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Historia cancelada

César de Languedoc Editar

Bizancio, 1187 n.e.

César de Languedoc estaba tirado en una cama modesta, en un cuarto pequeño iluminado por una vela en la repisa y la luz del día apenas entraba por una ventana. Se revolvía en la cama y la sabana para calmar su dolor punzante del estómago.

Una espada otomana le atravesó justo antes de que César encajara su mandoble en la cabeza del portador otomano. Su pequeño contingente, que ayudaba a los bizantinos como una estrategia del Rey de Francia Felipe II Augusto para reforzar sus intereses con la corona del Imperio Bizantino.

El contingente, de 100 hombres, era más un chivo expiatorio que una fuerte donación. Del total, 98 eran soldados de la reserva francesa destinados al norte. Pero viendo la oportunidad fue que Felipe II les puso a 2 tenientes, César de Languedoc y Guillermo de Neustria, ambos destacados en antiguas peleas pero que no eran lo suficientemente ambiciosos para escalar en la jerarquía militar.

El contingente, llamado oficialmente I Batallón Bizantino-Francés, llegó en la primavera de 1186. Desde entonces sirvieron de embajadores militares y se dispusieron al control de Isaac II Ángelo, el emperador bizantino de turno. No se demoró en mandarlos a una batalla contra los otomanos que acaeció en el estrecho de Bósforo. Las huestes otomanas abordaron el barco donde se transportaba Guillermo junto a sus 49 hombres. En un intento desesperado de hundir a su propio barco, tomado bajo los otomanos después de una encarnizada batalla, y a la vez hundir al famoso militar otomano, Kisser Appeu, quién lidero el golpe, los mismos barcos bizantinos hundieron la galera de Guillermo de Neustria. Todos murieron, incluyendo a Kisser Appeu.

La galera de César fue también abordada por otomanos. La batalla era fuerte, al parecer intentaban destrozar las galeras para que así ellos no tuvieran problemas en atravesar en pequeños barcos. César hizo lo posible defendiéndose de sus atacantes, pero igual la galera cayó en manos de los otomanos.

Estos, realizando un movimiento inclusive sarcástico, prendieron fuego a la galera para causar una perdida. César, herido, fue sacado de la embarcación con ayuda de sus 4 soldados sobrevivientes. El barco bizantino amarro en el puerto y los franceses fueron llevados a un hospital.

Isaac II se molestó bastante: La Batalla del estrecho de Bósforo, dónde aposto en vanguardia al I Batallón Bizantino-Francés y en la retaguardia a pocos barcos auxiliares, fue un desastre por las perdidas. Encolerizado, mandó colgar a los franceses sobrevivientes. Los condenados se dieron cuenta y escaparon del hospital después de matar a un par de soldados bizantinos que los custodiaban mientras los refuerzos llegaban.

Encontraron una habitación dónde al parecer era una casa recién abandonada. Allí se postraron, dejando a César al cuidado mientras los otros salían para conseguir lo necesario. Llevaban al menos 4 meses escondidos, sin posibilidad de salir. Y César cada día estaba peor. ahora una terrible fiebre lo condenaba a una muerte en cuestión de días. Y además eso no era lo peor: Uno de los franceses fue descubierto y asesinado mientras que otro un día simplemente desapareció. Lo atribuían a la desesperación o un asesinato; un tercer francés cayó enfermo también de fiebre.

Volviendo al inicio de la historia, César se quejaba del dolor de la herida de hace casi 5 meses que no dejaba de molestarlo y de la fiebre que pronto lo consumiría.

-¿Qué..ue ho...hora es...sss? - pregunto Luis Guillean, el otro soldado enfermo, titirando del frío de la fiebre.

César calculó por la luz que entraba por la ventana.

-Pasa de medio...día. - respondió, con los mismos síntomas de Luis.

La hambre les molestaba, igual que la sed. Su compañero francés salió a conseguir comida para los 3 con el dinero robado. Pero no necesitaban un manjar como el del recibimiento a Constantinopla un año antes cuando eran 100 franceses aventurados. Con un pedazo de pan para cada uno y un vaso de agua podrían aguantar hasta la noche, la hora en que su compañero robaba en el puerto cercano la comida.

La humedad del mar, a unos 100 metros de su habitación, le hacía sentirse como en su juventud, cuando exploraba junto a su primo Elyon las playas de Europa. Ahora, a sus 36 años estaba a punto de morir por una enfermedad después de aguantar batallas en el Ejército Francés, la Batalla del estrecho de Bósforo y escapar de los soldados bizantinos.

-¡Nunca me tendrán! - grito Luis, dándole un susto a César. La cama rechino y se escucho un largo suspiro.

César lo volteo a ver y preguntarle:

-¿Lu...luis? ¿Estás bien solda...da...do?

No respondió, se quedó con la misma extraña mirada y sin decir nada.

-¿Lu...? - Apenas empezó la pregunta cuando se calló. La forma en que estaba Luis, su largo suspiro. Su mirada...

Luis acababa de morir.

César se persigno y rezo por el alma de su amigo y compañero durante al menos media hora. El tiempo se discurría, parecía eterno pero a la vez sentía que su vida se iba. De repente escucho como le gritaban desde afuera por su nombre, una voz que no conocía y con un fuerte acento de Constantinopla.

Alucinando, desfalleciéndose, César se levanta y camina a la puerta. Al abrirla recibió el destello del sol de la una de la tarde. Miró bien el panorama: Enfrente de él estaban 20 soldados bizantinos, un par de ellos llevaban amordazado a su compañero frances, mientras que había mirones de todo tipo.

-César de Languedoc, por decreto del rey Isaac II Ángelo, se te declara criminal de guerra, traidor al Imperio Bizantino y a la corona de Francia, asesino de soldados del Ejército Bizantino y robo de propiedad privada. La condena inicial era morir en la horca, pero sabiendo que eso te daría una muerte más famosa se decidió que te matemos por nuestras espadas, sin ceremonia alguna. - dijo el capitán.

César, fácilmente vencido, se quedo allí parado. Resignado a morir por sus antiguos compañeros de armas en Constantinopla. En ese estado únicamente levantar su mandoble era una tarea imposible. Uso todas sus fuerzas para no tartamudear en las siguientes palabras:

-Juró por mi legado que mi intención era detener el avance de los otomanos. Mis soldados eran fieles pero no los suficientes para defendernos de la horda enemiga. Mi espada no atravesó ni hirió a ningún bizantino. Pero teniendo en cuenta que ni la corona de mi país, Francia, ni la de este Imperio me absolverán, no opondré resistencia.

El capitán se quedó a unos pasos, con su espada empuñada.

-Así se habla, maldito francés.

César sollozo al saber que no volvería a ver a su esposa ni a sus hijos, gemelos, de apenas 2 años los pequeños. El sonido de las pisadas se hacía cada vez más cerca, más cerca.

Y de repente cesaron.

No solo ese sonido. Todo el sonido. Era como quedar sellado. Levanto la cabeza y observo que el panorama estaba congelado, ni los pájaros en vuelo. Era estático. Miro a su alrededor.

Unos extraños rayos, color morado, aparecieron a su alrededor, impactando en el suelo con un ruido sordo cada uno de las decenas. El panorama se volvió blanco y después la oscuridad. César creyó haber muerto.

Nada más lejano a la realidad.

Colt Rovira Editar

Tierra Blanca, Asteria, 1837 n.e.

Los Alguaciles del Quinto Imperio eran cada vez menos. El emperador intentaba erradicarlos para implantar a su Policía Militarizada. De hecho, ya no existían vacantes para los alguaciles; era imposible ingresar como uno después de que un decreto, apoyado por la junta del emperador, decretara que el cuerpo de los Alguaciles del Quinto Imperio desaparecerían el día que el último de ellos muriera.

Colt Rovira era uno de ellos: Hombres entrenados anteriormente en el Ejército de Asteria que podían realizar servicios como investigadores y primera línea de ataque y defensa contra los criminales. Al inicio el grupo era estimado, pero en la última década eran menos famosos debido a la corrupción y a que su número menguaba cada vez más por la dada de baja de los hombres o la opción más funesta, la muerte.

Colt, sentado en la banca afuera de la Oficina de Alguacil del condado de Tierra Blanca, miraba su revólver de 8 tiros que siempre llevaba consigo. Un arma preciosa que le quito a un bandido hace 10 años, en sus inicios como ayudante de Alguacil. Delante, en la llanura desértica, un pueblo de unas 17 casas era su territorio. Tenía jurisdicción sobre 2 ayudantes suyos y otros 10 guardias del pueblo. Mantener el orden allí era cosa fácil a causa de que el número de habitantes asentados era de alrededor 60, mientras que llegaban y se iban personas variadas. La taberna del lugar atraía a muchos viajeros.

-Alguacil Rovira, buenas tardes. - saludo uno de sus ayudantes, Ignacio.

-Buenas tardes ayudante ¿cómo te va en el día? - le respondió mientras guardaba su revólver.

El ayudante se sentó en la misma banca mientras tomaba agua de la cantimplora.

-Estresante. Llevó la investigación del asesinato de las 2 mujeres desde hace un mes y la gente de alrededor no habla. Temen a alguien.

-Bueno Ignacio, no puedes exigirte demasiado. Si la gente no ha hablado ¿te has puesto duro con ellos?

-No, señor. Les he prometido que si hablan no tendrán que ir a testificar contra el asesino y que se les proporcionara asistencia a la menor duda de que estén siendo acechados por alguien.

Colt se movió el sombrero hacia adelante para recostarse.

-Pero a veces ser duro es lo mejor. Métete en terreno que los lastimé levemente: Si el asesino mata a sus familiares ¿qué harán? Si el asesino se mete y viola a sus hijas y su esposa ¿qué sentirá? Están todavía en tiempo de ayudar.

Ignacio, con los ojos entrecerrados, asintió levemente pero no pronuncio palabra.

-¿Tienes idea de quién pueda ser? - pregunto Colt.

-Especular aquí sobre un asesinato siempre lleva al grupo de Horacio Rendo. El tipo que tiene a su banda en la cuenca del río seco. Dicen de todo sobre él y sinceramente les creo.

-Entonces ¿por qué no has ido tras él?

Ignacio se adelanto en su asiento, mirando al pueblo.

-Soy un solo hombre, y en caso de que necesite ayuda podría llevarme a otros 5 de nuestros guardias. Para que el Ejército o la Policía Militarizada nos presté ayuda primero deben llegar aquí por un milagro. Nunca gastarán recursos contra un sospechoso: Debe ser culpable para que movilicen a cualquiera de ellos.

-Todavía tienes mucho que aprender Ignacio. Se astuto y siempre ha una forma de ir a por tu sospechoso. Y en caso de que te equivoques ellos estarán en problemas con cualquier tipo de agresión que realices.

Ignacio seguía pensativo.

-La Policía Militar pronto llegará, al menos pocos de los suyos sirven lo suficiente en este lugar. Estamos en el desierto y cualquier banda suficientemente fuerte puede arrasar esté lugar.

Colt se paró, preocupado.

-¿Te sientes bien? Ese tipo de palabras lo diría alguien en quién no confío.

-No tengo nada. Es que... bueno... no tiene importancia. - dijo Ignacio mientras también se levantaba y se dirigía dentro de la Oficina. Colot lo agarro del hombro.

-¿Qué cosa es eso? Nerviosismo, frases pesimistas ¿qué?

-No es nada, ya le dije alguacil.

Colt le dio la vuelta y lo estrello contra la pared. Un par de los guardias se acercaron para preguntarles si todo estaba bien.

-Cuéntame que es eso que te preocupa ¿Qué es? - Ignacio no decía nada. - ¡Dímelo mamón de la mierda!

Ignacio abrió la boca, asustado, tratando de quitarse las manos del alguacil que ayudaba desde hace 3 años.

-¡La banda de Rendo! Es eso ¡Es eso! Me encontraron y me siguieron. Perdí a unos, pero otros me siguieron hasta aquí. Cuando me acerqué se escondieron.

Colt lo soltó. Se giró hacia sus 2 guardias.

-Preparen sus armas y siganme. Un rifle cada uno y otro para mi. Vamos a buscar a esos cabrones.

Colt se subió a su caballo, un semental color café rojizo con una mancha blanca en la cara. Se fue en la espalda del animal, con el revólver preparado y enseguida sus 2 guardias lo alcanzaron, pasandóle uno de los rifles.

Preguntándole a la gente, fueron hacia la taberna, dónde decían haber visto a varios matones de la banda de Rendo. Entraron los 3, abriendo las puertas de saloon, con los rifles preparados. Cuando gritaron que buscaban a ciertas personas, la música de piano se detuvo.

-Escucharon bien amigos: Buscamos a hombres de la banda de Horacio Rendo.

Unos 6 vaqueros se levantaron de una mesa y se pusieron en actitud desafiante.

-¿Nosotros, alguacil Rovira? - dijo uno un poco más alto que la media, igual que Colt, y bastante fuerte.

-Así es, Horacio.

-Pero ¿así nos saludas? Llevamos meses sin venir por aquí a consumir en tu condado de mierda. - dijo Horacio.

-Estas muy retador, hijo de puta. Pero el asesinato de aquellas 2 mujeres no quedará impune, no importa que intimides a mi ayudante, yo mismo te daré caza.

Horacio retiro levemente su guardapolvos para revelas un revólver que empuño. Colt hizo lo mismo con su rifle.

-Horacio baja tu arma o dispararé.

-No lo hará, alguacil. Tanta gente en este lugar, no se puede arriesgar a tantas perdidas colaterales. Lo degradaran terriblemente. De hecho lo condenaran.

Colt, bajo presión, bajo el rifle. Sus compañeros igual. Horacio sonrió.

-Pero yo no tengo miedo, alguacil asqueroso.

Horacio disparó un tiro que impacto en el hombro de Colt. Sus hombres hicieron lo mismo.

Colt tiro una mesa y se protegió detrás de ella junto a otro de los suyos. Se asomo ligeramente para disparar. Horacio y su grupo disparaban casi sin apuntar, lo que causaba varias muertes. Algunas personas yacían en el suelo, dando sus últimos suspiros. La mesa no resistiría muchos tiros más.

Dio su primer disparó, que impacto en la mano de Horacio. Los dedos se destrozaron y el revólver cayó seguido de unas gotas de sangre y un quejido desgarrador.

El segundo tiro impacto en la frente de un enemigo y el tercero en el hombro del mismo, un tiro gastado. El compañero que estaba a su lado recibió un tiro en la sien que atravesó la madera y lo tiro de lado, con un chorro de sangre.

Cuando Colt se asomo se espantó al observar a Horacio junto a él, con una mirada de odio, mientras lo agarraba y lo lanzaba contra la barra. Colt, adolorido, se levanto para observar como Horacio le enterraba un cuchillo de cacería en la herida.

-¡Muere Colt! - gritó Horacio justo antes de dar el golpe de gracia en el cráneo del alguacil.

Colt ya no tenía oportunidad. El dolor era insoportable para detener ese golpe lleno de furia. Ya no podría ir esa noche a su casa y ver a su esposa y a su hijo de 6 años Martín. Se acabo todo.

El golpe no llegó. Ni los proyectiles siguieron volando. Ni siquiera la gente corría ya. Levanto la mirada y observó que todo estaba paralizado. Ni siquiera el viento se movía.

Se intento mover pero fue que sintió un recorrido de energía extraño: Se estaba electrocutando con unos rayos eléctricos aparecían a su alrededor. ¿Estaba alucinando? Intento hablar pero el sonido no aparecía ni de sus propios labios. En un segundo todo se difumino, se hizo blanco eléctrico y enseguida oscuro.

No sabía si eso era la muerte.

Tormenta dimensional Editar

El laboratorio CEUTT, ubicado en Asteria, tenía problemas graves. La activación de la tormenta de rayos artificiales logró abrir una brecha entre el espacio y las dimensiones, pero mucha energía era consumida.

En ese momento los científicos más veteranos e importantes estaban en la oscuridad tratando de controlar la brecha eléctrica que estaba consumiendo la energía, mientras que los generales de todas las naciones que ayudaron en la creación del Transportador Temporal intentaban evacuar a los demás científicos menos experimentados.

-<<NÚCLEO 3 Y 4 EN ESTADO CRÍTICO>> - dijo una voz robótica de la alarma en caso de emergencia. Las luces rojas se encendieron parpadeando y una tonada de emergencia inundaba todo el recinto del CEUTT.

-<<FALLA DE VENTILACIÓN EN EL NÚCLEO 1>>

-<<CONGELANTE 3 DEL CASCO DEL TRANSPORTADOR OBSTRUIDO>>

La situación era más que crítica. Si no se reparaba esto, los núcleos detonarían destruyendo la base y miles de millones de dólares de los países que ayudaron a la construcción del Transportador Temporal. Y eso no era todo: Cualquier persona en un radio a 100 kilómetros estaría propenso a la deshidratación provocada por la radiación. Y la nube radioactiva afectaría bastante a Asteria.

Los generales Glenn McAvoy, de EUA, e Israel Clay, de Asteria, se apuraron para ayudar a los científicos que intentaban controlar el caos.

-¡Alguien compruebe los núcleos! - grito el doctor en física Thomas Duncan.

Israel y Glenn corrieron hacia el núcleo 3 siguiendo a uno de los científicos. Al llegar, comprobaron horrorizados como a los alrededores la radiación fundía la física. Acercarse era envenenarse de golpe.

-¡Necesitamos un traje! - grito el científico. Rebusco a los lados y encontró un par. Se puso uno mientras que Israel se ponía el otro.

Juntos, con el traje puesto, abrieron la puerta metálica que estaba a punto de fundirse y entraron en la cámara. El calor radioactivo los dejaba secos del líquido corporal. Sacaron las barras de plutonio de las cavidades y las depositaron cuidadosamente en otras cavidades similares solo que neutralizaba la energía al cortar las corrientes que se realizaban entre ellas. La energía del núcleo descendió dramáticamente. Se controlo la situación del núcleo 3 pero las 2 personas que entraron a repararlo murieron por envenenamiento radioactivo y deshidratación. El general Glenn pidió ayuda a gritos pero la situación estaba descontrolada.

El núcleo 4 también fue estabilizado gracias a otros 2 jóvenes científicos que regresaron para ayudar, e igual perecieron en el acto. El núcleo 2 era estable, mientras que el 1 se encontraba lanzando mucha más radiación. Inclusive con el traje, nadie sobreviviría. Y el calor era insoportable; los cascos metálicos recubriendo el plutonio inclusive derretirían las pinzas especializadas y quemarían a distancia todo el cuarto si era abierta la puerta.

Arriba, algunos de los científicos, entre ellos Thomas Duncan, intentaban arreglar eso.

-La solución es muy drástica Thomas. - dijo uno de ellos, un ruso llamado Ardión Klusoff. - Además afectarás, en algún momento, al planeta.

-¡No! No y no y pienso dañar aquí. Lanzaremos los núcleos en algún lugar que no esté habitado y que tampoco será usado. El desierto, en algún momento del pasado.

La solución era la siguiente: Volver activar el Transportador Temporal, pero causando una sobrecarga para que en lugar de dispararse normalmente (y abrir una brecha en el tiempo y el espacio) se disparara a su base, los núcleos. Los núcleos tendrían la suficiente fuerza y energía restante para, interactuar con la carga de la tormenta dimensional, y abrir una brecha llevándose todo lo correspondiente a la cámara de los núcleos.

-¿Es que no entiendes? ¡Allí hay 28 kilogramos de plutonio! ¡Alrededor de mil millones únicamente en el plutonio! - grito otro.

-¡No me importa! Costará más la explosión, nuestras vidas y todo lo que afectaremos a Asteria y al planeta.

Los científicos entendieron que era una opción bastante dramática, pero a la vez la más viable.

-No hay nadie vivo en la cámara debajo del Transportador. Cierren las compuertas. - dijo uno.

-Compuertas con todos los seguros. Ni siquiera un átomo debe pasar por allí. - dijo otro.

En la computadora Thomas activo los siguientes comandos:

<<ACTIVACIÓN DEL TORMENTA DIMENSIONAL EN EL TRANSPORTADOR TEMPORAL... LISTO

CIERRE DE PUERTAS Y COMPUERTAS DE TODA LA INSTALACIÓN... LISTO

CARGA DEL TRANSPORTADOR TEMPORAL... LISTO

NIVEL DE ENERGÍA ADECUADO... FALLA

¡¡SOBRECARGA EN EL TRANSPORTADOR TEMPORAL!!

¡¡SOBRECARGA EN EL TRANSPORTADOR TEMPORAL!!>>

El nivel de energía adecuado tenía una falla ya que era un 15% más del posible para un buen funcionamiento. El disparo sobrecargada lanzaría la tormenta dimensional debajo de ellos. Si eso no funcionaba, la brecha destruiría todo el CEUTT.

Thomas activó el Transportador Temporal.

Se escucho el chillido característico y después un retumbo que parecía provenir de las paredes. La cámara del Transportador, forrado por diferentes conductor eléctricos y demás retumbo, lanzó rayos morados entre ellos y enseguida en el medio se creo una bola de energía pura. Se estaba sobrecargando. Empezó siendo morada y se puso color carmesí para pasar a ser un rojo brillante. La sobrecarga estaba lista.

La bola de energía en lugar de abrir el portal y lanzar rayos invertidos se fue para abajo, atravesando la superficie y pasó a la cámara de los núcleos. Allí abajo Glenn McAvoy todavía estaba, intentando escapar del laberíntico lugar. Cuando la bola de energía llegó noto como su cabello se erizaba.

-¿Qué demonios es esto...?

Se miró las manos: La piel se estaba haciendo morada, y a la vez veía como ondas eléctricas pasaban por sus venas, que se volvían transparentes. Apretó las manos y en ese momento la bola de energía hizo contacto con los núcleos, lanzando rayos verde fosforecente por todo el lugar, impactando con Glenn. El general ya no estaba en la dimensión, o siquiera en el tiempo. Su cuerpo estaba allí, pero sentía como se abría a las infinitas posibilidades. La energía, pura, lo transformaba.

En un último momento se observo: Estaba púrpura, transparente, su esqueleto eléctrico se veía y sentía el poder de los núcleos y del Transportador Temporal. Era, sin dudas, algo maravilloso. Pero ya no era humano.

En un último instante, el contacto limpio entre la energía del Transportador y de los núcleos abrieron una nueva brecha que se llevo toda la cámara en otro viaje dimensional, incluyendo a Glenn.

El CEUTT se quedó en las tinieblas, sin energía. Se salvaron. Pero igual que se haía llevado algo, el Transportador dejo otra cosa...

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