaban las 8:16, debía llegar a las nueve en punto al CID o sería tarde, un lujo que no se podía dar con la presión de Wayne sobre los empleados. Caminó con rapidez a su auto, cerrando la puerta de madera por la espalda y se comenzó a conducir con dirección al edificio.

-- ¡John! ¿Estás bien? ¡He estado intentado localizarte toda la noche! - le dijo una voz que salió desde las bocinas del auto.

-- ¿Doctor Asad? Vaya, pues... ¿pasó algo? - preguntó algo confundido mientras conducía a toda velocidad un auto del año, no deportivo, pero bastante atractivo por las calles del distrito urbano superior, los suburbios.

-- ¡Creí que habías muerto, que el suero te habían ocasionado algún efecto secundario!

-- ¿Qué suero? ¿De qué habla doctor? - John no entendía a que se refería su colega tan preocupado.

-- John... no lo recuerdas... carajo, ven aquí, ¡rápido!

Asad terminó la llamada y dejó a John más confundido de lo que estaba en un principio. ¿De qué estaba hablando? Se concentró nuevamente en la carretera, pues escuchó sirenas cada vez más cerca de el. Disminuyó la velocidad y observó como pasaban dos ambulancias y una patrulla de policía a su lado, bastante rápido para tratarse de algo simple, algo grave había pasado cerca de su casa, pero no tenía tiempo para la curiosidad, debía llegar al CID.

Después de conducir durante algo de tiempo, John finalmente llegó al CID, al majestuoso complejo de cristal a las afueras de Danke. Estaba bien guarecido por la seguridad del complejo, incluso se podría decir que con Brock solo bastaba. Aparcó su coche en el estacionamiento privado y se bajó casi corriendo después de revisar nuevamente su reloj de muñeca, el cuál indicaba 5 minutos antes de su hora límite. Entró por la puerta principal de cristal que se deslizó a los lados, y caminó por todo el amplio vestíbulo hasta doblar a la derecha, justo después de la sala de espera, y pasó su identificación por un dispositivo pegado a la pared. Se relajó, su hora se había registrado antes de las nueve, ahora no había peligro. La puerta se abrió, era un ascensor, y pulsó el botón con la leyenda de P5.

-- Alerta - sonó una voz de mujer monótona en todo el lugar - Amenaza nivel rojo detectada. Unidades trasladarse inmediatamente a P5, John Wolf debe ser neutralizado.

¿Qué carajo acababa de escuchar? Las puertas del ascensor se abrieron, había llegado a su destino. Su oficina, su elegante laboratorio estaba del otro lado del pasillo. Podía correr a su oficina y refugiarse ahí, porque a pesar de no tener idea de lo que sucedía, Brock y sus hombres lo matarían. No lo pensó dos veces, lo hizo. Corrió afuera del ascensor con la esperanza de llegar a su destino.

De pronto, alguien se lanzó sobre el a su derecha, pero repentinamente, logró retenerlo con su brazo derecho en el aire y caer encima de el. ¿Cómo había hecho eso? Evadió a un guardia entrenado y lo había sometido. Las puertas a su alrededor se abrieron, y de ahí salieron aproximadamente cinco guardias de cada una a su ataque. Se lanzaron sin pensarlo sobre el, pero John logró evadir cada golpe, logró contraatacar y detener cada ataque de una forma increíble, que ni siquiera el podía explicar. Uno de los guardias intentó darle un puñetazo a la cara, pero John lo agarró del brazo, lo dobló y con dio un codazo a su atacante en la cara. Otro se abalanzó sobre el y John en respuesta se deslizó en el suelo y le perpetró una potente patada en el estómago, e inmediatamente acabó con otros dos guardias frente a el con una ágil combinación de puñetazos y patatas. John respiró y miró a su alrededor, tenía 20 cuerpos a su alrededor, y ni siquiera sabía como había hecho eso. Todo había pasado tan rápido, era inexplicable para el.

-- ¡Bravo doctor! ¿Es esto a lo que le temía?

La alarma cesó y escuchó la voz acompañada de fuertes aplausos a su espalda. Era Wayne.

-- Acaba de someter a hombres de seguridad, altamente entrenados y preparados sin ningún esfuerzo, sin ningún rasguño - Wayne estaba encima de un balcón justo encima del elevador, y detrás estaba una puerta color plata. Era el despacho de Wayne - ¿A qué le tenía miedo entonces, doctor Wolf?

-- ¿De qué está hablando? ¿Qué está pasando aquí? ¡Exijo respuestas señor Wayne! - exclamó John desesperado.

-- No puedo creer que aún no caiga en la cuenta. Utilizó Harbinger en usted mismo. ¿No está observando los beneficios? ¿Las ventajas que ha causado en usted? ¡Ha sido todo un éxito, doctor! Gracias a usted, y al esfuerzo del doctor Asad.

John se quedó atónito. ¿De verdad había usado el suero? No podía recordar nada. Brock estaba, como siempre, a lado de Wayne y lo miraba tensionado, acababa de verlo en acción y estaba sorprendido al igual que todos.

-- ¿Cómo es que no recuerdo nada?

-- Su colega nos lo ha explicado. Sufrió una leve desconexión neuronal. No tengo idea de que signifique eso en términos neurológicos, pero en resumen, su actividad cerebral se detuvo unos minutos. Murió, literalmente.

-- Eso no es posible...

-- Me temo que si lo es, doctor. Aquí están sus resultados: reflejos, velocidad, fuerza, agilidad, resistencia... todo a aumentado en usted. Es un supersoldado, por decirlo de algún modo - Wayne se veía complacido, finalmente, el producto estaba listo - Lo llamaré más tarde doctor y... disculpe este incidente.

Wayne y Brock entraron a la puerta y desaparecieron sin que este último le quitara la mirada de encima. John necesitaba respuestas, así que antes de irse en busca de Asad, le dio el último vistazo a sus atacantes caídos a su alrededor, y sintió culpa por haber golpeado a esa gente por un simple experimento de Wayne. No pudo haberlo sabido. Caminó desesperado a su laboratorio.

-- ¡Asad! - gritó al entrar por la puerta de su laboratorio - ¡Necesito res...!

-- ¡John, escucha! - le dijo Asad, con unos audífonos puestos enfrente de un aparato - Sabía que Wayne tramaba algo... he interferido con su línea telefónica desde hace semanas, creo que tengo algo por fin. Debes escuchar esto.

Asad se quitó la diadema y permitió a John escucharlo todo.

-- Está listo. Ha resultado todo un éxito - era la voz de Wayne.

-- Bien. ¿Cuándo podrás entregarnos Harbinger? - era otro sujeto, con voz rasposa y un tono autoritario.

-- En unas horas. Mis científicos lo han probado y funciona a la perfección.

-- Perfecto Richmond. El Núcleo está casi terminado gracias a los planos que nos diste, tengo a los mejores trabajando en ello. Casi ha empezado, estamos muy cerca de nuestro objetivo.

-- Ya te lo he dicho, quiero seis millones de dólares a mi cuenta por Harbinger, ¿entendido?

-- No eres nadie para exigirme. Sabes que puedo matarte en cualquier momento, a ti, a tu gente, incluso a ese protector que tienes, Theodore Brock. Tenemos un trato, y se cumplirá.

El contacto colgó el teléfono. Wayne iba a entregar Harbinger a alguien, eso era inimaginable. Si caía en manos equivocadas, podría ser fatal. ¿Quién era esa gente? Tenía que averiguarlo... y detenerlos a cualquier costo.

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