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South Of Heaven
SOH
Creador TOTO.INC
Web Creador De Historias
Saga La prisión del destino
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Datos Más datos


OST Apertura:

Dream Theater - A Rite of Passage08:37

Dream Theater - A Rite of Passage


Capítulo IEditar

AnhelosEditar

Las gaviotas cantaban al son de su recorrer del cielo que mostraba el alba. Sobre la arena de la playa que acotaba el inmenso mar agobiado por la contaminación, se encontraba recostado un niño de prendas andrajosas. El gélido viento oreaba sus cabellos cenizos mientras que los rayos del sol chocaban en su rostro. Esos destellos lo obligaron a abrir sus tiernos ojos de tono turquesa. Su mano sostenía un frasco de vidrio, elevándolo sobre su rostro.

— Nada funciona…

Reventó el frasco con un estrujón y extrañamente los trozos de vidrio no lastimaron su pequeña mano. Con desgane se levantó de la arena.

- ¡¿Por qué no me dejas estar con ellos?! — grito al mirar el cielo.

El aire seguía meneando sus cabellos en su ensimismar. Luego emprendió su marcha con pasos lentos. La arena desapareció para darle lugar a enormes senderos y cuestas de tierra con poca vegetación. Se detuvo al sentir el choque de una pelota desinflada contra sus pies. La tomo entre sus manos y se la entregó a un niño más pequeño que él que llego apresurado para recuperarla. Ese niño le agradeció y de inmediato regreso con el grupo de pequeños con los que jugaba a ser futbolista como aquellos famosos que salían por televisión. Gritaban, reían, daban enérgicos brincos, pateaban con empeño y disfrutaban del correr. Siempre era así sin importar con que jugaran, eran felices y se divertían con poco.

- Acaso… ¿esta será la razón?...

Borro su débil sonrisa al echar un vistazo más allá de los pequeños. El aire agresivo los mataba silenciosamente, debían de beber agua contaminada y comer alimentos insalubres y escasos. Las casas no eran protectoras de las ondas de calor ni de los intensos fríos. No había oportunidad de progreso. Además sintió empatía por el dolor, la rabia y el desprecio que la guerra grabo en cada persona. Se preguntaba porque tenían que llevar esa lamentable forma de vida. Tal vez aquellos niños eran los únicos que aún no se daban cuenta de la triste realidad, pero no tardarían en hacerlo ya que ahí los infantes eran explotados desde los cinco años. Sintió pena por ellos.

Una fuerte lluvia comenzó a despeñarse. El niño ni se inmuto ni le importo quedar empapado de pies a cabeza. Tampoco prestó atención el caminar sobre fango. Los pequeños huyeron hacia sus hogares humildes. Observo con envidia a uno de ellos que era recibido con afecto por su madre. Lo seco con sus mantos y lo acurruco entre sus brazos.

- Sería fantástico tener una mami, ¿verdad?

El niño bajo la mirada. Uno de los pequeños estaba a un costado de él, abrazando la pelota y sonriendo a pesar de sentir la misma envidia.

- Me llamo Fabián ¿y tú?

- Zohet. Y si, sería fantástico… - continúo caminando.

- Oye, no te vayas. ¿Quieres jugar conmigo? – pregunto mientras le seguía el paso.

- Te enfermaras si continuas bajo la lluvia. Será mejor que te vayas a casa.

- Pero… no quiero regresar.

- Aprovecha que tienes una casa a la cual llegar.

- ¿Tú no tienes?

- La tenía.

- ¿Qué le paso?

- No te gustaría saber.

- Entonces ¿Dónde vives?

- Donde sea.

- Si quieres puedes quedarte conmigo. Papá siempre llega tarde y borracho, no creo que se dé cuenta.

- ¿Por eso no quieres regresar?

- Sí. Desde que se fue mamá solo hace eso.

- ¿Por qué no intentas irte con ella?

- No sé cómo llegar al cielo.

- Yo tampoco… - comento luego de mantener unos segundos de silencio.

- Pero mamá me dijo que estaría con ella algún día. Oye, quédate conmigo, anda.

- ¿Por qué no te vas con uno de tus amigos?

- No quieren.

- Esta bien, pero primero debo atender un asunto importante.

- ¿Qué cosa? ¿Puedo ir?

- No, está demasiado lejos.

- Si está demasiado lejos entonces no regresaras.

- Regresare, ya verás. Anda ve a casa.

- Está bien. No te tardes mucho.

Corrió enérgico y entro a una de las tantas chozas. El niño, como pocas veces, sonrió, después siguió avanzando. Llego tan pronto a otro sector. Sobre la carretera se encontraba apenas sosteniéndose un cartel desfigurado que anunciaba el arribo al distrito “Abyss”. Las calles estaban añejas con las construcciones hechas ruinas y con ausencia total de habitantes y animales tras ser devastadas por una terrible desgracia. Siguió un arroyo de agua turbia de espesor parecido al moho, delimitada por tierra infértil y aire nebuloso. Llego a un parque. Sobre lo que antes era pastizal, se encontraban cinco túmulos y en cada uno había una rama enterrada, mismos que el niño reacomodo pues la lluvia estaba deslavándolos.

— Hoy es un día justo como les gustaba. Ojala pudiéramos volver a divertirnos en los charcos… — dijo con un enorme nudo en la garganta.

Las lágrimas comenzaron a caer sobre la tierra. Dejando a un lado la nostalgia, levanto la mirada hacia donde la intuición le indico y capto con una visión de águila que un convoy de vehículos militarizados estaban dirigiéndose y casi por llegar al pueblo al que había prometido regresar.

- No… ¡Otra vez, no! – como rayo se desplazó tras ellos.

Las aves se paseaban sobre el cielo despejado con aires un tanto limpios. Un conjunto bien organizado de edificios con las más bellas y sorprendentes formas con tamaños gigantescos, calles limpias repletas de tecnología y decoraciones novedosas, personas bien vestidas caminando o dando vuelta sobre ruedas en vehículos último modelo, eso y más era Hope City, la metrópoli más importante de la Región Centro mejor conocida como la Zona Cero. Ahí fue donde los grandes líderes establecieron los cimientos del nuevo régimen para las cinco regiones mundiales y así garantizar a su modo la supervivencia humana.

Algunos doctores se paseaban por los pasillos, los camilleros tomaban un descanso en la sala de espera y las enfermeras entraban y salían de las habitaciones pues checaban constantemente a los pacientes del Hospital de Atenciones Especiales. En la habitación 103 un hombre abrió los ojos.

— ¿Dónde estoy?... — pensó.

Miro el calendario que se posaba sobre la mesa. Sábado, 24 de Octubre de 2020. Sino no fuera porque estaba en cama, se hubiera ido de espaldas por la impresión de saber que permaneció dormido durante 3 años. Desconecto las agujas de su cuerpo y después de constantes intentos para poder caminar, se dirigió a la ventana, observando con sorpresa que la ciudad había sido reconstruida después del terrible desastre que la sacudió.

Impaciente, tomo el teléfono que estaba sobre la mesa, pero la operadora le indicaba que el número marcado no existía. Lo volvió a intentar una y otra vez, pero la respuesta era la misma. Dejo caer la bocina e intento salir sigilosamente del hospital, pero fue detenido por los guardias de la entrada. Un doctor se acercó ante el escándalo que provocaba el hombre que forcejeaba con los guardias.

— ¡Suéltenme, no puedo quedarme aquí, debo ir a casa y saber cómo está mi familia!

— ¡Tranquilícese, lo llevaremos a su casa, pero hay un procedimiento!

— ¡Me importa un carajo su estúpido procedimiento, yo debo irme! ¡Suéltenme, maldita sea!

El hombre se quitó a un guardia de encima al darle una patada en los genitales, por lo que aprovecho la distracción del otro guardia para empujarlo y salir corriendo hacia la salida. No miro atrás en su huida sobre las majestuosas calles de la ciudad que eran muy distintas a como las conocía, siéndole una ardua tarea encontrar su casa, que para su sorpresa igualmente había sido modificada tanto en estructura como en color. Toco el timbre y la puerta fue abierta por un niño.

— ¡¿Steve?! — grito emocionado.

— ¡George, ¿Cuántas veces te he dicho que no abras a desconocidos?! — dijo una señora que llego en pos del pequeño niño. — ¡Ve a jugar con tus hermanos, anda! ¿Qué se le ofrece? — dijo extrañada al observar su apariencia.

— Siento interrumpirla, pero quisiera saber qué hace usted en mi casa.

— ¡¿De qué está hablando?!

— Si… hace 3 años yo vivía aquí con mi esposa y mis hijos… esta casa…

— Mire, no sé a qué venga todo esto, pero es molesto así que mejor váyase sino quiere que llame a la policía.

— ¡No, espere!... — la señora cerró la puerta con duro azote y acongojado se sentó en la vereda. — ¡¿Qué es lo que está pasando?!...

Miro la cabina telefónica. Dentro, tecleo la pantalla táctil para poner a la vista el directorio. Busco los números de su esposa, familiares y amigos, pero ninguno estaba registrado.

— ¡¿Qué significa esto?!... ¡No, no, no, no, no! ¡Tiene que haber alguien, maldita sea!

Por suerte encontró a Kevin Deraine, un amigo muy cercano. Tuvo que memorizar la dirección ya que no contaba con una tarjeta electrónica para poder comunicarse con él en ese momento. Tardo horas en llegar a la zona residencial Santa Lucia y al encontrar el departamento 209, llamo por el interfón, el cual fue contestado por un tipo bien parecido que se trajeaba.

— ¿Quién es?

— ¡Kevin, soy yo, Brad! ¡Brad Marshall!

— ¡¿Brad?! — corto la transmisión y abrió la puerta, observándolo de pies a cabeza. — Pero… ¡Si eres tú! – lo abrazo tan fuerte que logro levantarlo unos cuantos centímetros sobre el suelo. — ¡No puedo creerlo!

— Basta, no es momento para este rollo.

— ¿Por qué?

— ¡Estuve internado tres años en un hospital, mi casa está habitada por otros y no sé dónde está mi familia! Kevin, ¿Qué está sucediendo? ¡Ayúdame, por favor!

— ¿Por qué no te pasas? Debes de estar cansado. — lo conllevo al interior de su departamento, obligándolo a tomar asiento en el sofá. — Necesitas una ducha, preparare el agua caliente y otros trapos porque esos no te van muy bien.

— ¡No tengo tiempo para eso…!

— Tal vez mi ropa te quede holgada, pero ya compraremos a tu medida…

— ¡¿Qué te sucede, Kevin?!

— También debes estar hambriento ¿o me equivoco? Pediré pizza…

— ¡No me des largas y contéstame!

Kevin borro la sonrisa de su rostro e hizo muecas de nerviosismo, aflojándose la corbata en movimientos hacia los costados mientras tragaba saliva. Desvió su mirada hacia la nada, pero ciertamente no podía seguir evitándole la respuesta. Se limpió el sudor de la frente y tomo aire, el suficiente para soportar la tensión.

— ¿Recuerdas lo que sucedió aquella noche de hace tres años?

— Si… ¿Cómo olvidarla? — en su cabeza destellaron imágenes fugaces de la ciudad envuelta en destrucción.

— Más de la mitad de la población, pereció. Mi madre y mi hermana están incluidas y lamentablemente tu familia también.

Sintió un escalofrió subiendo por su espina dorsal y su corazón se agito. Quedo pálido y petrificado mientras deseaba que esas palabras fuesen erróneas y ese instante fuese solo un sueño. No contuvo las lágrimas ni el sofoco de su voz por el nudo que atrapaba su garganta.

— ¡No, ellos no pueden estar muertos! ¡No! – se llevó las manos sobre la cabeza y tiro de sus cabellos. — ¡Esos malditos rebeldes… pagaran muy caro!

— No fueron ellos quienes lo causaron.

— ¡¿Qué dices?!

— Fue la Bestia.

— ¡No me importa que haya sido ese maldito monstruo! ¡Lo matare!

— Nadie puede hacerlo.

— Buscare la forma, no descansare hasta encontrarla.

Kevin froto sus ojos para no imitar a los de Brad y discretamente se mordió la lengua para reemplazar el dolor emocional. Sentía la misma razón de ser de su amigo, quien sintió su apoyo por su gesto de aprobación.

— Llévame con ellos…

— De acuerdo.

Más tarde, un vehículo “Fenix” de última generación, aparco sobre la calle “Hynon”. Brad, ya vestido con una camisa, zapatos y pantalones oscuros, bajo en compañía de Kevin y cruzaron el hueco rodeado de una muralla labrada de piedra. Caminaron por los suaves senderos del enorme campo repleto de lapidas. El sitio estaba seccionado por áreas donde la más grande fue destinada para las personas fallecidas aquella noche.

— Aquí es… — dijo Kevin.

Brad quedo colapsado al observar los nombres de su esposa e hijos grabados en aquellos sepulcros en fila. Las lágrimas nuevamente brotaron una tras otra, ahogándose en pena por aquellos recuerdos de su familia que destellaban en su cabeza.

— ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡No es justo, maldita sea! — golpeo el suelo al caer de rodillas.

— Brad, sé que es un golpe difícil de superar, pero tienes que iniciar de nuevo, como todos lo hemos hecho en esta ciudad.

— ¡¿Y para qué?! ¡Si mi motivo para salir adelante eran ellos!... — sus dedos agrietaban la tierra por los roces que daban. — Por favor, déjame solo…

Cuando se estableció el nuevo régimen totalitario, los territorios fueron divididos en cinco regiones. Norte, Sur, Oriente, Poniente y la más importante, Centro. La población también fue dividida en clases donde la numero 1 era la de mejor status socioeconómico.

La Región Norte fue dada a la población de clase 3, denominados “los marginados”, siendo además utilizada como vertedero de la clase 1 y como madriguera para todo aquel que fuese designado bajo la clase 4. Este tipo de personas se trataban de los opositores del sistema y delincuentes. Solo unos cuantos lograban escapar de las prisiones en las que se les castigaba con crueles sentencias del Ministerio de Honor y Justicia de la Zona Cero.

En la carretera que marcaba la frontera del pueblo de Dryon, circulaba un convoy de cinco vehículos blindados de exploración militar, cada uno tripulado por un cuarteto de sanguinarios mercenarios dotados con el mejor equipo táctico y armamento desarrollado por la corporación Vitam Novam. Un grupo de fugitivos que se denominaban “Nytt Lyv”, sabían que estaban por llegar sus cazadores, así que en los senderos sin pavimentar del pueblo, se desplazaron para colocarse en distintos puntos que a su parecer eran estratégicos para un ataque sorpresa, teniendo como única defensa armas robadas de la policía nacional. El convoy se detuvo en seco sobre los caminos principales, rodeando el pueblo en cada ángulo. Las personas sin ningún interés combatiente se resguardaron en sus chozas pues sabían que los mercenarios, por órdenes o por mera voluntad, también hacían la labor de limpiadores y en esa ocasión no fue la excepción, irrumpiendo los hogares a punta de disparos.

Los rebeldes hicieron caer a unos cuantos mercenarios, pero en instantes la balacera se tornó en su contra ya que estaban siendo abatidos bajo los centenares de disparos que no cesaban de las ostentosas armas. Conscientes de que saldrían victoriosos, los mercenarios aprovecharon para hacer arder en llamas las chozas de materiales débiles y cometer violaciones y homicidios sin razón y distinción, delitos que daban el pase directo para la clase 4, pero que nadie podía demandar, no tanto por ser silenciados con una lluvia de ráfagas sino porque sus voces eran ignoradas ante el sistema de justicia.

Se escuchó un intenso crujido. Algunos mercenarios observaron al niño de cabellos cenizos cayendo como rayo sobre uno de los vehículos militares, aplastándolo como si se tratase de una simple caja de cartón. Los mercenarios dirigieron sus armas hacia él, pero este no retrocedió ante los dedos listos para apretar los gatillos, por el contrario avanzo entre ellos. Los cañones nuevamente se humearon por los constantes disparos que solo doblegaban levemente al niño. Sus prendas andrajosas eran rasgadas, pero su cuerpo se mantenía intacto, pudiendo llegar así hasta unos cuantos enemigos y golpearlos con una fuerza descomunal. Por medio de un comunicador de muñeca, un mercenario solicito refuerzos y antes de que pudiese completar la transmisión, el niño le quebró el cuello. El abastecimiento de un arma se hizo escuchar y justo cuando el niño volvió la vista, recibió de lleno un cohete, sintiéndose vencedor un mercenario al admirar el estallido. El fuego se limitó a una nube de humo negro y de entre ella salió el niño, ileso. El mercenario con movimientos temblorosos, intentaba abastecer su arma, pero se desvaneció al serle atravesada la cabeza con una piedra que fue lanzada con la misma velocidad de una bala. Los refuerzos arribaron pronto. Algunos se estremecieron ante la presencia del niño, causándoles nulas intenciones de atacar, mientras que el resto abrió fuego. Por aire, un helicóptero de combate sobrevolaba el área, lanzando una línea de disparos con sus ametralladoras de alto calibre. El niño se abrió camino al repeler a los mercenarios con simples manotazos, levanto un vehículo del parachoques y luego de girar sobre su propio eje lo arrojo por los aires. El vehículo colisiono contra el helicóptero, creando una explosión con restos envueltos en llamas desplomándose sobre el suelo. Otro vehículo estaba por emprender la marcha al ser abordado, sin embargo el niño detuvo su avance al tomarlo de la parte trasera. Antes de que pudiesen salir sus tripulantes, lanzo el vehículo sobre una manada de mercenarios que huían a pie. Con el miedo ahora invadiendo a los mercenarios, los rebeldes que lograron sobrevivir aprovecharon para dispararles hasta acabar con la amenaza.

En el crudo panorama, el niño estaba quieto y con los ojos muy abiertos, los cuales apuntaban a un chorro de sangre que se extendía bajo un pequeño cuerpecito que aún sostenía el balón desinflado. No tuvo el valor de acercarse, solo lloro en silencio, sin consuelo ni esperanza.

— Deja de jugar con nosotros... Ya basta… No lo soporto… ¿Acaso no tienes compasión? ¿Dónde está tu misericordia? — pensó al taparse la boca para ahogar sus quejidos.

Dio media vuelta y huyo apresuradamente, salpicando su rostro de lágrimas. Solo así se mostraba normal, frágil y sensible como el niño que era. Las personas sobrevivientes miraron su alejar.

— ¿Quién será ese chiquillo?

— ¿Sera acaso el que causo la catástrofe de la región centro?

— Puede ser, pero se supone que había desaparecido.

— Bueno, no se ve tan malo como lo pintan.

— Nos salvó, estamos en deuda con él.

Kevin no dudo en hospedar a Brad en su departamento pues tomaría unos cuantos días acreditar su ciudadanía activa en la metrópoli. Recostado en la cama, Brad estaba ensimismado en un profundo sueño. Se veía caminar en una alcantarilla donde no corría agua sucia sino sangre. Se acurruco sobre sus propios brazos al captar murmullos incomprensibles. No detecto a nadie al dirigir la vista hacia todas direcciones. Varios bultos comenzaron a ser arrastrados por la corriente, y al tenerlos bajo sus pies, se percató que se trataban de cuerpos sin vida. Trato de no perder la cordura, pero fracaso en cuanto presencio que su esposa y sus dos hijos pequeños formaban parte de esa aglomeración. Grito como vil loco con la sensación de que su corazón estaba a punto de salir de su pecho. Se inclinó ante ellos y los tomo en brazos.

— Perdónenme por no haberlos protegido... Yo soy el que debería estar aquí. — los abrazo con más fuerza. — Tranquilos, estamos juntos de nuevo… jamás nos volveremos a separar…

A sus espaldas se perfilaba una silueta, podría decirse humana, pero esta poseía un par de enormes alas. Apenas se podía contemplar el rostro de aquel tipo que se acercaba. Era hermoso y de piel tersa, pero sus ojos eran negros abismales y de fría expresión. Era de cabellos grises, peinados a raya por la mitad de su cabeza y caían sobre sus hombros perfectamente definidos como el resto de su cuerpo. Elegante, su atuendo negro era camuflajeado entre la oscuridad, percibiéndose mayormente el campaneo de su gabardina al son de sus cabellos largos. De alguna forma, Brad lo presintió y se mantuvo quieto. Temió en voltear y abrazo temblorosamente los cuerpos.

— El miedo es el primer estadio, la confusión el segundo y el tercero… — menciono el tipo al detenerse detrás de Brad. — Es la obstinación, pero ¿Cuan fuerte es tu voluntad para mantenerla intacta?

— ¿Qué… qui...quieres… decir con eso? ¿Qu… qu… quien… e…res…? — dijo Brad con la voz entrecortada.

— Yo soy el único que puede devolvértelos…

Brad sintió el shock recorriendo su cuerpo al escuchar tales palabras. Sus ojos se abrieron totalmente y su mandíbula no dejaba de contraerse, no por frio sino por la frustrante sorpresa.

— ¡¿Podrá ser posible lo que dice?!... Sería un sueño hecho realidad, pero… los sueños son solo eso… sueños y la magia no existe ni los milagros… No se puede dar marcha atrás, nada puede devolvérmelos… — pensó.

Los cuerpos que sostenía se tornaron con aspecto más putrefacto y soltaron un hedor insoportable. Brad los dejo caer y se levantó con los ojos inundados de lágrimas.

— ¡Basta!

Comenzó a correr sobre la vereda sin fin hasta que un mal paso provoco su desvanecimiento. Sin embargo cayó sobre tierra húmeda. El aire oreaba las ramas de los árboles que a su vez hacia caer las hojas sobre el césped en el que estaba tumbado.

— ¡Papi, papi! — resonó una dulce voz y Brad con desconcierto irguió la mirada.

Había llegado a un majestuoso pastizal primaveral cubierto de un cielo despejado, pero eso no fue lo dejo sin aliento sino quienes aparecieron delante de él. No cuestiono el porqué, únicamente se apresuró a levantarse ante la niña que se sostenía del regazo de una mujer que tenía a un pequeño en brazos.

— ¿Aun sigues dudando? — dijo el tipo.

Con expresión esquizofrénica, Brad se acercó a ellos, pudiendo tocarlos como si en realidad no estuviesen enterrados en los sepulcros. Acaricio sus rostros, los abrazo y beso entre llantos de felicidad.

— No es magia ni milagros. Lo que yo te ofrezco es otra realidad.

Brad dejo a un lado su expresión desolada y soltó una carcajada eufórica. Miro fijamente al tipo que había colocado su mano sobre su hombro.

— Si de verdad puedes devolvérmelos, estoy dispuesto a todo. ¡Dime que es lo que quieres!

— Tu dimensión…

El tipo le entrego un amuleto metálico de forma circular con extraños símbolos grabados sobre el contorno y con un diamante rojo incrustado en el centro.

— Todo lo que tienes que hacer es humanizar a nuestro enemigo en común.

Capítulo IIEditar

ReencuentroEditar

Durante el invierno del año 2012 se llevaron a cabo una serie de eventos desafortunados. El principal fue la aparición de seres alados poseedores de habilidades titánicas, acompañados de extrañas criaturas de distintos tamaños y formas abominables que se alimentaban de los humanos. Ni siquiera el sistema de defensa militar más potente de la época fue capaz de abatir a semejantes monstruos. Fueron denominados “entes” pues se comprobó que no eran extraterrestres. Tras un año de caos se logró acabar con la amenaza gracias a la aparición de siete sujetos que pudieron hacerles frente al mismo nivel. Nadie pudo averiguar quiénes eran ni el paradero de dichos sujetos pues en cuanto erradicaron a los entes, desaparecieron sin dejar rastro.

La primera guerra sobrenatural dejo devastada y complicada la subsistencia humana, situación que aprovecharon algunos para autoproclamarse mandatarios y tomaron las riendas para crear un nuevo sistema. Entre estos se encontraba el dueño de la farmacéutica más importante y mundialmente conocida, Vitam Novam. Con tal éxito, esta corporación pronto ocupo también el campo bioquímico, tecnológico, informático y armamentístico.

La sede de Vitam Novam se localizaba en Hope City. Se trataba del Centro de Investigación y Experimentación VN-Z0. Era un bloque semicircular de cinco pequeños edificios blancos con ventanas polarizadas, y en el centro un edificio de cincuenta pisos en forma irregular y de color cromado. Dentro del edificio central se ubicaba un piso subterráneo donde a su vez se encontraba el laboratorio con la mayor restricción. En el interior había la más novedosa tecnología que el ejército “Nitrox” lucraba para sus proyectos de guerra. Ese laboratorio era donde trabajaba Kevin y un grupo de científicos de distintas materias. La entrada deslizable se abrió para darle acceso a un viejo de unos setenta y tantos, apoyado de un bastón de oro y arropado con el traje más caro de todos, quien además era escoltado por dos sujetos intimidantes.

— Me alegra ver a mis muchachos. ¿Cómo va todo?

— Sin problemas. El prototipo reacciono positivamente ante la carga de Xeik, ahora solo nos queda comprobar si el mecanismo funciona acorde al sistema. — contesto Kevin mientras tecleaba varios códigos en la computadora central.

— Señor, tiene una llamada del alto mando de la defensa. — un escolta le murmuro al viejo.

— Veamos que quiera ahora… — pulso un botón en el auricular que traía. — ¿Qué sucede, Saúl?

El viejo se quedó callado por varios minutos a la escucha de lo que su emisor le comunicaba. Sus gestos de impacto conmocionaron incluso a sus escoltas. Miro la pantalla holográfica que mostraba información respecto a una figura cibernética en forma de un animal cuadrúpedo.

— Entiendo… Estará allá sin demora… — corto la llamada. — Señores, el prototipo necesita con urgencia pruebas en campo real.

— Pero aun frente al nivel del SDM-GX, no será suficiente para obtener respuesta de su potencial… — dijo Kevin al colocar estadísticas en la pantalla tridimensional de la computadora.

— Tranquilo, Dr. Deraine, el ejército no será su oponente…

Luego de mucho papeleo y días de espera, Brad pudo restablecerse en la ciudad como ciudadano activo y fue reubicado en la sección B. Su casa era común con todas las comodidades y lujos mínimos que los habitantes de la metrópoli podían darse. Con ayuda de Kevin ingresó a la corporación Vitam Novam bajo el puesto de Laboratorista Auxiliar pues había sido destituido en su antiguo trabajo como profesor de Química en la Universidad de Ciencias Experimentales de la Zona Cero. Esa noche del 10 de Diciembre, justo cuando se dispuso a dormir, un rojizo resplandor comenzó a resaltar de un cajón del buró, haciéndose cada vez más intenso.

— ¿Ahora qué? — abrió el cajón.

Se percató que el diamante del extraño amuleto era lo que brillaba y su destello cubrió por completo la habitación. En el mar Amira, el viento ajetreaba las aguas donde se reflejaba el cielo poco iluminado por la luna llena. El niño, ya con otras prendas igual de andrajosas, estaba recostado sobre un tapete hecho improvisadamente de periódico. A pocos centímetros de sus pies había una fogata y por estirar de más las piernas, el cordón de su zapato se prendió latentemente. Olio el humo que apareció y se sentó para observar que se quemaba, sacudiendo su pie de un lado a otro en cuanto noto que el fuego estaba subiendo por sus pantalones.

— ¡Mierda!

Se levantó para manotear las llamaradas, pero no cesaban y entre más manoteos, extendió su palma y de ella nació una ráfaga de viento que difumino el fuego. Levanto la mano para observarla pues ni el mismo podía explicarse como lo había hecho. Lanzo varios manotazos al aire, pero no podía repetir esa acción y molesto dejo caerse sobre el tapete de periódico. Se mantuvo ensimismado hasta que una extraña sensación lo obligo a levantarse de golpe. Sabía que alguien o algo se aproximaba pues tenía la habilidad de detectar distintas energías. Era sobre el horizonte del mar, así que impaciente escalo hasta la orilla del barranco que se elevaba sobre su acampar para observar con más detalle. Del agua comenzó a emerger una especie de robot del tamaño de una ballena, con silueta de dragón de tres cabezas y rodeado de ligeras descargas eléctricas, el cual con su avanzar abrió el mar entre potentes olas.

— ¡¿Pero qué carajos es esa cosa?!

El monstruo llego a tierra firme con sus desmesurados pasos que sacudían la arena. El niño tuvo que despeñarse de un salto ya que el monstruo destruyo parte del barranco con un rayo de energía que salió de una de sus bocas. El niño aterrizo con firmeza y se puso tenso en cuanto la bestia se balanceo sobre él tras soltar un rugido similar al de un animal salvaje. El niño detuvo la embestida, pero el monstruo lo golpeo con una de sus cabezas, arrojándolo contra una estructura rocosa que atravesó de lado a lado. Uno de los tres pares de ojos de la bestia hacía la función de cámaras que transmitían la pelea en una enorme pantalla del laboratorio del piso subterráneo.

— Como lo imaginaba, Hydra está al nivel de ese mocoso. A este paso lograremos superar sus capacidades... — pensó el viejo.

— ¿Cree que pueda vencerlo? — pregunto Kevin.

— Tal vez, pero ahora no nos interesa precisamente una victoria. — inesperadamente la pantalla se tornó roja y junto con una alarma sonora apareció la leyenda “ERROR/System Failed”. — ¡¿Qué es esto?! ¡Dr. Deraine, ¿Qué sucede?!

— ¡Algo interrumpe la conexión con Hydra! — tecleo los botones con desesperación. — ¡¿Acceso denegado?! — volvió a ingresar datos, pero lo único que obtuvo fue una cadena consecutiva de códigos alfanuméricos que se desglosaron en la pantalla parpadeante.

— ¡Resuelva esto de inmediato!

— ¡No puedo! ¡Pareciera que se manipula solo!

— ¡¿Qué dices?!

El niño esquivo otro rayo de energía y con una patada lo alejo con arrastre. En ese momento una luz roja se visualizó entre las montañas y el monstruo dejo de pelear para enfocarse en aquel destello y encaminarse hasta su procedencia.

— ¡¿A dónde vas?!

A pesar de su gran tamaño tenía una velocidad impresionante, como la de un guepardo en pos de su presa, pero el niño no se quedaba atrás. Tomaba enormes piedras y se las arrojaba, sin embargo no lo atravesaban como él esperaba. Lo adelanto por unos instantes y con su mayor fuerza dio un puñetazo en el suelo, creando una gigantesca grieta de considerable profundidad, pero la bestia la salto sin problema alguno. El niño soltó un gesto embarazoso y continuo con la persecución. Se estaban aproximando al pueblo de Xoc, así que lo tomo de la cola y trato de detenerle la marcha, pero esta se sacudió de tal forma que lo despidió por los aires y finalmente se desplomo contra el suelo.

Brad abrió los ojos al desaparecer aquella luz cegadora que lo envolvió y con una enorme preocupación se puso de pie ya que no se encontraba en su cuarto si no en la intemperie de una localidad desconocida. Con temor camino sin rumbo por hasta que se detuvo al escuchar un estruendo que lo hizo cubrirse. Algunas personas se aglomeraron en las calles mientras que otras se mantuvieron encerradas en sus chozas ante ese ruido que se multiplico en distintos puntos. Brad volteo instintivamente a un costado ya que alguien había sido proyectado contra la pared y la atravesó. Las personas desesperadamente comenzaron a huir a excepción de Brad pues se quedó tieso ante la bestia que cayo delante de él.

— ¡¿Qué significa esto?! ¡¿Por qué liberaron a Hydra?!

De la espalda del monstruo salió una ametralladora novedosa de alto calibre, dirigiéndola hacia Brad y antes de que las ráfagas salieran por la boca del cañón, el niño con un agarre lo quitó de en medio. Sin soltarlo salto sobre los tejados ya que la bestia desplazo su cola de lado a lado contra las chozas. Enseguida los persiguió con una llamarada de largo alcance que escupía una de las cabezas. Cayeron sobre la vereda y tropezaron. El niño se levantó primero para empujar a Brad hacia un callejón y por acto reflejo soltó un manotazo ante un trio de misiles que se acercaban. Brad se enrosco pues no se esperó que los proyectiles retornaran por el impulso de una ráfaga de viento.

— Ah… con que así es… — dijo el niño para sí mismo mientras los misiles explotaban sobre la bestia.

— Pero si este niño… es… es… — pensó Brad al levantar la mirada.

Volvió a evocar aquella noche en la que Hope City estaba en llamas y colmada de una brutal destrucción que obligaba el escape despavorido de las personas. Tumbado sobre el pavimento observo que en el cielo se elevaba la silueta del niño, pero en ese entonces, más pequeña. El monstruo soltó un rugido al salir intacto de la explosión y el niño con una expresión desconcertada comenzó a lanzarle ráfagas de viento que solo lo hacían retroceder sin daño alguno. El monstruo sobrepaso sus ataques y lo embistió al mismo tiempo que soltaba otro rayo. El niño lo único que pudo hacer fue cubrirse al vuelo. El impacto lo arrastro varios metros sobre el suelo, creando una brecha hasta quedar bajo los escombros de una choca que pulverizo.

— ¿Será posible que llegue a vencerlo? — pensó Brad.

Sus tres pares de ojos brillaron con la intensidad de un láser. Volvió a rugir mientras se aproximaba a Brad, quien se extrañó pues sabía que esa máquina funcionaba por medio de un piloto a distancia, un piloto que formaba parte de Vitam Novam.

— ¡Por favor, deténganlo, no soy enemigo!

La bestia levanto una pata sobre él. Brad la admiro con pánico sin poder moverse. Se escuchó un crujido. Brad abrió los ojos y dejo de enroscarse al notar que seguía intacto. El niño había interceptado el azote de la bestia con sus brazos y seguía sosteniéndola. La opresión aumento y sus pies se incrustaron en la tierra. Brad se quedó atónito ante la luminosidad verde que empezó a desprender el cuerpo del niño que gritaba ante el esfuerzo. La sostuvo firmemente mientras se concentraba; respiro hondo para reunir todas sus fuerzas y sin más levanto a esa máquina titánica que pesaba no menos de cien toneladas. Grito de nuevo mientras la arrojaba contra la estructura rocosa de la montaña.

— ¡Deje de estorbarme y lárguese de aquí! — furioso, bramó el niño a Brad.

Un ligero temblor sacudió el lugar en cuanto el cañón principal de la bestia preparaba una bola de energía. No era como las otras, el niño lo supo al percibir la fuerza que desprendía.

— ¡Basta, deténganse! — rugió Brad hacia la bestia. — ¡No es necesario usar la energía Xeik!

No hizo caso a sus palabras y desprendió un rayo más denso y de color rojizo incandescente. A su paso desvanecía todo aquello que hacia contacto con el. En colisión era peor que eso. La luminosidad incremento en el cuerpo del niño y detuvo el avance del rayo, forcejeando indirectamente con la bestia. No pudo contenerla con estabilidad y fue retrocediendo poco a poco. Desde el primer contacto sintió un ardor insoportable en las palmas y su piel comenzó a consumirse en ampollas ensangrentadas. Gimió.

— ¡Eso es todo lo que tienes!

Con un movimiento fugaz, el niño cambio la dirección del rayo hacia el cielo. Un estallido descomunal broto por encima de ellos, obligándolos a tumbarse en el suelo pues la onda de choque arraso con estructuras y árboles a pesar haber llegado de una distancia considerable.

— ¡Ahora me toca a mí!

Sin importarle empeorar sus heridas, cerro los puños y se balanceo a máxima velocidad contra la bestia que tenía preparado otro rayo en sus fauces. Esquivo ágilmente las embestidas de las cabezas desocupadas mientras la luminosidad se concentraba solo en sus manos. Con un deslice sobre el arenoso suelo cruzo el arco de las patas de la bestia, siendo su sombra. Sonrió eufóricamente tras saltar y sosegarle con un puñetazo directo en el centro de su voluptuoso cuerpo metálico. Al instante le roció un segundo golpe. La inercia quebró las paredes metálicas altamente blindadas y repentinamente la gigantesca maquina cayo partida por la mitad. Se apresuró en tirar de las cabezas pues seguían retorciéndose. Las desprendió una tras otra y las arrojo sin rumbo.

Kevin y los demás científicos se quedaron boquiabiertos en cuanto la funcionalidad de su creación regreso a la normalidad. Las cámaras enfocaban entre distorsiones al niño exhausto que caía de rodillas. El viejo no soltó expresión alguna, sin embargo en el interior se ahogaba en un mar de rabia. Salió del laboratorio.

Capítulo IIIEditar

PromesasEditar

Las inconformidades se hicieron presentes casi al instante de que diera marcha el nuevo régimen totalitario que por el contrario de su propósito, no beneficiaba a la humanidad en general. Hubo grupos para cada aspecto. Los solidarios para los marginados. Los patriotas para los que ansiaban recordar su nacionalidad natal. Las sectas para los que buscaban un consuelo divino. Los anarquistas para los condenados a la esclavitud del régimen. Los rebeldes para saquear a los de mayores ingresos. Y los armoniosos para tratar de cambiar al mundo sin violencia. Fracasaron. Apenas olvidando la guerra contra lo sobrenatural se desato una entre los humanos. La Guerra de las Naciones.

Se prohibió toda clase de interacción con la clase 3, fuesen o no parte de “La brigada” pues se les considero enemigos. Por televisión los mandatarios aseguraron que darían una solución pacífica al conflicto, siempre recalcando que los “malos” eran los terroristas y rebeldes; también afirmaron que darían mayor atención y apoyo a las regiones menores. Los habitantes de la Zona Cero fueron los únicos que se tragaron esas palabras al ser los borregos preferidos, los intocables. Aún después de los discursos las masacres no cesaron. De ello se encargaba el Ejercito “Nitrox”, quienes cimentaron una opresión exitosa al conseguir la rendición de sus enemigos luego de tres años de constantes disputas violentas.

— Por eso no progresan, estúpidos…

Sentado contra un pedazo de concreto, pensó el niño en su disfrutar de la pieza de pan que los grupos voluntarios de rescate le habían regalado. No despego la vista de una muchedumbre que revoloteaba para obtener la mayor cantidad de alimentos.

— ¿Por qué no pones orden? — cuestiono Brad.

— No es mi obligación.

— Pero con esos dones…

— Eso no significa que deba resolverles la vida. Las raciones llegaron justas, pero se aferran a tener más sin importarles que otros se queden con las manos vacías. No es mi culpa que los humanos sean tan egoístas. — se llevó el ultimo trozo de pan a la boca.

— Oye, no generalices.

— ¿Ah, sí? — comento aun masticando su bocado. — Dime, ¿Cuándo te tomaste la molestia de darle una moneda a un marginado?

— Bah, lo he hecho muchas veces. — molesto, respondió.

— Vaya, en ese caso supongo que podrás darle tu comida sin problemas.

Señalo a una mujer alejada de la multitud. Sentada con las piernas contraídas contra su pecho, abrazaba a un niño de apenas dos años. Ambos daban pena por sus ropas andrajosas y su aspecto famélico. La mujer no pudo obtener más que un trozo de pan para su pequeño con el que sosegó su hambre, pero el propio seguía martirizándola.

Cuando fue transportado solo traía puesta un pijama, y sin zapatos y despeinado, aumentaba la percepción de que era un marginado. Los voluntarios se bufaron en su cara al comentar que era un ciudadano activo de la Zona Cero y prefirió ahorrarse la explicación de porqué no podía comprobarlo. Por primera vez no pudo apaciguar su hambre a la hora que él deseaba por eso acepto gustoso el trozo de pan que seguía sosteniendo.

— Sigue así, campeón, pronto obtendrás tu pase al cielo.

— ¡Yo también tengo hambre! Y aunque seas un mocoso, no te hagas el santo porque tú tampoco quisiste compartir tu pan.

— Ya me lo había tragado cuando me fije en ella. — indiferente, cruzo los brazos sobre su cabeza y cerró los ojos a modo de relajación. — Si gustas puedes corregir tu actitud… Oh, demasiado tarde, se acabaron las raciones.

— Tal y como dijiste, no es mi obligación.

— ¿Lo ves? Un punto para el mocoso.

— ¿A qué quieres llegar con esto?

— Solo me gusta recalcar que los humanos están podridos.

— ¿Y por qué no te incluyes?

— Que tonto. ¿Acaso no te has dado cuenta que no soy humano?

— Tienes razón, eres un maldito fenómeno.

— Un fenómeno que salvo tu trasero, así que ten un poco de respeto, ¿quieres?

— No fue la gran cosa, mocoso.

— ¿Ah, enserio? Supongo que por eso…

— Bueno, ya fue suficiente, hablas demasiado. Déjame comer en paz.

— Adelante, disfrútalo. Mientras tanto puedes publicar la foto de esa mujer en tu red social y esperar que se alimente de ello, o mejor aún…

Irritado, Brad se sacó el pan de las fauces y lo partió. Una mitad la metió en la boca al niño y la otra mitad se la entregó a la mujer. Agradeció eufóricamente y suplico una bendición para él, pero Brad no soltó ninguna palabra y apenado, regreso con el niño, sentándose a su lado.

— ¿Contento?

— Supongo que sí. Toma… — le devolvió el trozo de pan y volvió a su posición de comodidad. — No lo necesito. El mío solo me lo comí por placer, no soy como ustedes que dependen de alimentos para sobrevivir.

— Sí que eres raro.

— Y tú sí que eres egoísta y mentiroso.

— ¡¿Con que derecho te atreves a llamarme mentiroso?!

— Hace años que los clase 1 no tienen contacto con los marginados, así que tú nunca pudiste haberles donado una mísera moneda.

— ¿Tu que sabes? Cada año donaba al programa “Smile”.

— ¿El evento masivo de televisión?

— Así es. Los egoístas son ustedes. ¿No les son suficientes casi ocho millones de Fenix, anuales?

— Pues considerando que nunca llegan, creo que no. — Brad se quedó atónito. — Por televisión festejan que recaudaron tanto dinero para alimentarnos, pero pregúntale a cualquiera y veras que solo ellos son un pretexto.

— ¿Y eso de donde crees que viene? — nervioso, señalo el contenedor de raciones que habían traído.

— ¿Eso? Es un regalo de la clase 2. Son más considerados.

— ¿Debes estar bromeando?

— Aquí no hay lugar para las bromas.

— Ya veo…

— En ese caso no eres un mentiroso.

— Claro que no.

— Eres un ingenuo.

Evito estallar de enojo y solo se cruzó de brazos. Se preguntaba como un niño podía decir tales cosas con tanta serenidad y madures. Suspiro.

— No tengo tiempo para seguir soportándote. — se levantó.

— ¿Tan rápido te vas? Pero, si acabas de llegar.

— Yo no pertenezco aquí.

— Oh, sí, lo olvidaba. Anda, que te vaya bien. Si necesitas que te salve el culo de nuevo, no dudes en buscarme, aunque claro, ten cuidado, los de tu clase no son bien recibidos por estos rumbos.

— Solo fue un fallo en el sistema como cualquier prueba, pero la próxima vez no tendrás tanta suerte, mocoso. — pensó.

Se alejó hacia donde estaban los restos metálicos de la bestia. Seguía sin asimilar que tal creación fuese derrotada. Pasó la mano sobre sus cabellos y se mantuvo en una posición pensativa. Los voluntarios no lo tomaban en serio y sin dinero ni medios no podía llegar muy lejos. Decepcionado, acepto la invitación de hospedarse en una de las tantas carpas que instalaron para los heridos y los que se quedaron sin hogar. Antes de dormir, saco el amuleto de su bolso e intento hacerlo funcionar. Lo agito, manoseo, cubrió y encero, pero nada lo hacía brillar de nuevo. Al amanecer salió ansioso, pero se llevó la mano contra el rostro al no toparse con algo distinto.

— Los recolectores no vendrán, si es lo que esperas. — comento el niño.

— ¿Cómo lo sabes?

— Porque estoy aquí.

— Oh, carajo. — se palmeo la frente. — Bueno, ya mataste a la bestia, gracias, fue un placer conocerte, ¡adiós!… — dijo con una sonrisa fingida en su rostro.

— No me apetece irme.

— Me estas jodiendo ¿verdad?

— Oye, no tienes poder aquí para cumplir tus caprichos como estás acostumbrado. Mejor resígnate y disfruta porque tendrás unas largas vacaciones.

— ¡Necesito irme a casa! Así que hazme el favor de retirarte para que puedan arribar los recolectores e irme con ellos.

— Oblígame.

— ¿Quieres que te obligue? ¡Bien!

Furioso, tomo una varilla y la levanto sobre él, restregándosela en la cabeza con todas sus fuerzas. Se partió y una mitad salió propulsada a un costado. Aunque ya se lo esperaba, tembló del nerviosismo y soltó el otro extremo de la varilla. El niño propulso su mano y Brad, aterrorizado, cerró los ojos. A centímetros de tocar su rostro, detuvo el movimiento y solamente le dio un ligero toque con sus dedos.

— ¡Agh, no seas cabron! — lloro y se sobo el círculo rojo que se coloreo en su piel. — ¡Esta bien, tu ganas! Buscare otra forma de regresar.

— Bien, pero no vayas a través de las montañas porque hay animales salvajes. También cuídate las espaldas, esta zona esta infestada de la clase 4. No querrás toparte con ellos, créeme… — Brad detuvo su avanzar y cabizbajo, regreso con el niño. — ¿Qué sucede?

— ¿Cuánto quieres por ayudarme a regresar?

— ¿Estas bromeando?

— Dijiste que aquí no hay lugar para las bromas.

— No creí que fueras tan miedoso.

— ¡¿Cómo pretendes que no lo sea en esta situación?!

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